LVIII Promoción

La LVIII llega a la AGA. Esta aventura comenzó un soleado 2 de Septiembre de 2002. Mi primer recuerdo de aquel día es de un grupo de “niños” (o al menos, al volver la mirada a aquellos días esa es la sensación que me invade), acompañados por sus padres delante del “todo por la patria” de la puerta principal, con cara de cualquier cosa menos de saber lo que allí dentro les esperaba. Parecía que nuestro “D day” particular había llegado. El día por el que habíamos peleado durante años enfrentándonos a miles de opositores comenzaba. Para muchos aquella era la puerta que daba acceso a nuestros sueños, a nuestras ilusiones, ¡íbamos a ser pilotos!. Lo que no sabíamos era cuánto íbamos a sudar para conseguirlo, y no solo por el calor que hace en La Ribera en el mes de septiembre.

Y cruzamos aquella puerta, de la que no se cansaron de repetir durante los primeros años, ¡que era muy pequeña para entrar y muy grande para salir!, e hicimos la primera seudo-formación delante del primer edificio… ¡qué formación aquella!, recuerdo especialmente la cara de alguno de nosotros, “el pele” que parecía que tenía 15 años (por algo le llamamos “niño”), “el EMPI” que parecía, pues eso, un alumno de promoción interna (aclarar que ambos tenían la misma edad), “Culín” con cara de no caberle ni un pelo de gamba en el culo (aún hoy la conserva), “el Richo” con cara de no haber roto un plato en su vida (en este caso en particular me siento en la obligación de aclarar que, la cara no es para nada el espejo del alma) y un largo etcétera con el que no quiero aburrir. Aquella formación fue la última en la que los Alférez Alumnos instructores fingieron ser amables, una vez que nuestros padres salieron por la puerta, el infierno se desató. Gritos, órdenes que nadie entendía pero que todo el mundo intentaba seguir, y ale, a correr pa’ to’ los laos.

Si la memoria no me falla, dos días después de aquello, tras innumerables idas y vueltas a la SEINT para recoger todo el material necesario, nos trasladamos a los Alcázares. La LVIII tuvo la “suerte” de poder pasar tooooodo el campamento allí, privilegio que ninguna de las dos promociones anteriores tuvo. ¡Y como disfrutamos de aquellos días de balneario!, ejercicio físico -culata cañón-, sol -horas en firmes-, cantar -durante las siestas el cancionero-, bañitos en el mar menor (esquivando a sus entrañables medusas) -esos bañitos sustituían la ducha-,… en resumen, nos pusimos morenos (hecho que alguno no disfrutó, ¿eh “Meji”?) y perdimos algún quilito (Kilito??). Y fue así como poco a poco nos fuimos conociendo y fuimos forjando la amistad que tras casi 16 años perdura, y que me atrevo a decir, perdurará hasta el fin de nuestros días. Aunque pasen los años, aunque cada vez tengamos menos pelo, al encontramos parece que nada ha cambiado, parece que fue ayer cuando lanzamos nuestras gorras al aire.

Pronto pasó el primer mes, y entonces tocó adaptarse a la vida dentro de la Academia. Claro está que viniendo del campamento, simplemente por el hecho de tener una ducha (aunque no siempre agua caliente) y una cama para dormir, el resto parecía que no importaba. A clase, corriendo y cantando, a comer, con la orden del día bien aprendida y esperando que las temibles mesas del “núcleo duro” de Alféreces no te llamasen para comer con ellos, y si tenías suerte y no estabas sancionado, en paseo, al callejón. Si las paredes de esa calle de apenas 30 metros hablasen, no creerían las historias que allí sucedían. Menudo bálsamo para el alma eran aquellos “garitos”, Apalache, Anubis y Mami, siempre había tiempo para “la penúltima” y siempre había que salir de allí corriendo para llegar a retreta. Y así llegó el 10 de diciembre, y juramos bandera ante las personas que hacía poco nos habían despedido delante del primer edificio, el cambio de sus hijos ya era palpable, en algo más de tres meses el espíritu del soldado crecía con fuerza en su interior.

