XLVIII Promoción

XLVIII PROMOCIÓN

1992, S.M. el Rey Juan Carlos I inaugura la Exposición Universal de Sevilla en abril y en julio la XXV Olimpiada en Barcelona; España en el V centenario del descubrimiento de América se encontraba, más que nunca, en el centro de un panorama internacional en el que se estrenaba la Unión Europea, comenzaba el conflicto en Bosnia y el desconocido Teniente Coronel Hugo Chávez daba un fallido golpe de Estado en Venezuela. Pero a nosotros, los 49 de la 48 promoción, lo que nos importaba era que, por fin, habíamos ingresado en la Academia General del Aire después de unos meses (entre 12 y 36) de duro trabajo.

El 2 de septiembre, junto con la primera promoción de la extinta Escala Media Operaciones Aéreas (EMOA), llegábamos a la AGA, “sita en el marco incomparable del Mar Menor”, muchos de nosotros en un “moderno” autobús del EA desde la estación de tren de Balsicas.

El primer día, como el de tantos antes de nosotros, estresante para todos y el peor de su vida para algunos, menos para el afortunado que “ingresó” también pero directamente en la enfermería: recogida de baúles, gritos desaforados de unos energúmenos con pinta de Legionario, la primera formación vestidos de civil (nuestro primer “en descanso, firmes Ar, a cubrirse Ar!!!”), preparar la mochila para el campamento del día siguiente…por cierto qué es eso del campamento¿?qué meto en la mochila¿?cuántos días son¿?con dos calzoncillos me valdrá¿?

Por la noche, después del “paseíllo” del alférez, por supuesto la mayoría no teníamos ni idea de lo que era un alférez, algunos salieron en pijama a hacerse unas fotillos colgando de los planos del T.6, por suerte, no les pillaron.

Así, el martes 3 de septiembre aparecimos en el Acuartelamiento de los Alcázares (en aquella época Centro de Adiestramiento de Seguridad y Defensa del Ejército del Aire CASYD), fuimos los primeros de tres promociones que hicieron el campamento allí en lugar de en el Carmolí. Allí empezaron realmente los problemas, el más impactante el idioma: Chopo, hacer un pabellón con los chopos, generala, hora de paseo, clavar tacón, tubo, por derecho, blocarse, coger piñón, tranvía, caimán, correaje, hacer el bolo, dar el número, el TBS, rebajado de botas o de deporte, “culata-cañon”…pero sobretodo, la exigencia física y psicológica, tener que pedir permiso para todo (Mi Alférez, permiso para rascarme…donde…en la entrepierna…), el deporte antes de desayunar (y de amanecer), instrucción a todas horas, duchas corridas en 5 minutos (Mi Alférez, me han cogido mis calzoncillos limpios…Póngase usted el que queda…no es mío y está sucio mi Alférez…tú verás el último que salga va al caimán en la hora de paseo…), comer todo lo que pudieses antes de que gritasen “en pié” chorreando sudor en la comida, temer el “fuera gorros” que precedía a otro “de frente..paaaso ligero” cuando ya no podíamos más, vamos un campamento de verdad y, según nos dijeron, con record de generalas (33).

Nuestro primer curso fue un año de estrenos, estrenábamos nuevo plan de estudios, que incluiría asignaturas de universidad a lo largo de los cinco años, la primera mujer en la extinta Escala Superior, la primera promoción en la que todos volaríamos en tercero (aunque alguno todavía pensaba que había ingresado en Intendencia) y también los primeros sin el uniforme blanco. Acostumbrarse a la incomunicación con el mundo exterior fue quizás lo más difícil los primeros meses, no existían los móviles ni internet, había solo dos cabinas de teléfono para todos los alumnos y los límites de la geografía académica eran estrictos: el “triángulo pequeño” (San Javier-San Pedro-Los Alcázares) hasta la Jura y, después, cuando por fin pudimos dejar de correr a todas partes (gran tradición), el “triángulo grande” (Alicante-Murcia-Cartagena). El día de la Jura también fue nuestro adiós a nuestros compañeros Ingenieros (Castellanos, Peña y López) ya Alféreces.

