LXI Promoción

La historia de LXI Promoción empieza un 31 de agosto de 2005. Ese fue el día en el que nos presentábamos en la Academia General del Aire. Con más o menos conocimiento de lo que nos esperaba durante los próximos cinco años de nuestras vidas, pero todos con el sueño común de convertirnos en Oficiales del Ejército del Aire; y con la gran vocación de poder servir a España. Llegábamos de todos los rincones del país y, hasta uno de nosotros de Tailandia, ya que nuestra promoción tuvo la suerte y privilegio de contar con un Cadete de la Fuerza Aérea Tailandesa durante los cinco años de Academia (Sopon no nos olvidamos de ti).

La preparación para pasar los exámenes de ingreso supuso un gran sacrificio personal para la mayoría. Casi todos habíamos opositado por dos, tres, cuatro años, mientras veíamos a nuestros amigos pasar por su etapa universitaria. Pero todo eso quedaba atrás, invadidos por la ilusión de cruzar la puerta de la Academia General del Aire como Cadetes de la misma.

Nuestro paso por la Academia fue muy duro. Sabemos que es lo que van a decir todas las promociones y, por supuesto, siempre la propia es la que peor lo pasó; pero en nuestro caso, fue así. Vivimos, casi recién llegados, el cambio del régimen de vida de los alumnos de la Academia. Los tres primeros meses veíamos como nuestros Alféreces podían irse a casa a dormir, mientras los cadetes a las 22.20h formábamos antes de irnos a la cama con suerte, o de Imaginaria de Cuartel, lo que tocase. Todo eso cambiaría. Se acabó el externado y la mayoría de los privilegios para los Alféreces. ¿Y qué pasó? Qué si los Alféreces penaban, los Cadetes por supuesto lo hacían el doble.

Soñábamos con que llegase el día de la Jura de Bandera para dejar de ir corriendo a todas partes, poder cruzar la plaza de Armas haciendo una diagonal o el simple hecho de no tener que salir con el uniforme “de bonito” los fines de semana. El 10 de diciembre llegó el día tan ansiado, nuestra Jura de Bandera. Vivimos uno de los momentos más emotivos para todo militar. Ese día en el que prometimos servir fielmente a nuestra Patria hasta la muerte si fuese preciso.

Un día normal en la AGA comenzaba a las 6.30h con el turuta tocando Diana. Levantarse de un brinco para subir las persianas hasta la línea (ni un centímetro más ni uno menos), “hacer el bolo” (deshacer la cama entera y enrollarlo todo) y asearse para estar formados a 20 minutos después para ir a desayunar. Tras esto, unas cuantas horas de clases (aeronáutica, chispas, navegación,…) luchando contra el cansancio y el sueño, especialmente aquel que le había tocado durante la noche algún turno de Imaginaria. Después de esto, corriendo a hacer deporte. Cuando había suerte (casi nunca), los de fútbol a fútbol, los de baloncesto a baloncesto,… y el resto a correr por el perímetro (M30, M40,…). Ducha rápida y de nuevo a formar, esta vez para comer. Al llegar al comedor, carreras de Cadetes intentando sentarse en una mesa de Alféreces “majetes” que no te preguntasen nada, con la esperanza de no tener que copiar por las tarde 20 veces la Orden del Día por no saber el nombre completo del Capitán de Día. Después de comer, corriendo a la Escuadrilla a cambiarse o coger los libros, lo que tocase. Aunque, sin lugar a dudas, los días más odiados eran los que tocaba GAR (gimnasia con armamento) o pasar la pista de obstáculos, especialmente si habíamos comido cocido. La formación de paseo era el momento más deseado del día, aunque durante el primer año la mayoría de las veces había alguna actividad extra (revista de taquillas, “caimanes”, “chopeo”,…) o bien, estabas sancionado y no podías salir de la Academia. Hablando de “chopeo”, si algo hicimos durante los cuatros años que pasamos por la Academia fue desfilar. Kilómetros y kilómetros de Instrucción de Orden Cerrado. Hasta se nos quedó pequeña la Avenida de la Academia y tuvimos el honor de estrenar la nueva pista de aterrizaje de “La Cueva”. Además, para demostrar lo bien que lo hacíamos, nos recorrimos la Región de Murcia haciendo Juras de Bandera de civiles, con sus respectivos ensayos y “chorreos” cuando algo no salía perfecto. A las 22.20h de nuevo a formar, si era diario, y durante los fines de semana, los cadetes formábamos a las 23.50h. Sí, dormimos en la Academia durante los dos primeros años todos los días (excepto en vacaciones y cuando el Jefe tenía a bien darnos algún “triken”). Aprendimos a valorar cada minuto libre que teníamos.

Nuestro primer curso consistió básicamente en sobrevivir. Era muy importante que ningún Alférez de tercero te cogiese especial manía y entrases en una espiral eterna de sanciones. Segundo fue un año duro académicamente hablando. Si bien los Alféreces pasaban un poco más de ti, había que dedicar muchas horas al estudio. Nuestro fin era ser Alféreces en junio y, para eso, no podías suspender ninguna asignatura. El tercer curso supuso un gran cambio; ya éramos Alféreces, con todas las nuevas responsabilidades que ello conllevaba; y además, era un año muy importante en nuestras vidas: comenzábamos a volar. Todos entramos con la especialidad de vuelo, así que todos tuvimos que “sufrir” la “Pillán” (E-26). Si algo se recuerda con cariño del ese curso, es el día de la “suelta” (tu primer vuelo solo). Durante nuestro cuarto año, los de vuelo centrados en pasar los vuelos en el “Culopollo” (E-25) lo mejor que podíamos y los de no vuelo intentando darle sentido a nuestra vida. Y así llegamos a quinto.

La Promoción se dividió entre las diferentes Escuelas en función de nuestra especialidad. Fue un año que dependiendo a donde hubieses ido, se pasó más o menos rápido. Acabado el curso académico, aún nos quedaba un mes más de “Cueva”.

Después de cinco años, por fin llegó el día de nuestra Entrega de Despachos y de escuchar al por entonces Alteza Real el Príncipe de Asturias, hoy Rey de España, la imborrable frase de “Por última vez en esta Academia, rompan filas”. A partir de aquí comenzaba nuestra andadura profesional, aplicar todo lo aprendido durante esos cinco años.

El peor día para la LXI Promoción fue el 12 de octubre del 2017. Tras un desfile aéreo impecable en los actos de conmemoración de la Fiesta Nacional, la formación de Eurofighters de Albacete regresaba a la Base. Durante la maniobra de aproximación tuvo lugar el accidente de nuestro compañero, amigo, hermano, el Capitán Borja Aybar García. Gran persona, excelente profesional. Con él, se nos fue un pedazo de nosotros. Su recuerdo estará presente en todos y cada uno de los miembros de esta Promoción para siempre. Como nos decía tu madre: desde el cielo cuidarás de nosotros.

Sin lugar a duda, lo mejor que ha tenido el paso por la Academia es el vínculo que ha creado entre nosotros. Es algo más que compañerismo, es un sentimiento de fraternidad. Un lazo irrompible que nos une de por vida.

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