LIX Promoción

En el año 2003 entró en vigor el Tratado de Niza, se produjo la intervención estadounidense en Irak, el transbordador espacial Columbia se desintegró en su reentrada y el Concorde fue retirado definitivamente de servicio. En España la agenda estuvo marcada por las reacciones a la gestión del hundimiento del buque petrolero Prestige en noviembre de 2002 y por la participación en la cumbre de las Azores de marzo de 2003, que buscaba apoyos internacionales para la citada intervención de Estados Unidos.

En el verano de ese mismo año 44 alumnos de la Escala Superior de Oficiales del Cuerpo General accedieron a la Academia General del Aire, tras superar la oposición existente, con el objetivo de convertirse en aviadores. Nuestra promoción tuvo el honor de contar entre sus miembros con el alumno tailandés Teerawit Chidchur.

Sirvan estas primeras palabras como recuerdo de uno de nuestros compañeros, el entonces teniente D. Roberto Carlos Álvarez Cubillas, que perdió la vida junto a otros dos oficiales de las promociones 56ª y 52ª en un infortunado accidente a los mandos de un Mirage F-1 del Ala 14 de Albacete. La desgracia de los compañeros perdidos en los accidentes de aeronaves del Ejército del Aire ha dejado a lo largo de estos años una huella de dolor que nos acompañará siempre en nuestras vidas, y que nos recuerda el riesgo que asumimos permanentemente durante la preparación o ejecución de una misión. Siendo conscientes de este hecho, solo cabe recordar que “la muerte no es final”.

Es evidente que los diversos Coroneles Directores, Tenientes Coroneles Jefes de Estudios y Comandantes Jefes de Escuadrón y de Escuadrilla influyeron en nuestra formación y régimen de vida. Sin embargo, el tiempo demostró que el Capitán Jefe de Curso sería quien más carácter imprimiría a nuestro paso por la Academia. Es por ello que merecen ser nombrados pues hoy siguen siendo nuestros antiguos en el Ejército del Aire: D. Juan C. Fernández Casas en 1er curso, D. Francisco Calleja Pinilla en 2º, D. Fernándo Gómez Porrúa en 3º y 4º (apoyado por D. José Ramón Díaz Asencio), y D. Francisco J. Moreno Chaves en el periodo final de 5º curso.

Tras el paso por el periodo de formación militar inicial en Los Alcázares (“el campamento”), durante las primeras semanas en la Academia nuestras jóvenes mentes de cadete visualizaban los cinco años siguientes como la siguiente sucesión de eventos: un primer curso de adaptación a la vida militar con pernoctas puntuales que permitieran una vía de escape, un segundo curso en el que dar el máximo para ser nombrado alférez alumno, un tercer año en el que se afrontaba el curso Elemental de vuelo en la Pillán con un régimen de vida de externado, y un cuarto y último año enmarcado en el curso de vuelo Básico del C101. Quinto curso era el periodo de especialización que, tras cuatro años en San Javier, se presentaba como el paso intermedio a la vida operativa y el nombramiento de Teniente.

Sin embargo, lo cierto es cada uno de nosotros vivió una Academia particular: desde aquéllos cuya motivación permaneció inalterada a aquéllos que entraron en crisis desde los inicios porque quizá habían imaginado la Academia de otra forma; desde los que progresaron de manera continua en su desempeño a los que sufrieron altibajos por diversos motivos académicos o personales. Lo que es innegable es que aquellos cuatro años marcaron nuestras vidas hasta un punto que solo con el paso de los años hemos empezado a comprender. Nueve años después, la mayor parte guarda los buenos recuerdos aunque es recomendable la experiencia de poner en común las anécdotas y rescatar de nuestra memoria momentos ya olvidados por muchos y que, para otros, se quedaron grabados permanente. Por otro lado, es interesante observar el fenómeno de toma de conciencia individual del periodo académico, para no repetir en el futuro -hoy ya presente en los diversos escuadrones- aquello que tanto criticábamos en el pasado. Solo nuestros compañeros y subordinados podrán juzgar si hemos mejorado la Institución que heredamos de nuestros antiguos.

Nuestro parche de promoción rezaba el lema “Toda situación es susceptible de empeorar” y, naturalmente, fue aplicable en incontables ocasiones a lo largo de nuestra vida académica. A lo largo del primer curso, pudimos comprobar el ejercicio de la potestad sancionadora de algunos alféreces alumnos. Debido a diversas razones, muchos de nosotros coincidimos -dentro de nuestro juicio subjetivo- en que el escenario mejoró cuando nosotros cogimos el testigo.

