XLVI Promoción

XLVI PROMOCIÓN

1 de septiembre de 1990, esta es la fecha de inicio de nuestra soñada andadura en la Academia General del Aire.

45 chavales (ya no tanto…pero es que ha llovido desde entonces…) nacidos entre 1969 y 1971...bueno, uno tardó más en llegar a este mundo, esperó hasta 1972 (nuestro Niño, siempre tarde) y luego recogimos por el camino a otro del 68, por el que nos peleamos dos promociones (será porque es la Pera…), tras su pulso -perdido- con un proto USA de inglés aeronáutico. De esta manera, en cualquier caso, ya cuadrábamos los 46 en la XLVI.

Pues eso, que allí estábamos con nuestras melenas civilonas (como las de Curi, nuestro número uno al entrar en la Cueva - “el rubito ese que lo hace todo bien” que decía Jarto-), que no hemos vuelto a ver, con las llamativas excepciones -por no decir otra cosa, Guru- de alguno que quiso experimentar tras irse a líneas. Aunque para hacer honor a la verdad, el Pasas siempre se las arregló para seguir luciendo tupé aquellos años.

Nuestra promoción fue la primera en la que entramos todos “de vuelo”, no teníamos, de ingreso, nadie de tropas ni de intendencia como las promociones anteriores. Bien es cierto que en tercero nuestra querida/odiada Pillán ya se encargó de solucionarlo, “abriendo el abanico” de especialidades con el que acabamos La Cueva a navegantes, controladores y seguridad y defensa.

De todas formas, lo nuestro era el vuelo, porque con los coches teníamos nuestros problemillas…Gimy lo perdió alguna vez -todo un precursor del “si bebes no conduzcas”-, el Curilla embistió -con un par- a un Land Rover (Barrosco sigue teniendo pesadillas), y luego tuvimos al Gudy haciendo vuelo sin motor desde el coche del Toro (el Vuece se quedó rosa del susto…y así sigue), al Zulu abriendo una puerta que faltaba en la Base de su padre e incluso al Pasas colocando (pero bien, bien) la matrícula trasera a un coche de la Benemérita. Y también éramos muy disciplinados, como el Poney, que vio a un proto (Zulu padre) fuera del “triángulo” (zona prohibida, riesgo de tubo de “tocho a muy tocho”) y se empeñó, como buen militar, en ir a saludarle (mientras Zulu padre hacía lo imposible por no verle y Zulu madre se partía de risa).

Volviendo a nuestra Cueva, en general, fue muy dura. Pocas promociones han aguantado tanto…en forma de reproche…que si no hicimos el campamento en el Carmolí (del CESAGA ya ni hablamos…); que si tuvimos “externado” en tercero y cuarto…; que si nuestros Capitanes/Tenientes de curso fueron siempre unas madres (un abrazo desde estas líneas a -los entonces- Cap. Ángel, y Tenientes Murcia y Espadas)…; que si; que si…Envidia….lo que pasa es que éramos -y seguimos siendo- unos figuras, como demuestra nuestra primera (que no última) mención como Escuadrilla Distinguida el tercer trimestre de primer curso…aunque eso lo pagamos el primer trimestre de segundo…nos estaban esperando…

Sobre nosotros mismos, comentar nuestra diversidad (Moros, Negros, Africanos, Rubias), viniendo desde todos los rincones de España (desde Gerona hasta Canarias) y hasta de más allá del Atlántico, como nuestro Tucu, cuya pregunta “mi Alférez, ¿dónde se guarda la cobija?” sigue esperando respuesta de nuestros galonistas, justitos en idiomas. Incluso tenemos un jarando, el Nakus (¡no vale buscar por internet, eh!, nosotros estuvimos años investigando). También tenemos al Jarto, dueño del copyrigtht de los uno/dos motes que nos puso a cada uno, con mención especial al “dos en uno” que le puso a nuestro querido Garibolo.

Paso ahora a hacer un sucinto resumen de lo que podría ser un día “normal” para nosotros en La Cueva durante nuestro primer año:

Nos levantábamos con el turuta -hasta ahí normal- y luego teníamos a Tuto con sus canciones de Boy Scout mientras se esforzaba en subir -él solo- todas las persianas de salto en salto. Para matarlo. De hecho, creo que los de esa zona, Pacoma (2x2, miedo verlo), Kraken (la bestia parda) y el Tucu (que nos llegó en estado semi-salvaje) se lo estuvieron pensando…El Nube dormía cerca también, pero él, hasta pasadas unas cuantas horas, ni sentía ni padecía.

