V Promoción

Corría el año 1949, cuando desde distintos puntos de la geografía española llegaban a Santiago de la Ribera los componentes de la 5ª Promoción de la AGA. Habían pasado los exámenes de ingreso para ocupar las plazas previstas de las escalas del Arma de Aviación, Arma de Tropas y Cuerpo de Intendencia del Ejército del Aire. También se incorporaron los admitidos para los Cuerpos de Intervención, Jurídico y Sanidad.

Llegaban, muchos casi adolescentes, con variados sentimientos, propios de quienes tenían la ilusión de formar parte de una profesión atractiva, de quienes se incorporan a tareas y lugares desconocidos, de quienes esperan tener resuelto el propio futuro, de quienes vienen motivados por una tradición familiar y, también, cómo no, de quienes habían tenido un profundo deseo de servicio a la Patria y a la Sociedad.

El encuentro con las particularidades propias de la vida militar (uniformidad, horarios, revistas, disciplina, etc.) tenía que ser, naturalmente, complicado para los novatos; pero pronto la temprana edad haría que no resultara difícil acomodarse a las nuevas exigencias. Resulta imposible olvidar las tempranas formaciones y revistas, la hora de estudio mañanera con aquel cafelito que tan bien entraba (aunque de café tenía poco), la hora de paseo vespertina, también las revistas de taquilla y armamento, y la dureza de la instrucción militar, sobre todo la de aquellos que tenían que prescindir del paseo de la tarde para convertirse en protagonistas de "el Caimán". Sólo los más afortunados o más listos incluidos en el "Cuadro de Honor" gozarían del privilegio de pernoctar algún fin de semana fuera de la Academia, en Cartagena, Alicante o Murcia.

La falta casi absoluta de experiencia incidió en el ánimo de muchos, cuando fueron "testigos cercanos" del primer accidente de vuelo, el Ju-52 de la AGA que se estrelló en Tobarra a poco del comienzo del primer curso de la carrera. Pero la vida y las actividades tenían que continuar su trayectoria y así creo recordar que, entre otras particularidades, la Promoción pudo formar parte del reparto, si no ser protagonista, de novedades como la incorporación de la equitación en la enseñanza o el pasatiempo en la vida del cadete; la experiencia en la conducción de la motocicleta (Guzzi por cierto), o la enseñanza de vuelo en aviones de reciente incorporación en el Ejército del Aire, como el HS-42 o la avioneta HM-1 y también, quizás, los primeros vuelos nocturnos a bordo de la Bucker.

A final de cada curso, era normal realizar ejercicios militares en un campamento en algún lugar fuera del recinto de la Academia. Para uno de ellos, creo que en una costa cercana a Guardamar, el traslado se realizó en varios autobuses "Pegaso" de reciente incorporación a la dotación de material de la AGA y "novedad", pues era quizás el primero de fabricación nacional.

Por supuesto, la Promoción también formó parte de las fuerzas que se trasladaban a Madrid con motivo de las paradas militares de los "Desfiles de la "Victoria". Fue ya en el que tuvo lugar en 1.953 cuando la Promoción estaba finalizando su formación. También debe señalarse que componentes de la Promoción serían los primeros en realizar los cursos de vuelo en los Estados Unidos incluyendo en ellos el material reactor, aunque fuera ya tras haber finalizado la formación en la AGA.

La Promoción sufrió también, cómo no, el azote del accidente aéreo incluso durante la permanencia en la Academia con una incidencia tal vez excesiva y la pérdida temprana de algunos compañeros que no llegarían a formar parte de las escalas de oficiales del Ejército del Aire.

Ya al final de la carrera casi se cierra el conjunto de actividades para la Promoción, con el viaje de fin de curso a Mallorca y Portugal para los de Servicio de Vuelo, por cierto a bordo de un avión Junker 290, pieza única en la dotación de material del Ejército del Aire, y a Madrid y Toledo para los componentes de Servicio de Tierra e Intendencia. Curiosamente, en esa visita bastantes componentes de los visitantes a Portugal pudieron presenciar por vez primera el vuelo de aviones reactores que este país tenía ya en su dotación, el Vampire, en el que además algunos pudieron incluso volar.

Cabría citar algunas singularidades que destacarían las diferencias que existen entre la vida y la formación de los alumnos de entonces y de los actuales, así como también en las facilidades materiales disponibles entonces y ahora. Por ejemplo, la formación se limitaba a los aspectos militares y técnicos, éstos últimos mucho menos avanzados que los actuales por cierto, frente a la universitaria añadida de ahora; la uniformidad era obligatoria y permanente en cualesquiera circunstancias; la vida era prácticamente de internado y ahora es menos exigente. Y en cuanto a facilidades para la existencia las diferencias son muy notables, producto entre otras razones del progreso económico actual de España. Por señalar algunas, entonces los edificios (las escuadrillas) no contaban con camaretas más que para los galonistas, había que ducharse normalmente con agua fría, los alumnos no tenían coche a su disposición (bueno, tampoco los profesores) y, en cuanto a la comida baste decir que era muy corriente, sino casi diario, el desayuno a base de las "migas a la labradora".

Es evidente que a lo largo de cuatro años de permanencia de tantos en la Academia, la cantidad de experiencias y anécdotas vividas por los componentes de la Promoción es notable como lo será, seguro, para otras promociones. Exponerlas sería interesante; pero además de su número tal vez excesivo, narrarlas, aunque se hiciera resumidamente, requeriría una capacidad de la memoria que la edad, después de casi setenta años ha limitado notablemente. Tal vez podrían citarse las vividas personalmente, pero no sería lo correcto porque de lo que se trata es de señalar lo que atañe a la Promoción y no a las personas individualmente.

Como para todas las promociones llegó el final de la formación académica, acogida con la ilusión propia de quienes piensan que también se pone término con ello a la dureza de una vida marcada por la permanente disciplina y también, por supuesto, con la esperanza de quienes comienzan una etapa que se vislumbra prometedora. No se sabía en ese momento que las actividades profesionales del militar van a llevar siempre impreso el sello de la disciplina, así como, en esta profesión, y en todas, la formación no se ha de limitar al periodo académico sino que tiene un carácter permanente.

Los componentes de la 5ª Promoción han contribuido a las tareas profesionales propias de quienes han formado parte del Ejército del Aire, para que el conjunto de las Fuerzas Armadas continúe prestando servicio a la Sociedad y a España, con el objetivo de hacerlas más seguras, más desarrolladas y más respetadas en el mundo. Sirva ello además, para que los caballeros y las damas cadetes actuales y del futuro puedan seguir el ejemplo de los componentes de las promociones anteriores.

V Promoción