XLII Promoción

XLII PROMOCIÓN

La historia de la XLII promoción de la AGA comienza con la incorporación como soldados aspirantes al Centro de Selección de la Academia General del Aire (CSAGA), en lo que hoy en día es el Acuartelamiento Aéreo de Los Alcázares, el 11 de septiembre de 1985. Fuimos la XIII y última promoción del CSAGA.

Por aquel entonces la formación en la Academia, en nuestra querida “Cueva”, incluía un curso de soldado aspirante (los de los cordones azul y rojo), dos de caballero cadete y dos de alférez alumno, que sumaban cinco años en tierras murcianas. Al finalizar la Academia, ya como tenientes, se realizaba la especialización con la que hoy en día se sale de San Javier. También a diferencia de lo que ocurre hoy en día, el personal del Cuerpo de Intendencia estaba en la Academia los mismos cinco años que los del Arma de Aviación.

Aquel 11 de septiembre de 1985 ingresamos en Los Alcázares 89 soldados aspirantes, sin diferenciación de Cuerpo, Arma o Escala. La vida en Los Alcázares era bastante austera, ocupando dos naves corridas de dos plantas como alojamientos. El estudio, las clases de COU, la instrucción militar y el deporte se realizaban a lo largo del día en régimen de internado, sin solución de continuidad. En diciembre prestamos nuestro primer Juramento ante la Bandera de la Academia en Los Alcázares.

Nuestro ímpetu y pasión durante el año selectivo, junto a las arengas y la exigencia de nuestro capitán, que nos impulsaba a “ir a muerte” en todo lo que hacíamos, y el hecho de que con nosotros “moría” el CSAGA, sirvieron para labrar el lema que nos dimos: “A muerte!... y lo matamos”.

Finalizado el curso académico, los soldados aspirantes nos convertimos en caballeros cadetes: 47 del Arma de Aviación, Escala del Aire; 24 del Arma de Aviación, Escala de Tropas y Servicios; y 9 del Cuerpo de Intendencia; y la XIII del CSAGA se convirtió en la XLII de la AGA, verde y par.

En septiembre de 1986, el lunes 1, nos incorporamos a la Academia General del Aire. Entre el material recibido aquel día estaba el baúl, el uniforme de instrucción de color verde, y nuestro inseparable “chopo”, fusil Mauser con el que tantas horas pasaríamos. Y al día siguiente ya estábamos camino del campamento en El Carmolí. No íbamos solos, nos acompañaban nuestros compañeros de los Cuerpos de Ingenieros, Sanidad, Jurídico, Intervención y Música del Ejército del Aire. También en El Carmolí se incorporaron los dos extranjeros de la promoción, ambos marroquíes.

El campamento tenía de todo menos comodidades. El calor, el polvo, las tiendas de campaña, las instalaciones sanitarias, la instrucción, el seguir corriendo sin parar, las guardias, el poco dormir, y las mil y una generalas contribuyeron, ¡cómo no!, a que el personal estrechara todavía más los lazos de amistad y compañerismo. De vez en cuando alguna pasada de una Mentor o un Culopollo nos permitía recordar lo que éramos, cadetes de la Academia General del Aire, justo en el momento en el que en España se estrenaba con éxito de público y taquilla una película americana que se llamaba… Top Gun.

Pasamos de las tiendas de campaña circulares de a 8, a un edificio de dos plantas en nave corrida, con las taquillas metálicas y el mobiliario que aparece en la película Alas de Juventud grabada en la Academia ¡en 1949!. Y en tal estado estaba nuestra escuadrilla que el techo del servicio cedió al peso de los años y nos pasamos una buena temporada yendo a ducharnos a uno de los edificios de camaretas que disfrutaban los de cuarto. Era todo un cuadro vernos en formación vestidos con albornoz.

Hasta la Jura de Bandera se iba corriendo a todas partes. Estudio, clases y deporte por la mañana, más estudio, clases e instrucción por la tarde, una hora de paseo (el que no estaba arrestado) para, entre otras cosas, poder pelarse, y más estudio componían la rutina del “nuevo”. La instrucción de orden cerrado (IOC) era una actividad que acaparaba buena parte del tiempo dedicado a la instrucción, siendo las pistas de obstáculos, o la gimnasia con armamento (culata-cañón) complementos indispensables. El arrestado empleaba el tiempo del paseo realizando otras actividades reconfortantes como instrucción de orden cerrado, gimnasia con armamento, se disfrutaba de un “caimán” (¿quién le pondría el nombre?), o con mucha suerte algo de estudio.

