VI Promoción

¡Cincuenta Años! ¿Pero es posible que hayan pasado cincuenta años? Aún a riesgo de caer en el tópico, debo decir con toda sinceridad que parece que fue ayer.

El “tren especial”, flamantes uniformes blancos… ¡novato, ponga cara de velocidad! ¿Qué sería la “cara de grifo”?. Nunca lo supe, pero la debí poner, al menos mucho se rieron los veteranos” que me tocaron en suerte en aquel largo viaje. ¡Y eso que iba protegido por un gran amigo, alférez de tercero!

“Noche baulera”… ¡pero si aquellos baúles, incluido el mío, pesaban más que yo! Pero no éramos Caballeros Cadetes. ¿Por qué pues nos utilizaban como caballos, digo, como burros de carga? Nosotros, jovencillos aún, lo tomamos a broma, pero ¡Qué caras de cabreo la de aquellos ¡especiales”!. ¡Qué mala “milk”, algunos se subían al baúl!

¡¡¡Diana!!!...¡Qué sueño!, ¡Qué ojeras!, ¡Qué uniformes blancos, tan negros!, qué calor!, qué bueno aquel primer café negro, en aquel extraño vaso de campaña!

¡A formar por escuadrillas! ¡Vaya palmera!, aún sigue ahí. Desayuno, ¡Qué comedor! Chocolate, con leche, pan frito y mermelada.

Uniforme de faena, botas de instrucción, correaje, mosquetón (tremendamente pringoso), plato y vaso de campaña, traje de gimnasia, “truxa” de baño (¡vaya nombrecito!), mono de vuelo, etc…

A ver, 11 A,…12 A, …11 T,…12 T,…11 I ¡¡¡A formarrrr!!! Primera visita a las aulas (¡Ustedes, mucho ojo, que los tengo metíos en cartera!, ¡ríanse, ríanse ahora, que ar finá yo voy a sé el hacmereí y er crují de dientes! A ver, el recluta que llegare a una Compañía…). Primer bocadillo de mortadela…

Brazos arriba…, aspirar; abajo…, expulsar…; piernas arriba…, aspirar, abajo…, expulsar…

Comida: arroz nacional, filete empanado. Siesta: ¿descanso?, ¡sí, sí!.... ¡¡Novato!! ¡¡Novato!! Sí, ¡mi segundo”, … sí mi alférez …¡haga Ud…!, ¡corra…!, ¡límpieme el mosquetón!.

Primer día de instrucción: ¡¡¡paaa …só!!!, ¡media vuelta… ar, media vuelta… ar!. Sudor, ampollas, ducha… ¡depuradora agua!. Pero el jabón, ¿con qué se va?

Revista: el pelo cortado, el uniforme sucio. ¿Por qué no se ha afeitado?

Paseo… ¡y una “mi…”! A limpiar mosquetones y correajes (los propios y los ajenos, que para eso están los novatos), a pulir los machetes… ¿Pero eto qué é?

Retreta. ¡Qué toque más bonito, con toda la banda de cornetas y tambores!. Creo que casi todos nos lo sabemos de memoria: ¡¡¡tarrí!!! ¡¡¡ta tatachinta tataí!!!, … tata tarira – ta ta tarira, tata tata tira, tatatatata tata tira – tatatari tata – ta tirorirorí, ta tirorirorá, taran tan taran ……… !!!. y así los cuatro años. Magnífico y agradable; fin del largo “estudio” y, ¡a cenar! …, huevos a caballo… “El Capitán de Cocina de Alumnos: Lloredo Cantolla”.

¡Silencio! Por fin, vamos a dormir. ¡Y un jamón! ¿Quién inventaría aquellos “tonós” de cama? ¿Recordáis la contraofensiva de los novatos contra la nave de los veteranos? No sólo aprendimos a sufrir aquellos “tonós”, sino que también a darlos. ¿Y el reconocimiento médico? ¡Qué pronto recogimos el testigo del “racaneo”!.

Pocos días más de novatadas, pues pronto nos hicimos respetar. “Novatuelo sin solera, que aún no has jurado bandera y te quejas, desgraciado; no sabes lo que te espera”.

La verdad es que aquella espera nos deparó muchas alegrías y satisfacciones, algún que otro mal rato y alguna tristeza, muchas tristezas… pronto perdimos a un compañero de instrucción, de 2º curso; era de Ávila. Poco después, un Teniente Profesor y un Alférez de 4ª y más tarde, Navalón, de nuestra 6ª Promoción; y tantos otros de los demás Cursos, amigos todos, a lo largo de los cuatro años de Academia. Aquello dolía y templaba.

Pero volvamos al inicio, hace cincuenta años:

Primeros vuelos, ilusiones, “TES” en los cogotes, alas rotas y desilusiones, pero ¡sursum cordae! “En Tropas e Intendencia, también se sirve a España; Militares-Aviadores, pero primero Militares”, nos enseñaban.