Estudiando Termodinámica, Motores, ORGEA…, haciendo IOC, marchas, viriatos…, haciendo revistas de taquilla y de “chocho” del Cetme C, saliendo a correr más de una noche, discúlpenme pero aquí tengo que hacer un pequeño alto para agradecer al personal que hacía posible esa magnífica actividad nocturna, gracias a: “Richo”, “Pirri”, “Arti”, “Paquito”, “Ayo”, “Rata”, “Cordobés”, “Angelito”… por sus ocurrencias, y sobre todo gracias a los galonistas que siempre que entraban de servicio nos sacaban de paseo, gracias a los A.A. Aguinaco y Titos. Llevando a cabo esta intensa pero gratificante vida académica, pasó el primer año, sin lugar a duda uno de los mejores, al menos desde la perspectiva con la que ahora el que suscribe intenta recordar aquellas hazañas.

El segundo año era uno de los más duros en la AGA, había mucho que estudiar, mucho que correr y mucho que aprender para a final de año, alcanzar la merecida y deseada estrella de Alférez. Asignaturas como Aviónica, Electrónica (gracias Roqué) o Matemáticas nos hicieron estudiar no poco, al mismo tiempo, más DEVAS-viriatos y semanas de supervivencia para fortalecer nuestra formación militar hicieron de segundo, un curso largo, parecía que junio, el mito del mes de “racaneo” y tenientes, no llegarían nunca. Que el año académico se nos hiciese largo, también contribuyó el autor de grandes frases como: “pasa monstruo” refiriéndose al Cadete que esperaba para firmar su sanción, o “me confirmas que tengo que sacar los caballos a pasear, figura” cuando insinuaba que nos iba a “apretar las tuercas”. Por aquella época las técnicas usadas para impartir liderazgo por nuestros protos no eran tan ortodoxas ni refinadas como las actuales. A pesar de los pesares y como había sucedido 57 veces antes que nosotros, todos nuestros esfuerzos dieron su fruto y llegó el nombramiento de Alféreces, a partir de ahí todo cambiaba, la estrella nos daría mando e inmunidad… o eso pensábamos….

!Casi se me olvida!, durante la semana previa a las navidades de este curso (2002), tuvimos el honor de apoyar las labores de limpieza y recuperación de las playas gallegas, inundadas de petróleo por el naufragio del Prestige. Volvimos a casa la tarde del ¡¡22 de diciembre!!, no sin sufrir unas horas pensando que no volvíamos- El hércules que nos debía transportar sufrió una avería, pero finalmente llegamos sanos, salvos y a tiempo, a casa. Esta experiencia supuso para muchos, la primera lección de lo que supone ser militar, que no es otra cosa que, estar donde sea y cuando sea (disponibilidad para el servicio) dispuestos a hacer lo que la sociedad española nos demande.

Por fin tercer curso, por fin Alféreces, por fin externado, por fin empezábamos nuestra andadura como pilotos. En 2002, cuando aprobamos la oposición, toda la promoción era de la especialidad Operaciones Aéreas, es decir, todos inicialmente seríamos pilotos. La mitad de la promoción en septiembre empezó el curso teórico de la Pillán, la otra mitad lo haría en febrero. De aquel curso teórico recuerdo que me aprendí muchísimos datos e información que hasta que no empecé a volar no conseguí entender, eso sí, después de tres o cuatro vuelos parecía como si en un puzzle que parecía imposible de solucionar, de repente se juntasen por si solas todas las piezas. Esto no quiere decir, ni mucho menos, que el curso resultase sencillo, absolutamente todos sudamos la gota gorda para pasar la bien llamada “Tamiz”. Claro está que quien sufrió a algún hueso duro de los que aún rondaba por aquella época la Escuela Elemental, sudó más de la cuenta. De aquellos vuelos recuerdo frases y explicaciones simplemente impresionantes: “lo mejor es que te pongas los vaqueros y te vayas a tu casa, tú pa’ esto no vales nene” decía en cada vuelo un instructor a su alumno. Un proto le pintó dos líneas blancas con tiza a su alumno por encima de las rodillas y le preguntó si sabía qué eran aquellas líneas, el alumno obviamente respondió que no y el proto le dijo: “por donde hay que cortar hijo, porque las piernas esas no te sirven pa’ na’”. Otro profesor le explicaba a su alumno la toma y le decía: “hijo, ¿es que tú no has visto en los documentales de cómo aterrizan los patos en el agua?”, y con su mano al mismo tiempo imitaba el aterrizaje de un pato. Al final, casi toda la promoción pasó el curso de vuelo, solo tres componentes se vieron obligados a cambiar de especialidad, dos de ellos se inclinaron por la especialidad de Mando y Control y uno por la de Seguridad y Defensa.

