XLIV Promoción

XLIV PROMOCIÓN

El Teniente, profesor de servicio aquel día, entró en la nave…era de naturaleza afable, pero además aquellos eran sus cadetes, que hacía algo más de un año habían entrado como “nuevos” y a los que había recibido e instruido durante el primer curso. Siempre que el Teniente tenía servicio, se pasaba a charlar con sus “cachorros” tras el toque de retreta.

- “Buenas noches, ¿qué tal van las cosas ahora por segundo?”.

¡El silencio era total! Sin embargo, habían pasado poco más de 15 minutos desde que el turuta tocó “silencio”; era imposible que todos en la nave estuviesen ya dormidos. Cualquier otro en su lugar hubiese encendido las luces y sacado a correr a aquel grupo de cadetes díscolos. Pero el Teniente los conocía bien, y sabía que no eran así, por lo que volvió a repetir:

- “Buenas noches. Pero que os pasa, ¿tan cansados estáis que ya os habéis dormido?”

Silencio absoluto. Estaba empezando a pensar que le estaban haciendo “vacío”, pero esa promoción no podía hacer eso al Teniente. Convencido de que todo el mundo dormía, dio la vuelta al extremo de la nave, y encaró la salida intentando ser sigiloso para no despertar a nadie. Le quedaban 10 metros para llegar a la puerta cuando de repente, sin señal previa, y en medio del silencio de la noche, se oyó el estruendo de 40 carcajadas sonando al unísono. El Teniente se frenó en seco.

- Peroo… ¿qué os pasa? ¡Estáis muy raros!

Silencio…Pasó un minuto, sin más señales de presencia humana que alguna que otra respiración en mitad de la oscuridad. El Teniente, mitad confuso mitad confiado por estar entre sus cadetes, volvió a andar vacilante hacía la puerta. No había dado dos pasos, cuando otra sonora carcajada volvió a romper el silencio de la noche murciana a orillas del Mar Menor…

La 44 corrimos como la que más ese primer día de Academia, pero jamás pisamos el Carmolí. Vivimos nuestro bautismo del aire con enorme pasión, pero como alumnos nos “soltamos” directamente en el culo-pollo. En muchos sentidos, fuimos una de las pocas promociones en las que se hicieron cosas distintas…podría decirse que éramos casi un experimento. Será justo valorar el resultado del experimento con la perspectiva del paso del tiempo.

No puede decirse que la 44, durante su paso por la Academia, fuese una promoción típica. No fue una promoción ejemplar, tampoco fue la más “monga”, probablemente ni siquiera la más unida. Pero quizás por todo ello es una promoción especial, completa, gracias a la aportación complementaria de todos sus miembros. En una palabra, la 44 era (es) una promoción con carácter. Seguramente desde fuera alguien diría que muchas veces ni parecíamos una promoción...es sabido que las apariencias engañan. Cierto es que algunas formas podían parecer más propias de hombres primitivos, pero no dejaban de ser síntomas de algo más profundo. Diariamente la ironía, el sarcasmo profundo, e incluso las bromas más pesadas, eran nuestro compañero de viaje. Pero eso no hacía más que profundizar en nuestra relación como grupo. Solíamos decir que el compañerismo había muerto en el campamento, lo cual era hasta irónico en una promoción que ni había pisado el Carmolí. Pero es que la 44 nunca ha hecho las cosas de cara a la galería; sólo mostraba como realmente era cuando la ocasión lo requería. Como aquella vez en la que un profesor desafió por última vez a la promoción que, formada y a paso ordinario, se dirigía a clase; “a clase se va cantando”…”repito, a clase se va cantando”…ni una sola nota salió de nuestras gargantas. Por motivos que no vienen al caso y de forma totalmente espontanea, en menos de un segundo, 60 almas tomaron una decisión unánime. Pese a la gravedad del hecho, pero precisamente por ello, alguien en ese momento se dio cuenta de que estaba tratando con un grupo distinto, sin fisuras, una “piña”. Quizás ese profesor fuera de los primeros en darse cuenta del carácter de la 44; y seguramente por eso, pese al desplante, dio media vuelta y marchó sin tomar ninguna acción.

La 44, durante sus años en la Academia, vivió experiencias extraordinarias. Sufrió y disfrutó, como tantas otras, los concursos de clavos en la piscina, o la noche del nuevo (plantando la moto de un profesor de servicio en la rama de un árbol, presta a caer como fruta madura). Pero también fue única en muchas vivencias que pocos saben. Como aquella vez que un famoso profesor de servicio nos sacó a las 12 de la noche a la plaza de armas. El hecho puede parecer ciertamente cotidiano en la vida de la Academia de entonces, pero no lo eran las causas. Aquella noche la Escuadrilla parecía una batalla campal, incluido mares de agua mezclado con papel que corrían por gran parte de las naves y las escaleras, fruto todo de una especie de histeria colectiva que parecía nadie podía controlar…todavía resuenan en nuestras cabezas las palabras de aquel Capitán, cuando paseando entre las filas de cadetes formados con el “chopo” en suspendan y los antebrazos temblando, se repetía en voz alta: “qué vergüenza, qué vergüenza, el número 1 y el número 2 juntos en la misma cama, ¡y con una guitarra!” . Entre risillas, nadie fue capaz de explicarle que la pareja de tonadilleros simplemente había encontrado refugio en una misma cama vacía, precisamente cuando dicho profesor hizo su aparición en la nave.

