VIII Promoción

Memorias inéditas de la famosísima…

El pasado 3 de Abril recibí una carta del Coronel Director de la Academia General del Aire en la que cortésmente se me ofrecía, de forma gratuita, el honor de glosar en un artículo las peripecias sobresalientes de la Octava Promoción, mi Promoción, al ser el superviviente más antiguo de la misma. Esta petición-mandato me recordó inmediatamente el famoso soneto de Lope de Vega: “Un soneto me manda hacer Violante/que en mi vida me he visto en tanto aprieto/”… Pero así como Lope completó el soneto, cumpliendo el mandato, yo no tengo más remedio que completar este artículo con mis recuerdos de las, para mí, más destacadas vivencias, de esta famosísima Promoción.

Pero, sigamos el mandato. Esta Promoción, famosísima, se distingue por dos características, que son parte inseparable de su historia esencial. La primera consiste en haber transcurrido toda su andadura entre los dos Generales Gallarza; cuando ingresó en 1952, era Ministro del Ejército del Aire el entonces Teniente General D. Eduardo González-Gallarza Iragorri y, cuando finalizó, con los despachos de Teniente en1956, todavía lo hizo con el mismo Ministro. En el entreacto, en 1955, ingresó con la undécima Promoción su hijo, Eduardo González-Gallarza Morales, el cual, como General del Aire y Jefe del Estado Mayor del Aire, cerró la segunda etapa en 2002, firmando con todo afecto el libro de las Bodas de Oro de la Octava, que había consumado este hito bajo su jefatura.

La segunda característica sobresaliente de esta famosísima Promoción, es el Compañerismo, así, con mayúscula, ese vínculo de armonía que aúna voluntades con los mismos valores y virtudes y que además, se ha ido acrecentando a través de los años con una recíproca correspondencia y preocupación entre sus miembros (los que quedamos). Me atrevería a decir que es la Promoción en la que esta magnífica virtud ha sido la más cuidada y potenciada. No obstante, se admiten competidores.

Se acaba el primer cuarteto “catorce versos dicen que es soneto / burla burlando van los tres delante/…” Por aquel entonces (años 50 del pasado siglo), antes de incorporarse a la Academia General del Aire, los ya cadetes tenían que obtener el Título “C” de Vuelo sin Motor. Magnífica práctica aquella, que ya se ha perdido. Esta singladura inicial (primer baño aeronáutico), se cumplió en el año 1952 en la Escuela de Monflorite.

Sin embargo, el “primeraco” de la Promoción, cumplió este requisito en el año 1951 con la séptima Promoción y con un personaje notable enamorado de la aeronáutica: nada más y nada menos que el Señor (Monseñor) Obispo de Huesca. Empezamos ya el otro cuarteto: “Yo pensé que no hallara consonante/ y estoy a la mitad de otro cuarteto/...”

Incorporados ya a la Academia en el mes de Septiembre, comenzaron los vuelos en la querida Bücker y el ya mencionado “primeraco”, el día 25 de Noviembre, practicando la maniobra de los “ochos”, se hizo el mismo un gran siete en un accidente en el que rompió todo: la avioneta y él. Como consecuencia, no pudo jurar la Gloriosa Bandera con su Promoción el día de nuestra Patrona la Virgen de Loreto, haciéndolo al año siguiente con la Novena. No obstante, en el mes de enero y transportado a la línea de vuelo en bicicleta, siguió volando con una cola de zinc en la pierna averiada. A destacar, como hecho singular fue la incorporación de los llamados “Especiales“(Médicos, Jurídicos e Interventores) a la Octava, a los que siempre se les ha considerado verdaderos octavianos, que compartieron el primer curso con nosotros. Sorprendentemente, ésta fue la última Promoción en la que se produjo este hecho.

Habida cuenta de que en el libro de Las Bodas de Oro están magníficamente descritas todas las peripecias y lances de los tres primeros cursos, saltamos al cuarto y último que no puede pasarse por alto. Y “más si me veo en el primer terceto/ no hay nada en los cuartetos que me espante/…”

En efecto, una serie de acontecimientos marcaron el futuro de esta famosísima Promoción ya bajo el mando del Coronel Don Julio Salvador Díaz Benjumea desde el mes de Noviembre de 1955. El primero, de extraordinaria importancia, lo protagonizaron los componentes del Servicio de Tropas que, liderados por su “primeraco” consiguieron realizar el Curso de Paracaidismo, (R.D. 16 de Abril 1955), obteniendo el Título de Cazador Paracaidista por R.D. de 28 de Junio de 1956. Ha sido la primera y única Promoción que marcó este hito profesional.