Luego íbamos a desayunar, quizás con alguno (por ejemplo, el Pasas) con las zapatillas "avellana", en vez de los zapatos, para ganar alguna apuesta -normalmente en forma de yogures- y de vuelta un rato de "estudio obligatorio".

Nuestra siguiente actividad era "ir al cole" todos juntos (en formación y corriendo), cantando a varias voces algo del repertorio que nos enseñó uno de nuestros galonistas, tras los arreglos musicales de nuestro experto músico (el Toro).

Luego las clases, con el preceptivo "tubito" que caía si el proto llegaba tarde, había un poco de ruido en la clase y pasaba otro proto (entiendo que con retraso a su respectiva clase, mientras nuestro proto se calzaba a la suya, trabajo en equipo). Ahí caíamos todos menos Puskas, cuyos años de entrenamiento de pequeño saltamontes le permitían mantenerse callado solo con concentrase en su ansiado fin de semana en Alicante.

Después venían los nervios típicos "del cole", cuando el proto sacaba a alguno a la palestra (bueno, menos el Pep, que tiene 20 pulsaciones por minuto en sus peores momentos) y, por ejemplo, Minute "no captaba"…y el proto contestaba -léase en mayúsculas/arial bold/tamaño 60-: "pero qué coño tiene usted que captar?”.

La "venganza" vino un día de la mano de DumeneX con su famoso "eso está mallllll, mi comandante" después de advertir un error en la formulación de ese mismo proto…o eso pensamos todos…hasta que respondió con un calmado (sentándose, encendiendo un cigarrillo, en fin, recreándose...) “como quiera que yo nunca me equivoco" y no se había equivocado… pobre compi…

Otros momentos interesantes de clase fueron las autobiográficas al principio de primer curso. Susito casi nos hizo llorar, con Richi echamos cuentas de los dedos de una de sus manos (no preguntéis), y con Pinti…digamos que todavía no se llevaba eso de lo “políticamente incorrecto” … Después de las cornadas en clase, corriendo (siempre) a hacer deporte. Y si de camino había que dar novedades ¡al JEMA! -de visita por la AGA- pues nada, el jefe de clase nos para, nos cuadra -ese día tenemos suerte, no podía haberle tocado la papeleta a nadie más marcial-, le recordamos que no se lleve la mano a la gorra que no lleva, y …es que estábamos en primero… (¿verdad, Abellao?).

Una vez en el campo de fútbol…a correr, por donde sea, da igual…además, lo bueno de correr es que no puedes “coger piñón” (bueno, nuestro Virkiky sí, pero es un caso único, no lo intentéis en casa). Cuando acabamos de correr, corriendo -que manía- a la escuadrilla para la ducha y chorreo del alférez tras su pertinente revista de taquillas; sin ir más lejos recordar aquel "caballero cadete Moriarty dos días de arresto por ” (digamos que el alférez buscó por donde no debía…y encontró/tocó lo que no quería…).

Todavía "doloridos" de tan dura mañana, corriendo a comer (aquí generalmente el Pasas, el Moro y Momo se comían esos yogures que habían ganado por la mañana tras algún “no hay pelotas para…”). Algo de fijación teníamos con los yogures esos años, ya que nuestra Cabra también se iba zampando los que podía a la que se descuidaban un poco los de segundo…qué crack…

En seguida, corriendo a clase otra vez para que (sin un cafelito en el cuerpo) fuéramos pasto de los tubos por echarnos alguna cabezadita, antes de salir corriendo, cambiarnos de verde –el mimetizado de entonces- para hacer algún PAM GAR, IC o similar (no os preocupéis por las siglas, eran cosas distintas, pero siempre… corriendo).

Luego de vuelta (sí, sí…corriendo) para ducha, revista y -normalmente- tubo, pero da igual, estás en primero y antes de la Jura no sales. Además, en ese curso durante el día, algo haces mal…seguro…todos los días…y CAIMÁN (actividad en la que mientras te chillan, corres) y por fin, todos reventados. Bueno…menos el Taylor…pero es que es de Peñausende, no cuenta, como tampoco cuenta el Choto, de Cuenca -ni mil palabras más-, remotos lugares donde, suponemos, merendaban la pócima de Astérix y Obélix. El que también nos vino muy bien merendado fue el Nano que, sin embargo, en apenas unas semanas se quedó en la mitad de la mitad (-casi- sin exagerar); el increíble cadete menguante.

Después del Caimán otra ducha y “paseo” -corriendo- (por La Cueva), a cenar y (corriendo) a estudiar. La orden del día decía que "estudio" era hasta las 10:00, pero en realidad era hasta que llegase el Guru de tenis, ping pong, criquet, polo, tiro con arco, montañismo, submarinismo o piragüismo (esquimotaje gallego incluido -si alguien no sabe lo que es, que le pida el vídeo de 4’59’’ que usó una vez para una charla de 5’).