A partir de ahí, incluso nos dejaban “ir de Trikend” en ocasiones (si no habías empalmado 3 meses seguidos de “tubos”), dormir dos noches fuera de la Academia se convirtió en la mejor recompensa que se podía esperar. Nos enseñaron a desfilar como solo “el Aire” sabe ocupando todo el ancho de la Castellana, a hacer nudos poniéndonos en grupos (de dos en tres…) y a camuflarnos con pintura verde marca Pelikan. Por nuestra parte y gracias a la voz de Emilico convertimos “Amapola” en nuestro himno de promoción que fuimos perfeccionando a lo largo de los años de Academia en reuniones, cenas y, más adelante, en nuestras bodas. También convertimos en tradición, cuando estábamos arrestados, ver el partido grabado España-Malta (12-1) para la clasificación de la Eurocopa del 84 y siempre cantábamos los goles como la primera vez.

Así tras infinidad de clases, informática (MS Dos y Basic con modernos diskettes de 3”), tiro con el Cetme, “chopeo con el Mauser”, lanzamiento de granadas (la famosa POIA), caimanes por la “M-30” y la “M-40”, deporte, pista americana, sanciones (que no arrestos) e incontables servicios de cuartelero, llegamos a segundo. Ya éramos Caballeros Cadetes de segundo en lugar de “#### nuevos”, la forma física no era un problema, hasta contaban con nosotros para los intercambios deportivos con las Academias de Alemania, Marruecos y Francia, “dar grasa” al armamento no era ya un misterio y habíamos superado la “caraja” de primero.

Las sanciones, aunque menos, siempre iban acompañadas del “chorreo”…vamos a ver que usted está ya en segundo…Recibimos infinidad de conferencias sobre interesantes cuestiones como “el Alfaqueque Murciano”, hicimos multitud de marchas, poníamos los “gastadores” y sobrevivimos al ejercicio “Devas” (De evasión) en el que una bengala casi provoca un grave incendio, demostrando que un CETME cogido por la “bocacha” sirve para apagar un fuego a golpes de “culata”. Pero, en este curso, el problema eran los estudios, íbamos de “Búho en Búho” y al final perdimos dos compañeros que pasaron a formar parte de la 49 promoción (de “rojo par” a “azul impar y pasa…”), la maldita electrónica de la Universidad de Cartagena hizo estragos. También fue el año del primer susto por accidente de tráfico porque, aunque tendríamos varios, éste terminó con Iván en el Hospital de Cartagena durante varios meses, felizmente sin consecuencias graves.

Los 47 restantes vivimos uno de los días más felices de la AGA el 11 de julio de 1994, cuando nos nombraron Alféreces Alumno, por fin pasábamos de nave corrida a camareta con nuestra neverita y dejábamos de hacer de cuartelero…o no?. Ese año estuvo marcado por la llegada a la AGA, por primera vez, de un General como Director, el General de Brigada García Rodríguez, con sus ideas revolucionarias y su Decálogo de 20 artículos¿?...quizás demasiado para aquella época. Para nosotros significó que los Alféreces dejaban de tener potestad sancionadora y de hacer servicios de “Galonista” de los Cadetes, pero lo más doloroso fue que seguiríamos haciendo servicios de cuartel en tercero y cuarto y que se prohibieron las neveras en las camaretas, que ya le habíamos comprado a los de la 47 y cuando sacabas un “Cuadro de Honor”, en lugar de “Trikend”, te daban libros de Cultura Militar. Por otro lado también se empezó a permitir el externado para tercero y cuarto o, simplemente, dormir el viernes y el sábado fuera, aunque esto terminase con algunos durmiendo en cajeros o cabinas de teléfono.