El segundo acontecimiento consistió en un cambio drástico en la estructura de estudios de los integrantes del Servicio de Vuelo. Como ya habían comenzado los cursos de reactores en EE.UU., prácticamente todas las asignaturas se dieron en Inglés, estando profesores y alumnos obligados a utilizar en todo momento este idioma en clase. Ello condujo a situaciones pintorescas: Clase de Navegación y alumno llamando desde la puerta, my major may I come in / yes, between between. La mayoría de los profesores necesitaban también un curso. Sin embargo, como medida inicial dio resultado. El segundo paso fue un curso acelerado de dos meses en Madrid, que fue aprovechado por dos de los alumnos para contraer santo matrimonio. Y, en el tercero se consumó la esperada aventura del viaje a EE.UU.

“Por el primer terceto voy entrando /…” Íbamos a hacer el deseado Curso de Reactores, que comenzaba con otra inmersión lingüística en la Base Aérea de Lackland (Texas) y por fin continuaba ya con el llamado “Primary”, curso elemental en el que se volaron el T-34 y el T-28. Para ello, los 22 octavianos afortunados se desperdigaron por las diversas Bases de “Primary” en Texas, Georgia, Mississippi y Florida y aquí hay que hacer un inciso: unos cuantos Octavianos que estaban en trámites matrimoniales determinaron seguir el proceso y casarse por poderes por lo que , tres de ellos, tras el obligado permiso oficial y el papeleo por los Consulados, lo hicieron los días 14, 15 y 16 de Diciembre de 1957, recibiendo a las recientísimas esposas en Miami (Florida) el día 20 de Diciembre. Es decir, las habíamos dejado siendo novias y ahora bajaban por la escalerilla, siendo esposas. Un auténtico cuadro. En dos de esos matrimonios, los primeros niños (octaviones) nacieron exactamente a los nueve meses y un día y con tres horas de diferencia (el 21 de Septiembre). También, en este curso otros dos Octavianos contrajeron matrimonio con dos hermanas americanas. Y, como no, pudimos experimentar en que consiste estar todo un día huyendo de un tornado en Oklahoma para terminar refugiados en los depósitos de agua de la Base Aérea de Spence. En esta Base se hizo la transformación básica a reactores, volando el muy querido T-33 (en Talavera la Real, los Octavianos de “cercanías”, también hacían este curso). Y se finalizaron los cursos con el de suelta y tiro en la Base Aérea de Williams en el F-86F “Sabre”.

Esta fue, además, una época que podríamos llamar “de frontera”, en la que los rodeos eran festejos corrientes con verdaderos cowboys de la América profunda “South of the Pecos River” (del sur del rio Pecos). La discriminación racial estaba presente como algo normal: en las iglesias, en los cines, en los transportes, restaurantes, etc; era la época del Ku Kux Klan, el lado feo y oscuro de la América de entonces, en increíble contraste con su otro lado alegre y acogedor. Es como si hubiese dos Américas: La blanca y la de color. Se acaba ya el primer terceto: “y parece que entré con pie derecho/ pues fin con este verso le estoy dando…”

Terminada la aventura americana, los recién capacitados Octavianos se repartieron por las diferentes Alas de Reactores dotadas ya con el F-86F (Manises, Palma, Zaragoza, Madrid y Morón), mejorando en gran manera su formación general, técnicas y procedimientos. En el Ala de Caza nº 1 de Manises, dos Octavianos formaron parte de la primera Patrulla Acrobática de reactores ASCUA, indicativo personal del capitán Berriatúa que falleció al estrellarse con su avión en una de las exhibiciones.