Siendo conscientes de que hubo promociones que atravesaron una “Cueva” más dura y otras al contrario, con el ánimo de expresar un relato entretenido, éstos son algunos de los hechos más relevantes de nuestra formación militar.

Tras el juramento a la Bandera realizado a finales de 2003, cabe decir que la promoción precedente a la nuestra tuvo el privilegio de ser la última que realizó la actividad de vuelo sin motor en 2º curso. La no disposición de medios obligó a eliminar esta formación inicial en vuelo para nuestra promoción y las posteriores, a diferencia de lo que continúan realizando en otras fuerzas aéreas de países amigos. Retomar el vuelo sin motor en la Academia debería ser, sin duda, una propuesta a considerar. Aquel fue también el año de la caída de la palmera de la Plaza de Armas, que nos hizo sentir huérfanos durante unas semanas hasta que fue reemplazada.

La finalización de 2º curso en 2005 trajo consigo la normalización de la tendencia de que no todos recibiéramos juntos el nombramiento de Alférez Alumno. Además, los caballeros cadetes D. Sergio Moseguí Núñez y D. Ramón Ceto Alseda no pasaron de curso y se integraron en la promoción 60ª. Por desgracia el segundo de ellos acabaría causando baja en la Academia un año después. Sin embargo, nuestra promoción aumentaría sus miembros desde entonces, uno en 2005, cuatro en 2006 y uno en 2007, hasta 48.

En el año 2006 se produjo la caída en el Mar Menor del vehículo aéreo no tripulado de EADS denominado Barracuda. La dificultad europea para mantener un proyecto propio de desarrollo de UAV ha sido una constante desde entonces. Sin embargo, no sería éste el acontecimiento más reseñable del 3er curso. La Escuela Elemental, el fin del externado o el aumento de la exigencia en I+A (concretamente en deporte) fueron los acontecimientos más importantes de ese periodo. En ese mismo año se celebró el Festival Aire’06 con patrullas aéreas y aeronaves procedentes de numerosos países en una reunión internacional sin precedentes en la Base Aérea de San Javier.

Como alumnos más antiguos de la Academia, 4º curso resultó más complicado de lo que se esperaba debido a una aplicación más rigurosa del Régimen Disciplinario. De algún modo, la finalización del externado en el curso anterior hizo que la relación entre cursos mejorara, pues cadetes y alféreces alumnos vivíamos bajo el riesgo de no disfrutar de los fines de semana de pernocta. En otro orden, el adelanto del horario del briefing de la Escuela Básica obligó a iniciar las jornadas a paso ligero durante buena parte del curso. Por último, tuvimos la oportunidad de realizar un viaje fin de estudios a Brasil, que dio lugar a recuerdos inolvidables.

Y por fin llegó 5º curso en 2007 y nuestros caminos se separaron en las distintas Escuelas. Ese año comenzó a tenerse en cuenta por primera vez las calificaciones del último curso para el escalafón final. La dificultad para integrar las diversas especialidades generó numerosas discusiones entre nosotros sobre la conveniencia de esta decisión y del método utilizado, lo cual ha continuado en las promociones siguientes. Algunos de nuestros compañeros de la Escuela de Transporte en la Base Aérea de Matacán tuvieron la oportunidad de formarse en el T.19. A la finalización del curso vivimos el ansiado momento de elegir nuestros primeros destinos que, en términos generales, dieron satisfacción a nuestras aspiraciones profesionales y personales.

Finalmente, en el verano de 2008, su Majestad el Rey Felipe VI, entonces su Alteza Real el Príncipe de Asturias -vistiendo su uniforme como teniente coronel-, presidió el nombramiento de teniente de los 48 alféreces alumnos de la Escala Superior de Oficiales del Cuerpo General del Ejército del Aire, además de otros 54 alféreces alumnos de los Cuerpos de Intendencia, de Ingenieros y Especialistas de las Escalas de Oficiales y Superior de Oficiales, que fueron nombrados tenientes y alféreces de acuerdo con su formación académica.

Debido a nuestra juventud en aquellos años, a la intensidad de la vida académica, y a las experiencias humanas, militares y aeronáuticas, los años 2003-2008 dejaron una impronta imborrable en nuestras vidas que nos acompañarán para siempre.

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