IX Promoción

La Novena promoción ingresa en la Academia General del Aire en 1953. Un grupo de 79 jóvenes llenos de ilusión, emprende un camino que, aunque ya tiene el precedente de 8 promociones, -5 de ellas ya habían salido de la Academia y vivían una vida plenamente profesional-, tenía todavía un aire de novedad que atraía a una juventud que buscaba amplios horizontes, nuevas experiencias, una vida llena, un desafío personal. Todo ello, unido a la idea de servicio propia de la vocación militar, lo reunía la Aviación militar.

Nuestra Promoción fue la primera que no tuvo componentes de Tropas y Servicios ni de Intendencia. Todas las plazas fueron convocadas para la Escala del Aire, hasta el punto de que, a las pruebas físicas y teóricas, se añadió una prueba más, un curso de vuelo elemental, que realizamos al terminar los exámenes teóricos. Los que no lo superaron, no pudieron ingresar.

El año de nuestro ingreso, 1953, se firman los acuerdos de Cooperación militar con los Estados Unidos, que supondrían una revolución en los medios, las capacidades, la doctrina y las formas de operar del Ejército del Aire. Pero a nuestro ingreso, la Aviación militar, aunque con un prestigio indudable ante la sociedad, estaba anticuada.

Su infraestructura consistía en muchos campos de tierra, en su mayor parte sin pista, sin control radio, sin capacidad nocturna, en un espacio aéreo con escasa ayuda a la navegación.

El material volante procedía de la guerra civil, aviones de múltiples tipos diferentes, procedentes de ambos bandos, en su mayor parte sin capacidad operativa, ni todo tiempo, sin armamento moderno, sin apoyo logístico debido a la derrota alemana y al aislamiento de España tras la II Guerra mundial. En esa situación, a la Academia no empezaron a llegar aviones modernos hasta 1958. Nuestra Promoción es la última que obtuvo el título de Piloto volando solamente aviones de la anteguerra o de la época autárquica: La Bücker Jungman, Bücker Jungmeister, HM, HS 42, I-115, todos sin tren retráctil, sin medios operativos, ni de navegación, ni vuelo instrumental. En el curso de Observadores realizamos las clases prácticas de vuelo de Navegación, Bombardeo (con bombas de cemento), Croquizado, y Fotografía aérea en los Junkers 52.

Los pilotos que habían volado en la guerra, (al menos ya eran comandantes en los cincuenta), tenían niveles aceptables, pero una gran cantidad de oficiales que ingresaron en el EA en la posguerra, procedentes de otros Ejércitos, no había tenido la oportunidad de recibir una adecuada formación aeronáutica por la escasez de combustible y medios adecuados; por ello, entre los capitanes profesores de vuelo, abundaban los que tenían una experiencia aeronáutica escasa.

En cambio, la organización del EA desde 1939, era sólida y con capacidad de adaptación a nuevas necesidades, lo que permitió el rápido cambio que sobrevino a partir de 1953.

Y todo cambió muy pronto. A nuestra salida de la Academia fuimos destinados a unidades con material anticuado, pero antes de un año estábamos haciendo cursos de T- 6, T-34, T -28, T-33, F-86 (Sabre), DC3 y otros aviones modernos; casi la mitad de nosotros los hicimos en Estados Unidos, el resto en las Escuelas españolas, ya dotadas de medios avanzados, incorporándonos después a las modernas Alas de Caza, Transporte, Mixta de Canarias, Salvamento, etc. Desde ese momento iniciamos una carrera profesional rica y eficiente, tanto en funciones operativas como de mando, técnicas, logísticas, Estado Mayor y todo el abanico de actividades del EA.