Entre semana no se podía salir del “triángulo local” (San Javier-Los Alcázares-San Pedro del Pinatar), mientras que el fin de semana se permitía extenderlo al compuesto por las ciudades de Cartagena-Murcia-Alicante. Por aquella época no estaba permitido a los alumnos de la Academia conducir coches particulares.

Mención especial merece para todo alumno de primero los acontecimientos que rodeaban a la Jura de Bandera, con las actuaciones de los Estratosféricos (preparadas por los de cuarto), el montaje sobre la vida del cadete (preparado por los de tercero) a base de proyectores de diapositivas (entonces no había ni PowerPoint, ni ordenadores PC, ni proyectores para hacer el montaje de otra forma…, ni se conserva copia de semejante documento gráfico), y sobre todo, en la víspera de la Patrona, la “noche del nuevo”. Y el 10 de diciembre de 1986, por segunda vez, juramos Bandera, esta vez en la Plaza de Armas de la Academia General del Aire, y esa noche estrenamos nuestros flamantes uniformes de etiqueta, que por aquel entonces eran de color claro la chupa y oscuro los pantalones.

Bien entrada la primavera también estrenamos nuestros uniformes de paseo de verano, de color blanco, con aquellos zapatos de tela que no había forma de mantener limpios. Y las bromas del pisotón con recochineo antes de la revista del sábado…

En julio de 1987 pasamos a segundo. Nuestro curso de segundo fue un año un poco especial. El hecho de que SAR el Príncipe de Asturias pasara aquel año en San Javier se tradujo en una increíble serie de cambios para la vida del Cadete. La euforia se apoderó de nosotros cuando se nos permitió conducir, tener nuestro propio coche en la Academia, salir de paisano los fines de semana, los pases de pernocta para los alféreces, y toda la particular “perestroika” que supuso la regia presencia entre el alumnado.

En el aspecto funcional nos trasladamos de edificio a otra Escuadrilla de nave corrida, pero con mobiliario nuevo con taquilla, mesa y silla de madera, y esas colchas de color verde que todavía siguen en servicio en la Academia. Y además estábamos al lado de las cabinas telefónicas que constituían nuestro único vínculo con familiares, novias y amigos en una época donde la telefonía móvil ni existía, ni se la esperaba.

A finales del mes de septiembre de 1987 la desgracia vino a golpearnos a todo el Escuadrón de Alumnos directamente a la cara. El Capitán Montaño y el Alférez Héctor de Haya se estrellaron con su Mentor, y nuestro compañero Christian perdió a su hermano. Fue el primer accidente aéreo que sufrió de cerca la promoción, pero por desgracia no sería el último.

También en este curso aprendimos qué significa una gota fría. La noche del 4 de noviembre no acabó con el tradicional toque de diana a las 06:15. Todos pudimos ver cómo una inmensa masa de agua inundaba la Plaza de Armas y se extendía hasta el Mar Menor sin solución de continuidad. La corriente por la Plaza de Armas nos permitía pescar de vez en cuando algún apreciado melón para llevar a la boca. Las actividades para aprovisionarnos de comida en los dos primeros días, y las de limpieza de barro nos tuvieron entretenidos durante casi una semana. Nuestras primeras competiciones “intercuevas” las jugamos en casa al poco de las inundaciones.

Otro hecho singular es que nos tocó volar en segundo. Durante la última parte del curso académico volamos 17 horas en la Escuela Elemental para realizar la primera criba al personal de vuelo. Pero es que además nos tocó estrenar avión. Mientras los alféreces de tercero volaban la T-34 Mentor, los cadetes de la XLII estrenábamos en segundo la T-35 Pillán. Las comparaciones entre ambos aviones fueron la comidilla de todos. En cualquier caso, a lo que a nosotros respecta, estábamos de conejillos de indias, cada día un cambio en las referencias del tráfico (85, pista, 85, pista,…), cada día un recorte en los alerones y comprobación del roce en la pintura… y la desgracia de que algunos compañeros vieran truncadas sus aspiraciones de ser piloto, pasando a la gloriosa Escala de Tropas y Servicios.

Y de esta forma llegamos al 14 de Julio de 1987, donde nuestra promoción consiguió el ascenso a alférez alumno, y nuestros abuelos académicos de la XL promoción recibieron sus despachos de teniente.

Nuestro tercer año en San Javier empezó con el desagradable descubrimiento de que las prebendas del año anterior empezaron a desaparecer. Nos trasladamos de edificio… para seguir en nave corrida.