En los breves momentos de relax, entre la agitación arriba comentada, de todas formas, siempre había un rato para disfrutar de los Dire Straits del Pep, los Héroes del Silencio del Toro e, incluso, antes de que se perdiera, de la cinta de los Beach Boys del Guru.

Luego a dormir, con las series de flexiones que se hacía Richi, que Laxo decía que no debían ser sanas a esas horas. Muy de acuerdo, pero lo de la voltereta -jugándose el cuello- que hacía él para meterse en la cama, tampoco lo parecía…

Ya en la cama, cada uno con sus manías, algunos haciendo ruidos, como el Neuras, otros como el Gudy atizándole con la almohada para que dejara de molestar, Arbolito cantando gol (del Madrid) con el Capitán dentro de la Escuadrilla -dándonos una charlita antes de dormir-, en fin, lo normal. Luego llegaron los fines de semana en que podíamos salir a Murcia, sin pernocta todavía, lo que implicaba hacerlo todo (alguna copa, no más…) mucho más rápido…vaya viajitos de vuelta en el bus, (aunque el Cuspe no sé si se acordará de algo…) y luego vaya noches…las historietas/hazañas del Sapo, las acrobacias del Calvo, los rebotes del otro Calvo y, cuando parecía que se calmaba la cosa, alguien se metía -normalmente- con G.Rasines (de espoleta fácil y estallido escandaloso), y vuelta a empezar, en fin…Y eso que teníamos a los alféreces galonistas viviendo con nosotros, entiendo que haciendo un poco la vista gorda. Eso sí, cuando no estaban (su viaje de fin de curso en cuarto) …el Bombero provocaba pequeñas explosiones/incendios para que los del piso de abajo no invadieran a los de arriba -era necesario, venían armados con peligrosas almohadas, eran ellos o nosotros- y Momo hacía uso (y/o abuso?) de la bici de algún galonista… (lo siento, no puedo dar más detalles). El Nakus, además, suplicaba que se montara más lío a ver si nos sacaban a la Plaza de Armas ¡a correr! (menos mal que teníamos al Pelopo para apaciguarlo).

Pasando ya a otros años más tranquilos, comentar que en tercero empezamos a volar…y a hacer horas y horas de “cabina” …ante una foto miserable…eso habrá cambiado, ¿no? Pero bueno, es que nosotros somos de la época de los partes de novedades con máquina de escribir y papel calco…qué retraso…y de tres o cuatro cabinas telefónicas para que tropecientos cadetes/alféreces llamaran a sus novias. Eso sí, en un alarde de modernidad, con nosotros llegó el externado, llegaban “los nuevo tiempos” a la AGA. Unos cuantos de entre nosotros (los más fiesteros, qué os vamos a contar) escogieron esa opción, que les trajo algún que otro tubo, normalmente (claro) los sábados por la mañana…Otros, como el Barby, optaron por una solución intermedia, vivían en la Academia hasta el viernes, y a partir de ahí, con unos cartones (ya le hubiera gustado) en algún portal…

Fue una época de cambios, en la que a los de primero y segundo se les pasaba revista mientras los de tercero y cuarto nos hacíamos bocatas de panceta que olían en toda la Plaza de Armas…no podía durar mucho…y no duró. Cuando acabamos cuarto les vendimos nuestras neveras y microondas a los que pasaban a tercero…y al inicio del siguiente curso…todo prohibido de nuevo…pobres…

De esta manera nos plantamos en quinto, donde comienza la diáspora a distintas escuelas por toda España (Salamanca, Granada, Talavera, Alcantarilla y Madrid) y en Estados Unidos, para nuestras distintas especialidades. Quinto fue un año, supongo que como ahora, que vivimos muy deprisa; empiezas a dejar atrás la etapa de alumno y comienzas la de profesional, muy distinta, con otras metas profesionales y además familiares.

En resumen, buenos años vistos ahora con cariño desde la distancia.

Y, por último, desde estas líneas un pequeño recordatorio de los compañeros que nos dejaron desde nuestra salida como tenientes. Siempre en nuestros recuerdos y en nuestros corazones la amplia sonrisa de Antonio y su perenne optimismo; la callada picardía de Ricardo; el aire siempre despistado de nuestro querido Paco; la intensidad con la que lo vivía todo Luis; la generosidad y entrega a los demás de José Luis; y el incansable trabajo de nuestro número 1, Jesualdo.

Con Dios, compañeros.

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