Hicimos todos los cursos necesarios para poder volar y mandar unidades de F-86” Sabre”, F-104, Messerschmidt, “Saeta”, Mirage III, Mirage F-1, F-4 Phantom, F-18, Junker 52, Heinkel 111, DC3, DC4, Azor, T-10 “Hércules”, Grumman Albatros, y diversos helicópteros, así como Unidades de Transmisiones, Radares y Paracaidismo. Hicimos Cursos de Estado Mayor, Controladores de interceptación, Paracaidismo, Guerrilleros, Escaladores, Educación Física, Transmisiones, Investigación Operativa… Cuando llegó el momento, estuvimos en las contiendas africanas, y en los conflictos en los que el Ejército del Aire tuvo que intervenir con nuestros aliados. 12 miembros de la promoción dieron su vida en acto de servicio. Ocupamos todos los niveles de mando, jefes de Escuadrilla, de Escuadrón, de Grupo, de Ala, de Mando Aéreo, de Mando Regional. Parte de la Promoción, culminó su carrera en la Aviación civil, pero la mayoría alcanzó en el EA el grado de Coronel, 8 fueron Generales, y uno de nosotros, llegó al puesto de mayor nivel de las Fuerzas Armadas: General del Aire y Jefe de Estado Mayor de la Defensa.

Nuestra vida en la Academia, fue como la de otras promociones de la época. La formación militar fue intensa: orden cerrado, armamento terrestre, tiro con toda clase de armas de infantería, marchas (hasta los 50 Km), orden abierto, línea de aplicación (“línea Pérez“), campamentos con supuestos tácticos (Guardamar), etc. Todo ello unido las clases teóricas de Ordenanzas, Régimen interior, Moral militar, y otras relacionadas, consolidaron en nosotros la disciplina, el compañerismo, el espíritu de servicio y la labor de equipo.

La preparación física y deportiva era bastante intensa, aunque los campeonatos eran exclusivamente entre promociones, pues no habían comenzado aún las competiciones, hoy tan comunes, con otros centros militares o civiles nacionales o extranjeros.

La formación científica y técnica estaba muy orientada a la Aeronáutica: Matemáticas, Física, Aerodinámica, Termodinámica, Materiales, Motores, Electricidad y Electrónica. La específica Aeronáutica, abarcaba la Navegación Aérea, Bombardeo y tiro aéreo, Sistemas aeronáuticos, Cartografía, Fotografía aérea, Meteorología y los reglamentos de Circulación aérea, Tácticos y Operativos. Se completaba con conferencias sobre Estrategia, Política internacional, Esfuerzos de Guerra y otros temas de interés militar y aeronáutico.

En aquellos tiempos, vivimos las vicisitudes propias de la vida académica. Cambiamos el uniforme de faena dos veces, el llamado “de tranviario”, y el más parecido al actual, con chaquetilla y camisa “Azul Aviación”. Sufrimos un par de Intoxicaciones generales que llamábamos “esparavanes”, el esparaván del queso y el de la tortilla, afortunadamente con consecuencias leves, pero con las Escuadrillas llenas de cadetes de baja por un par de días. Un gran acontecimiento fue el desfile en Madrid del 1 de abril de nuestro primer curso.

Los tiempos libres y de paseo, los disfrutábamos con la intensidad propia de los jóvenes; había el “Triángulo local” (S. Javier- S. Pedro- Los Alcázares), donde no se precisaba permiso y que contenía un cine (El Palacio de las Pipas), dos bares (La Obrera y el Miramar), y lo que quedaba al alcance de las bicis que alquilábamos en Pagán. Al “Triángulo exterior” (Cartagena- Murcia- Alicante), para el que se necesitaba el Permiso “Propios medios”, íbamos en el Tren de Cartagena de sábados y domingos, y en lo que se pudiera lograr con las escasas motos de los cadetes potentados, o el autobús “Costa Azul”. Naturalmente, de uniforme y controlados por un servicio de Vigilancia en cada sitio, formado por un capitán profesor y dos alféreces con correaje y sable, por si había que mandar a alguno “en derechura a su cuartel”. Las fiestas con baile de las Juras y las entregas, atraían a muchas chicas de la zona y familiares de los cadetes. Resultaban brillantes y en algunos casos, abrieron relaciones para toda la vida.

Estas pinceladas sobre la Novena, dejan, por las limitaciones de espacio, mucho en el tintero, pero dibujan un bosquejo de lo que fue y es la Promoción. Algunas cosas, parecerán antiguallas para los actuales aviadores, pero en muchas otras se verán reflejados en un espíritu y costumbres, propio de aviadores militares, que permanecen desde los precursores hasta los más futuristas, y que forman la base del Poder Aéreo, siempre cambiante e intemporal.

IX Promoción