Jura de bandera, ¿Os acordáis de aquel librito-agenda, personalizado (personalizable, más bien)?. Escriba un pensamiento que le haya sugerido la Jura: “España me pidió un beso y se lo di, que no sea el de Judas!”. Y no lo ha sido. La 6ª ha sabido ser fiel siempre, unos dentro del Ejército del Aire, otros fuera, pero siempre con ese afán de servicio a España que nos empezaron a inculcar, hace ya cincuenta años.

Navidades, a casa… y a la vuelta ya no éramos novatos. Los “especiales” no volvieron. Se les echaba en falta, a pesar de la diferencia de edad y su “toque” universitario. Fueron buenos compañeros y se hicieron querer.

Y empezamos a tener personalidad académica propia, o sea, motes: Monstruo, Pulpo, Mono, Pichi, Fefo, Mosca, Dédalo, Puka, Castel-lo Traviato, Bocina, Mapupo, Tuercas, Pinki, Apóstol, Pájaro, Cachorro, Guanche… ¡Cuidado, Rex! Perdonadme, me falla la memoria, ¡son cincuenta años! y lo curioso es que cada uno tenía su “por qué”.

Y anécdotas, muchas anécdotas. “Oliva, apúntale una jarra al caballero”, “Señoreee que no me ido”. Me remito al Libro de los Cuarenta Años.

Y pasó Primero, y Segundo y fuimos Alféreces; y Tercero, Cuarto y fuimos Tenientes; y elegimos destino, y nos fuimos de la Academia, que fue dura, bastante dura, con mucha disciplina, pero que valió la pena y dio sus frutos. Y pronto, muy pronto, perdimos a Marrero, al Chichibú (Bermúdez de Castro), al Piyayo (De la Fuente Arévalo), a Torrecillas, al Patato (González de Boado), a Peinado y a Rufino Migens…Se fueron muy pronto, demasiado pronto; muy jóvenes, demasiado jóvenes, por eso nos afectó su marcha de una manera muy especial y por eso los cito nominalmente.

El tiempo se ha encargado de llevarse a más. A unos en accidente, a otros de forma natural (14, más los citados, de los ingresados en 1950 y 4 incorporados a la 6ª de otras Promociones), que por menos jóvenes e incluso los últimos, ya mayores (de Vuelo, Tropas, Intendencia y Especiales) no son menos sentidos y todos están presentes en nuestra memoria.

Todos ellos forman con los que de aquí “de momento” estamos, el Alma de la 6ª promoción y aquellos son las manos y los brazos que desde lo Alto, se nos tienden a los de aquí abajo, para que un mañana vuelvan a formar allí Arriba, la 11 A, la 11 T, la 11 I, la …

En nuestro Libro de los Cuarenta años, hay suficientes testimonios para darse cuenta de cuál ha sido la trayectoria de la 6ª Promoción: magníficos aviadores en las Líneas Aéreas de España, que han llegado a ser verdaderos pilares en las distintas Compañías y han sabido hermanar la Aviación Militar y la Aviación Civil, llevando a ésta el espíritu de servicio a España, que recibieron en la A.G.A.; Tenientes y Capitanes que han sabido transmitir a otros Cadetes, Especialistas y Soldados de España, ese Espíritu Militar y Aeronáutico que nos empezaron a inculcar a nosotros, hace cincuenta años, en nuestra querida Alma Mater, la Academia General del Aire.

Muchos han llegado a Coroneles, algunos a generales (como queda patente en el citado Libro de los Cuarenta Años) e incluso a más, en estos últimos diez años. De tal manera que la 6ª Promoción cuenta con un General del Aire (nuevo empleo equivalente a Capitán General), un Teniente General, cinco Generales de División (uno se nos fue en este período de tiempo) y cuatro de Brigada. ¡No ha sido parco el Ejército del Aire con la 6ª promoción! Habría que contabilizar también a los muchos que merecieron serlo.

Fueron muchos “los palillos tocados” por la 6ª, en los primeros cuarenta años de su andadura; muchos y bien “tocados”, como se comenta en el tan citado libro anterior.

Y no pocos e importantes los “tocados” en este siguiente decenio: Un Jefe de Estado Mayor, un jefe de la 2ª Región Aérea, un Director de Sanidad del Aire, un eminente Magistrado del Supremo, un Director de Transportes y dos de Abastecimiento del MALOG e incluso, un Subdirector de Intendencia del MALOG e incluso, un Director General de Gestión Económica del Ministerio de Defensa; amén de los Jefes de Unidad ya reseñados en el libro anterior y que continuaron su mandato algún tiempo después.

Pero lo importante no son estos recuerdos, nostálgicos recuerdos, sino la satisfacción del deber cumplido, que todos y cada uno de los miembros de la 6ª Promoción llevamos con modestia, pero con un sano orgullo en nuestros corazones y que muchos de nosotros hemos querido transmitir a nuestros hijos, profesionales del Ejército del Aire y de la Aviación Civil Española.

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