También empezamos a cobrar, siendo nuestra primera nómina de algo más de 45.000 pesetas, de la que había que descontar los gastos fijos que se llevaban la mitad de esa cantidad. Puestos a recordar la gestión de los recursos económicos, en un momento donde no existían ni los cajeros automáticos ni las tarjetas bancarias, vienen a nuestra memoria los sobres con la exigua paga de soldado del CSAGA. Dentro de la “Cueva” teníamos una sucursal de la entonces Caja Postal de Ahorros, a la cual no podíamos acudir en horario laboral. Y aquí es donde entraba la labor del Alférez de Servicio de recopilar los cheques de todos, cobrarlos en la Oficina Bancaria, y luego repartir el dinero en metálico a los demás, algo impensable hoy en día.

El 10 de julio de 1989 nuestro número uno, el Topo, se convirtió en el Abanderado de la Academia, y SAR el Príncipe de Asturias y sus compañeros de la XLI recibieron los despachos de teniente.

El cuarto y último año de la Academia era de pura especialización. Los de Intendencia dedicados a sus estudios y supuestos; los de la Escala de Tropas y Servicios a dar instrucción militar a los de primero, a sus temas tácticos, a las reclutadas y al Curso de Paracaidismo en Alcantarilla a final del año lectivo; y los de vuelo dedicados a las actividades de la Escuela Básica y a desbravarse en el C-101.

Con el cambio de tercero a cuarto no nos cambiamos de edificio. En resumidas cuentas nos tragamos cinco años de vida comunal en nave corrida, lo cual contribuye sin duda a que los lazos de amistad y compañerismo sigan resistiendo los envites de la vida tantos años después.

En cuarto curso nos tocaron nuestros segundos campeonatos “intercuevas”, que en esa ocasión se celebraron en la Academia General Militar de Zaragoza. También nos tocaron competiciones deportivas con Italia, con Marruecos (de donde vinieron algunos magníficos ejemplares de camaleón), y con Alemania. En cursos anteriores habíamos competido también en Francia.

Para la Patrona nos mantuvimos fieles a la tradición y organizamos los estratosféricos. Los nuestros se bautizaron como Locosféricos 89, teniendo como hilo conductor las locuras que de una forma u otra todos tenemos.

Al final de cuarto llegó el tan esperado viaje de estudios, y a pesar de las grandes esperanzas que teníamos depositadas en cruzar el Atlántico, al final nos quedamos en Londres.

Al finalizar el curso y el viaje varias incertidumbres rondaban nuestras cabezas: la nueva Ley de Personal haría desaparecer el Arma de Aviación y sus dos Escalas, para integrarnos a todos en el Cuerpo General; para los de reactores, ya que una parte de la promoción se iría a EEUU a hacer el Curso de Caza; y para los de Tropas y Servicios, a los que se les daría la oportunidad de reconvertirse a vuelo.

En cualquier caso, la tarde del 5 de julio de 1990, 9 tenientes del Cuerpo de Intendencia, 29 tenientes de la Escala de Tropas y Servicios del Arma de Aviación, y 40 tenientes de la Escala del Aire del Arma de Aviación, con uniforme blanco y gorra azul, recibimos nuestros Despachos de teniente, y abandonamos el nido donde durante cinco intensos años habíamos recibido nuestra formación. Con nosotros también recibió su empleo honorífico nuestro compañero marroquí Karim, único alumno a partir de segundo de los extranjeros en la promoción.

Los accidentes y las desgracias hicieron que perdiéramos a cinco compañeros en el transcurso de los primeros 25 años de servicio. El 8 de mayo de 2015 celebramos nuestras Bodas de Plata. Julio Rodríguez Valdelomar, Christian de Haya Beyrer, Ignacio Guerra Arabolaza, José Ignacio Segura Amorós y Rafael Hernández Micó estuvieron presentes en el corazón y en la memoria de todos. Por desgracia, con posterioridad, la enfermedad se ha llevado también a Guillermo Blanco Quesada, con lo cual ya son seis los miembros de la XLII que nos vigilan desde lo más alto.

Para las estadísticas cabe mencionar que de aquellos 78 tenientes del 1990 quedan en activo 51 Oficiales, mientras que ya tenemos uno Retirado, 20 en Excedencia y los mencionados 6 fallecidos.

Para terminar queremos resumir nuestra historia añadiendo que el compromiso de servicio a nuestra Patria como Promoción lo adquirimos al besar nuestra Bandera, siendo soldados aspirantes, en diciembre de 1985. Ese compromiso y nuestros ideales se han mantenido a pesar de los años, y siguen estando profundamente arraigados en lo más hondo de nuestro espíritu, sin importar la forma que cada uno ha elegido para demostrar su amor por España.

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