Ya en la década de los años 70 del pasado siglo, dos Octavianos junto con otros seis pilotos, realizaron el Curso de Instructor del F-4C “Phantom” en la Base Aérea de Tucson (Arizona). Es fue un hito de vital importancia, ya que formaba parte del proceso de cambio de material: se daban de baja los F-86F “Sabres” y el F-104 “Starfighter”, reemplazándolos por el F-4C“, que junto con los Mirage III y F-1 constituirían, a partir de entonces, la columna vertebral del Ejército del Aire. Posteriormente, estos dos Octavianos junto con otro piloto, fueron destinados (en intercambio) a la Base Aérea de Luke (Arizona) como instructores por dos años (Sep. 1972- Sep. 1974). Fueron precisamente los difíciles años de la guerra del Vietnam y del Presidente Richard Nixon con su problema del “Watergate” que le obligó a dimitir. Los pilotos españoles, como todos los de su Escuadrón (311- TFTS), capacitaban a los nuevos pilotos americanos para la guerra del Vietnam. Fueron dos años difíciles y de mucho trabajo, que terminaron en 1974 en plena crisis del petróleo; también repletos de muchas satisfacciones personales y profesionales.

Comenzamos el último terceto: “ya estoy en el segundo y aun sospecho”- Andando, andando el tiempo, llegaron las Bodas de Plata en 1977, que es cuando tiene lugar el nacimiento de una institución que bautizamos con el nombre de: COCOPAGA, que define la cuarta característica y piedra angular de esta famosísima Promoción. Su acrónimo corresponde a Comisión Organizadora de Cachondeos de la Octava Promoción AGA y surgió para la preparación de las Bodas de Plata. En un principio estuvo formada por tres Octavianos: Juan Amorós Valderas “Juanitín”, Carlos Moreno Malagón “el achondo” y Luis Mas y Guillén (fallecido en 1989). La labor desarrollada, el trabajo realizado y la ilusión y la dedicación puestas siempre por los tres, al servicio de la Promoción, no tiene precio posible. La COCOPAGA, que ya la formamos todos, proporciona el apretado entramado que hace funcionar a la Octava, planificando y haciendo realidad todas las actividades tanto alegres como las inevitablemente tristes con los que nos han dejado. Todo esto ha sido y sigue siendo posible por lo que representa el sobresaliente blasón de la Octava: el Compañerismo, que siempre nos ha tenido y nos tiene entrañablemente unidos.

Cambiando un poco el relato y la uniformidad de algunos Octavianos, es de destacar que esta Promoción es la que más ha contribuido, al rápido y prestigioso desarrollo de la Compañía IBERIA y de algunas otras: veintiún (21) Octavianos, cambiaron el uniforme del Ejército del Aire por el de la Aviación Civil, contribuyendo a que llegase a ser la Compañía de bandera de España. Y llegamos ya a las Bodas de Oro de la Octava, en lo que me voy a detener muy poco, porque todo está ya relatado en el Libro dedicado a la famosísima. Pero no me resisto a mencionar algo que ha entrado profundamente en el alma de la Promoción: La Virgen de la Octava, que “presta” su ayuda a la Virgen de Loreto en el esfuerzo de ampararnos y mantenernos unidos. La Virgen y su Ermita fueron descubiertas por un Octaviano de increíble fervor Mariano: Jesús Fuentes Serrano (“la vieja”). Están ambas en Peñasrubias de Pirón, un pueblecito de Segovia. Una placa de mármol deja constancia en la Ermita de nuestro fervor a esta escondida Virgen, que además luce en su manto nuestra águila Octaviana. Allá vamos todos los años en romería a rendirle honores con nuestro cariño.

Me queda por hacer un rápido balance para recordar lo que nos hemos dejado en el camino: ingresamos un total de 95 octavianos a los que se añadieron 8 repetidores que hacen 103; si a éstos les añadimos los 14 “Especiales” totalizamos 117. Pero en ese camino se han quedado 58 Octavianos y 8 “Especiales”, con lo que del total de 117 nos hemos quedado en 51. También nos han dejado 16 Augustas Octavianas. Es decir, la tasa de atrición de la Octava, ha sido muy, pero que muy elevada. En el año de gracia de 2017, solo nos quedan dos acontecimientos relevantes: la Romería a la Virgen de la Octava y la celebración de nuestra Patrona la Virgen de Loreto con la santa Misa por los fallecidos y posterior comida de los supervivientes. Pero la Octava, famosísima Promoción sigue adelante, amparados por nuestra Patrona y por su Advocación (auxiliar) a la Virgen de la Octava. Finalizamos, pues, el último terceto: “que voy los trece versos acabando/contad si son catorce y ya está hecho”.

VIII Promoción