LV Promoción

La 55ª promoción de la Academia General del Aire ingresó un miércoles de un caluroso y emocionante verano, en 1999, concretamente el 1 de septiembre.

Tras el sonoro y por muchos no esperado grito de diana, despertamos los 34 miembros de la LV. La formábamos 31 caballeros y 2 damas, cada uno de su rincón, complementados por Amphan Jantra, el primer cadete tailandés de intercambio en nuestra AGA.

Nuestro primer día en la que más tarde conoceríamos como cueva, se recuerda intenso, sudando y corriendo por todas las dependencias hasta acabar en el campamento de los Alcázares. Supongo que, para muchos de los que leen éstas líneas, este campamento esboza una sonrisa de buenos recuerdos mezclados con momentos de gran sacrificio. La ilusión de un camino que comienza es común para todos los que pasamos por allí. Los irregulares mostachos (dejados a propósito) de la 52ª que nos daba instrucción, los baños obligatorios rodeados de medusas en el embarcadero, los gritos de “no hay sol” del entonces Comandante Ojeda son algunos de los recuerdos de la LV, añadidos a las vivencia comunes de los que nos precedieron.

La cueva, pasado ya el campamento, nos trajo risas, nervios por lo desconocido, y entre otras cosas: normas, muchísimas normas. Y allí estábamos nosotros para romperlas, queriendo o sin querer, obteniendo en primero una media de 85 días de PSU y siendo el medallista nuestro querido Isildur, con 103 días. De ahí que el lema de la LV sea “Nada que alegar”.

Cuando ya pasaron unas cuantas semanas, la rutina venía aderezada con las particulares manías y acoples de cada uno de nosotros. Recordando con una sonrisa aquellos momentos puedo nombrar los juramentos del Care al toque de diana, mezclados con los silbidos de Quintario entonando aquel anuncio del BBVA; los seis vasos de zumo y de leche que se papaba Carrillo cada mañana ante el asombro de los demás; las protestas de la promo por el desagarbado y largo paso de Olalla (guía) en formación yendo a clase; los gritos y vítores de “Matallana superman” en cualquier tránsito de autobús; el descaro de Carrillo sobando en clase en primera fila, acompañado de los bufidos de protesta del Lion y Ceca; la velocidad de las manos de López G. judeando la paloma en paseo; los gritos de “Pena la luuuuuz” antes de silencio; los atronadores ronquidos de Manzano …

Fueron muchos los días de arresto, pero los pasábamos con dignidad y aprovechando para divertirnos lo que podíamos en cualquier situación. Las tardes que salíamos inundábamos el callejón y, si no salíamos, el pabellón de alumnos. En cuanto a juerga y cante no andábamos mal, o sí, sobre todo por el cante … cantábamos de pena. Gracias a nuestras “dulces” voces y a la perenne falta de ritmo de muchos, estuvimos la friolera de tres meses cantando a diario antes de retreta todo el Cancionero de la AGA. Algunas cuerdas vocales nunca han vuelto a ser las mismas.

La vida de cadete en nuestra promo y en nuestra época de la cueva, a grandes rasgos fue como la de las anteriores, las de ahora y las futuras. Nosotros hicimos todo lo que se hacía hasta que la preparábamos gorda y se dejaba de hacer, como todas las promos, supongo. Los asaltos a la escalera entre primero y segundo fueron muchos en primero y dos en segundo, hasta que varios cuadros del sexto edificio y alguna conmoción en el segundo intento cesaron los demás. Creo que nunca debimos meter los zapateros de madera junto a las toallas en el saco de la ropa. El primer y único asalto al edificio de tercero acabó con un masclet (petardo valenciano, enorme) retumbando en la plaza de armas y costándonos 30 vueltas a la misma. Las escaramuzas nocturnas de fin de semana, se acabaron cuando descubrimos que sí había cámara en la tercera garita, la que da a la playa, intentando salir atraídos por el sonido de la feria de abril. Los viajes fantasma en K2 y windsurf en los fines de semana bajo arresto se acabaron cuando tuvimos que llamar a Apoyo Marítimo para que recogiera a algunos en la Isla Grosa porque no había bemoles a volver…

Ya de alférez, tuvimos dos bajas transitorias, las de Olalla y Trejo, que inauguraron de conejillos de indias el primer intercambio semestral con la USAFA (United States Air Force Academy), al que luego siguieron muchos, incrementando el número a cuatro alféreces. Tras el primer trimestre comenzó para nosotros el ansiado vuelo, dichosas horas de cabina con la foto doblada de la pillán. Ahora, tuvimos todos el orgullo de lucir la T rapada y acabar el curso sin bajas. De hecho, la fiesta de fin de curso en la Elemental se recuerda con una sonrisa por todos.

Lastima que ya en cuarto, en su último vuelo, perdimos las alas de Carrillo … si no hubiéramos sido una promoción volona del primero al último.

En Cuarto se nos unieron Colme, Ramos y Luengo, tres valientes de promoción interna que se atrevieron con coraje a sufrir la cueva de nuevo. Excepto los tres nombrados, que seguían su línea paralela al vuelo, todos recordamos cuarto como un año duro que te exigía una aplicación completa al estudio además del vuelo, difícil de por sí. Supongo que nuestras nuevas generaciones pagan este esfuerzo desde el principio con la implantación del CUD, no les arriendo la ganancia. Pese a ello, todos lo conseguimos y ahora nos vemos las caras con las arrugas de las G´s, y las vibraciones y las ojeras de los CRC.

Tras el fin del cuarto curso, la LV consiguió finalizar sin tacha, continuando su travesía por las diferentes escuelas, desperdigando sus fuerzas entre Talavera (13), Armilla (5), Salamanca (15) y Alcantarilla-Cuatro Vientos (4). Recibimos el despacho de Teniente el 6 de Julio de 2004 y la gran mayoría de los nuestros siguen poblando las unidades y cuarteles generales de nuestro Ejército del Aire.

Escribiendo estas líneas, mientras intento hacer memoria de las especiales anécdotas de algunos y de todos al mismo tiempo, no puedo evitar recordar a dos personas en especial, Amphan y Dani. Amphan, nuestro pequeño tailandés, que formó parte de nuestras vidas y del que nunca más supimos. Ojalá lo encontremos, aunque sea para las bodas de plata. Y nuestro querido Dani Pena, nuestro único compañero fallecido, que nos dejó en acto de servicio en su amado atlántico. Nunca olvidaremos tu sonrisa y tu buen humor contagioso y esa tranquilidad gallega que nos inspirabas en momentos difíciles … ata máis ver Dani.

Para el resto de mis compañeros, espero haber hecho honor a vuestros recuerdos y, pese a que no se puede resumir tantas vivencias en mil palabras, haberos hecho recordar tiempos felices y sacaros una sonrisa, esa que teníamos el día que ingresamos, un caluroso miércoles de un emocionante verano.

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