Una de los mejores derechos adquiridos del tercer año, era la posibilidad de vivir en externado, compartiendo piso con algunos compañeros de promoción. Casi siempre uno buscaba gente afín con la que convivir, a menos que tuvieras novia dentro de la promo, lo que conllevaba que ya habían decidido por ti con quien ibas a pasar tus tardes… la LVIII por suerte (y que nadie me lo discuta), contaba con 5 mujeres entre sus filas lo que implica que otros tantos de los hombres dieron su vida por España. Pisos de chavales de veinti pocos años, que acababan de recuperar su “libertad”, pueden imaginar qué tipo de decoración se encontraba en ellos, botellas (vacías), dos dedos de polvo, ni un cubierto limpio y un largo etc. Una de las mejores cosas de compartir piso, era descubrir las manías personales de cada uno, yo por ejemplo, recuerdo particularmente las de uno de mis compañeros de piso, del cual preservaré su identidad, que tenía que estudiar obligatoriamente con tapones, cascos de tiro y guantes, fuese enero o junio, era un espectáculo verlo equiparse para enfrentarse a los libros. Pero, lo bueno normalmente dura poco…

Cuarto lo empezamos con muchas ganas, fundamentalmente por dos razones; que era el último curso y que íbamos a volar el “culopo”. Anti-G, chaleco, casco y mascara de oxígeno, !Solo mirándote al espejo ya alucinabas!. Desafortunadamente, el curso comenzó con el fallecimiento de nuestro capitán jefe de curso en un accidente aéreo. Todos sentimos mucho esa desgracia y fue otra dura e importante lección de lo que significa ser piloto en las Fuerzas Armadas. Su relevo lo tomó “chanquete”, del que aprendimos muchísimas cosas, entre ellas que aunque seas Capitán, te seguirá gustando jugar al “Pro-evolution” en la “Play” y echar “pachangas” de fútbol. Desde estas líneas le mando un abrazo.

La vida en cuarto la pasamos entre vuelos, clases e Instrucción y Adiestramiento. Este curso era seguramente el curso más duro de la fase de formación en la AGA. Pronto llegó la noche de estratos, en la que como nuestros antecesores habíamos preparado una función satírica de nuestro paso por la AGA. Este evento (me atrevería a asegurar que para todos fue así) marcó un antes y un después en nuestras vidas y en el régimen interior de la Academia, pero sobre todo, afectó a nuestro número uno “el orco” (no era muy guapo el pobre) y al Coronel Director. Desde estas líneas me gustaría ofrecerle mi admiración y mis más sinceras disculpas, y asegurarle, que nunca jamás fue nuestra intención crearle perjuicio alguno, más bien al contrario, le teníamos en gran estima y siempre se la tendremos. A nuestro número uno decirle que siempre será “el abanderado de la promo”, y que precisamente él, no se merecía todo lo sucedido. A tenor de lo ocurrido y vivido durante los meses posteriores, la jugada no nos salió demasiado bien. Un arresto de 30 días (con posterior expulsión del Centro), dos arrestos de 14 días, adiós al externado, ambiente “enmierdado” de por vida, etcétera, etcétera, fueron algunas de las consecuencias. Personalmente creo que la AGA no se ha vuelto a recuperar de aquello, so sorry for the inconveniences a la LIX y posteriores...

