LXVII Promoción

Hablar de la Academia General del Aire entraña un sentimiento de orgullo, un enorme y fuerte sentimiento que comparten tanto las Promociones de Oficiales del Ejército del Aire que han finalizado sus estudios en ella, como las que actualmente se encuentran inmersas en su proceso de formación.

Es por ello que, como representante de la 67º Promoción de Oficiales y con motivo del 75º Aniversario de nuestra querida Academia General, me gustaría reflejar, en unas pocas palabras, las vivencias y experiencias que ella nos ha regalado y brindado. No debemos olvidar que aniversario no significa necesariamente “celebrar”. Significa, también, hacer memoria y recuperar lo vivido, para lanzarnos con más fuerza que nunca hacia el futuro.

Todo comenzó en septiembre de 2011, cuando un grupo de jóvenes, procedentes de todas y cada una de las partes de nuestra querida España, iniciaban un camino, una ilusión y un sueño juntos: el ser Oficiales del Ejército del Aire.

En este sentido, la 67º Promoción gozó de un particular privilegio: y es que por un lado, constituía la segunda promoción del nuevo sistema de formación basado en el Plan Bolonia; y por otro, se erigía como un observador y receptor privilegiado de todo el elenco y conjunto de experiencias y tradiciones propias del antiguo sistema de formación, del cual se nutriría directamente a través de sus instructores –tanto alumnos como oficiales profesionales-.

Esta posición privilegiada, a caballo entre “tradición y modernidad”, se convertiría en determinante para forjar el carácter de la Promoción: esta dicotomía permitió que experimentásemos de forma muy intensa el significado de valores como esfuerzo, lealtad, compañerismo, disciplina, moral de grupo y de victoria; valores que, sin duda, han estado presentes desde el mismo momento fundacional de la Academia y que sin embargo en la actualidad, son más necesarios que nunca. Pero a la vez, se exigía la superación de un completo y exigente nuevo plan de estudios que supuso, sin duda, mucho esfuerzo, horas interminables de “búho” y “mochuelo” y quebraderos de cabeza.

Pese a las grandes exigencias y sacrificio que ha implicado este viaje, el balance es gratamente positivo: para siempre quedarán grabados en nuestra memoria grandes hitos y momentos como nuestro Juramento a la Bandera, el enorme privilegio y orgullo de poder desfilar en el Día de la Fiesta Nacional delante de Su Majestad el Rey, nuestro nombramiento como Alféreces Alumnos; el primer vuelo “SOLO”, el primer salto en paracaídas y la entrega del ansiado despacho de Teniente junto con el lanzamiento final de “gorras de plato”, entre otros.

Sin embargo, lo más importante y lo que realmente supone el paso por la Academia – y es en lo que quiero hacer hincapié- es en la formación de una nueva familia. La creación de un grupo en el que prima la solidaridad y el compañerismo; de un grupo de personas que, pese a proceder de todos los lugares de la geografía española, materializa y da significado a frases como “no dejar a nadie atrás”. En este sentido, todos tomamos conciencia de que nuestros compañeros de promoción son nuestra segunda familia, una familia que nunca defraudará y que pese a estar cada uno de sus miembros destinado o desplegado en cualquier lugar de la geografía nacional e internacional, estará ahí cuando uno de nosotros lo necesite. Y esto, - no nos equivoquemos-, no se produce en ningún otro oficio ni lugar, porque los lazos militares que se forman en esta Institución además de inquebrantables son perpetuos.

No quiero terminar sin antes agradecer a todos nuestros profesores e instructores, tanto militares como civiles, su gran labor, esfuerzo y paciencia con nosotros. Es de justicia reconocer el enorme papel y la gran labor que desempeña el profesorado en nuestra formación, tanto académica como aeronáutica y de valores. Esfuerzo que tiene como recompensa el constituir una pequeña parte de nosotros, de nuestra profesionalidad, de nuestro carácter y de nuestro espíritu militar.

Hablar de la Academia General del Aire es hablar de familia. Es hablar de una Institución que año tras año crea una nueva familia con unos lazos de unión muy fuertes y perpetuos y que, tras finalizar su estancia en ella, permitirá satisfacer con garantías los requerimientos que tiene el Ejército del Aire y España para cada una de ellas. Porque el paso del tiempo implicará que los nuevos oficiales deban estar preparados para los grandes desafíos y exigencias que demande España en cada momento histórico concreto y eso a su vez implicará a la Academia General del Aire un proceso de renovación continua; pero podrán pasar los años, las décadas y sucederse nuevos sistemas y nuevos desafíos; y aun así la esencia de la Academia General del Aire permanecerá inquebrantable con el paso del tiempo, y esa esencia no es otra que la de crear y formar “ familias” de oficiales al servicio de España, al servicio del Rey y de todos los españoles.

LXVII Promoción