Comenzaba así un curso crucial en nuestra carrera, se decidía si seríamos de vuelo o no. Tras dos tandas de vuelo, las “sueltas” y sus correspondientes “Ts” rapadas en nuestras cabezas, cientos de Chandeles y vicisitudes en vuelo, en las que se demostraba que la coordinación y rapidez metal del ser humano es inversamente proporcional a la altitud (vira derecha…esa derecha no la otra!!!/Mío el avión…tuyo…Será suyo…mío…Que nooo!!!), la mayoría pasaba con más o menos fortuna la dura prueba de la “Tamiz” (gases, paso, booster, flap, motor,…o algo así), todos los demás pasarían a la Escuela de Navegación porque el curso de paracaidismo ya no estaba en el Plan de Estudios. También hicimos multitud de “prácticas de mando”, nos perdimos en orientaciones, aprendimos como se debe “neutralizar” a un centinela con el cuchillo…o a golpes con el casco y a dar conferencias sobre cualquier tema (desde el Fuera de Juego al accidente del Hindemburg pasando por la invasión de la isla de Granada).

Para nuestra promoción el cuarto curso estuvo marcado por el accidente de nuestro compañero y amigo Manuel Lapuente “Lapu”. El 3 de octubre de 1995, tras una repentina reducción de visibilidad, el campo pasaba a IFR y obligaba a los aviones en tráfico visual a proceder al fijo, en esa maniobra Manuel y su “proto”, el Capitán Maestro, se estrellan contra el Mar perdiendo la vida en acto de servicio. Fueron momentos difíciles para toda la promoción porque aprendimos, quizás demasiado pronto, que la aviación militar entraña un riesgo evidente. Desgraciadamente, ya fuera de la Academia, perderíamos también a Enrique Paniagua “Pani”, el 18 de febrero de 2004 y a “Manu” Regueiro, el 9 de mayo de 2015 en sendos accidentes aéreos.

Sin embargo, la vida académica debía continuar y, así, al día siguiente estábamos volando otra vez. Ese año, los que pegaron gritos desaforados a los “nuevos” eran de nuestra promoción, el Abanderado era Oscar, nuestro “Number”, hicimos Estratosféricos (sin duda los mejores en muchos años), un fantástico viaje de fin de curso a Venezuela (Caracas, Canaima e Isla Margarita), en el que incluso participamos en el acto conmemorativo de la independencia de Venezuela en su día nacional, 5 de julio, rindiendo honores al Libertador Simón Bolívar, que cosas...

En quinto vino la dispersión por especialidades, EEUU, Talavera, Salamanca, Granada, Madrid-EMACOT y, por primera vez, Cartagena para los TACO Navegantes, en lugar de EEUU (dudoso honor). También por primera vez, nuestro paso por las Escuelas fue fugaz y comprimido porque tuvimos que volver a la Academia, tres largos meses antes de la entrega de despachos, para terminar nuestro TAD (Trabajo Académico Dirigido) y hacer un intercambio entre las academias militares y la Universidad Carlos III, en el que los universitarios comprobaron que no éramos tan diferentes.

Por fin, el 7 de julio de 1997, los 46 Tenientes de la 48 promoción abandonábamos Santiago de la Ribera, en algunos casos para no volver hasta el día de hoy. Nos fuimos más felices de lo que llegamos e indudablemente con la aptitud y, sobretodo, la actitud militar necesaria para afrontar nuestros cometidos en nuestro Ejército del Aire.

Por lo demás…fruta, leche y pastelito.

En memoria de nuestros compañeros caídos en accidente aéreo: Alférez Alumno D. Manuel Lapuente Bujía (3 de octubre de 1995), Teniente D. Enrique Paniagua Mora (18 de febrero de 2004), Comandante D. Manuel Regueiro Muñoz (9 de mayo de 2015).

La 48, “Aunque nos piquen no caemos”:

Oscar (number), Javi Apa, Benito, Andrés, David Blázquez, Luis, Brili, Pez, Coti, Violeta, Dani Bob, Jimmy, Nacho Galindo, Burger, Toni, Dani, Carlos, Lino, Megal, Tomás, Peladio, Miguelito, Juata, Jose, Mazarro, Molina, Montoyita, Alex, Javi Otero, Paco Pepe Pablo, Iván, Marco, Juanjo, Moro, Javi Ramos, Santi Ruano, Nacho Eguilaz, Felipe, Javi Cenzano, Roberto Salazar, Edu, Emilio, Diego y Gonzalo.

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