Un recuerdo que guardo con mucho cariño de cuarto, es el de la barbacoa de final de fase de la escuela Básica, tener la posibilidad de recordar con los “protos” las experiencias vividas durante el curso y escuchar las anécdotas vividas por los capitanes en sus unidades nos hacía “soñar” con nuestros futuro y pensar que el final estaba cada vez más cerca. En estos pequeños eventos, aprendimos que en el E.A las ocasiones para disfrutar un rato con los compañeros son muy importantes, ya que el día a día de nuestro trabajo no deja tiempo casi, para hablar y compartir una cerveza con los hombres con los que luego te juegas la vida en el cielo.

Y por fin llegó el final de 4º, y con él, el viaje de fin de curso. Las promociones anteriores habían visitado Argentina, Canadá, EE.UU. …, estábamos impacientes por saber cuál era nuestro destino!!, y … sorpresa!!! Egipto nos esperaba. Seguramente nadie lo hubiese elegido como destino para pasar una semana con sus hermanos de promoción, pero la verdad es que fue un viaje muy interesante culturalmente. No sé qué recuerda cada uno de aquella expedición, pero de lo que estoy seguro es que todos recordamos el vuelo de 7 horas en Hércules llevando el traje de paseo y como no, de los pantalones rosa del “Isra”.

Llegó el momento de separarnos, iniciaba así el principio del fin, las respectivas escuelas de reactores, transporte, helicópteros y ETESDA, nos acogían para terminar nuestra formación antes de recibir el ansiado despacho y poder devolver a la “mili” al menos, lo mismo que ella nos había proporcionado durante los últimos 5 años.

El primer recuerdo o impresión de aquel año es la sensación que se experimenta al salir de la Ribera!!, hay mundo más allá de Mar Menor!. Además en las distintas escuelas el trato de alumno es algo diferente al de los 4 años anteriores, se parece más al de una Unidad, se acabó el que “te lleven de la mano” para todo y eso, al principio, impresiona.

A pesar de estar separados ese año, aprovechamos un par de fines de semana para volver a juntarnos y comprobar que nada había cambiado (me atrevo a decir que a día de hoy seguimos igual, con menos pelo algunos pero con la misma caraja). En febrero había que visitar los carnavales de Badajoz, los de Granada y Salamanca cogieron sus trajes, no los de romano sino los de torero y picador y ale, como buena cuadrilla todos juntos al albero. ¡Nos fabricamos hasta nuestro propio burladero!, alguno desapareció aquella noche y se despertó a ca’ las “yayas” rodeado de crucifijos y velas!! Pensaba que lo habían raptado para robarle algún órgano, pero no, había llegado allí por su propio pie...La verdad es que fue un fin de semana que jamás olvidaremos.

En junio de 2007, ya con el curso de especialidad completado nos volvimos a encontrar en la Ribera, en el tercer edificio, ¡de nuevo nave corrida!, el ciclo se cerraba tal y como había comenzado en septiembre de 2002. Y pasamos el último mes entre risas, ensayos y más de un arresto, el Jefe de Curso que se nos asignó para ese último mes en la AGA, pensó que tenía el cometido de ajusticiar a toda la LVIII en sus últimas semanas en la Cueva!!, batió record de sanciones en un solo mes. Siento decirle desde estas líneas que su esfuerzo no sirvió para nada.

Finalmente el 10 de Julio del 2007, en un día con un cielo azul resplandeciente, lanzamos nuestras gorras al aire delante del entonces Príncipe de Asturias hoy Rey de España, Don Felipe VI. Habíamos finalizado nuestra formación, nos esperaba una vida increíble, una vida que solo unos pocos afortunados pueden vivir, una vida al servicio de España surcando los cielos en defensa de nuestra patria a bordo de nuestros aviones.

Había llegado el momento de separarnos definitivamente de nuestros 38 “hermanos”, aquellos con los que tantas fatigas y satisfacciones habíamos compartido, aquellos con los que no compartimos sangre pero por los que daríamos la vida sin pensarlo. Un abrazo a todos. “Duc in altum”. ¡Viva la LVIII!.

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