También, con casi toda seguridad, la 44 ha sido la única promoción en “tocar diana” a las 2:15 en punto el día previo al permiso de Semana Santa durante el primer curso. Y dicho y hecho, toda una nave acudió disciplinadamente a sus lavabos y, como todos los días, procedió a rasurar sus barbas, mientras el resto de la Academia dormía. Tras unos minutos cotidianos de agua y espuma de afeitar, un cadete descubrió el “timo” y entre risas todos regresamos a nuestras camas. Sólo que ahora la nave volvía a estar a oscuras, y hubo a quien le costó encontrar sus sábanas.

Y puede afirmarse que ha sido la única promoción en contar con su propio programa radiofónico. Tras horas de soldador y estaño, al construir la emisora FM, nuestro “técnico” se ganó el derecho a bautizar el programa: y así nació “Radio-gorro con pluma de azor”, más conocido en nuestro ambiente como Radio-gorro. El resto fue obra y parte de todos los miembros de la Promoción. Durante la semana se grababan (¡en soporte “casette”!) multitud de entrevistas, parodias, chismes, y declaraciones. Luego, la noche de los jueves a las 22:30 en punto, cada cadete de la 44 se arropaba en su cama con el “walkman” entre las sábanas, y tras sintonizar apropiadamente el dial de FM, se oía la melodía que nos hacía saber que estábamos a punto de disfrutar. Los siguientes 10-15 minutos de noche eran una sucesión de silencios y carcajadas, que además iban dando paso al ansiado fin de semana…

Con respecto a las demás promociones con las que compartimos años de Academia, la 44 se caracterizó por una convivencia fluida con el resto de los cursos, tanto con los superiores como con los que nos seguían. Todo ello también salpicado con multitud de anécdotas, como aquella vez que un cadete de primero de la 44, con poco más de un mes de vida en la Academia y estando de servicio de cuartel en Tercero, agarró a uno de los Alféreces de las solapas, lo levanto en el aire y le espetó a gritos “Me ha costado mucho ingresar y ahora se va a poner al teléfono…mi Alférez”. Con los cursos inferiores, nuestra relación a veces parecía inconstante, pero a la postre era fruto de la complementariedad de los miembros de la promoción. Un galonista de la 44 podía sacar a correr a los de 1º en paseo por la M-30 hasta hacer florecer viejas ampollas, mientras que otro esa noche sacaba su pequeño televisor a la nave para compartir con los Cadetes el partido de la Champions (bueno ha llovido ya, en realidad era la Copa de Europa).

Tuvimos que pasar por la experiencia más amarga que puede vivir una promoción durante sus 5 años como alumnos. Miguel Angel, nuestro número 1, perdió su vida en la carretera cuando regresaba de un permiso. El hecho de que sólo nos quedasen meses para la graduación de Tenientes lo hizo aún más duro. Sirvan estas palabras como merecido homenaje a la gran persona que era y a su intachable paso por la Academia.

La 44 dejó su huella en la Academia, no hay duda. Pero fue al salir de ella cuando se apreció de verdad todo su valor. Sus Tenientes primero, y Capitanes y Comandantes a los años, han marcado la diferencia en todas la Unidades en donde han servido. Desde las operaciones aéreas en los Balcanes, hasta las misiones de policía aérea en el Báltico, pasando por innumerables misiones de monitorización y observación por Europa, África y Asía, y por supuesto participación en grandes ejercicios (Red Flag, Anatolian Eagle, etc) así como innumerables misiones de transporte a casi cualquier lugar del planeta, la 44 tuvo siempre sus representantes. Y en cada una de estas actuaciones, sus miembros marcaron siempre la diferencia. Su historia como Tenientes Coroneles se está escribiendo en estos momentos, y serán los años venideros los que juzguen el resultado final, aunque es justo decir que a día de hoy parece que el experimento no salió mal en absoluto.

Luego, como todas las promociones, hemos tenido que aceptar que los mejores nos fuesen dejando. A Miguel Angel le siguieron Gabi, Dani, Manolo y Jaime. El resto seguimos en la brecha, sin poder evitar que nuestros recuerdos se disparen cuando volvemos a citar sus nombres, en una mezcla de pena y orgullo.

El Teniente no entendía nada. Volvió a intentar entablar conversación, pero ya nadie más contestó; ni risas, ni palabras. Desesperado, definitivamente abrió la puerta de la nave y encaró las escaleras, en la esperanza de que el resto de la promoción de la nave de arriba estuviese más receptiva.

El resplandor del hall de entrada al abrirse la puerta de la nave, hizo que el cadete que dormía en la primera cama de la nave se diese cuenta que el Teniente-profesor de servicio se encontraba en la Escuadrilla, y se disponía a subir al piso de arriba. Sin dudarlo salto de la cama, y corriendo en la oscuridad dio aviso de la circunstancia al “técnico”. Ese día, a través de las ondas de radio, y en mitad de la noche murciana se pudo escuchar: “interrumpimos nuestra emisión de Radio-gorro para avisar a los de la nave de arriba que el Teniente está subiendo. ¡Buenas noches 44!”

A nuestros compañeros, a nuestros ángeles…

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