XL Promoción

XL PROMOCIÓN

XL es la talla grande, decidida, sin complejos, orgullosa de serlo. Como lo es la XL promoción de la Academia General del Aire.

Nuestro antecedente primero hay que buscarlo en el Torreón nº 4 del Cuartel General donde, en verano de 1983, se publicó la lista de los 95 soldados aspirantes que formarían parte de la XI Promoción del CSAGA, cuarta de las que lo cursarían en el Centro de Selección de los Alcázares.

En este Centro nos presentamos el 12 de septiembre, de paisano, pelo largo, ojos como platos… y llenos de ilusión. Lucíamos orgullosos nuestros primeros cordones en el uniforme, azul y rojo; dimos los primeros pasos en formación, todos a una; aprendimos el credo de las Reales Ordenanzas, el Régimen Disciplinario y un buen número de términos que enriquecieron nuestro ajustado vocabulario: piltra, caimán, luta, proto, tubo, cuerno, paquete y otras referidas también a los arrestos que por decoro se omiten.

Dos fueron las actividades protagonistas; el estudio, entonces correspondiente a las asignaturas que conformaban el Curso de Orientación Universitaria (COU), y el orden cerrado, siempre origen de arrestos, principalmente para aquéllos cuyo apellido tenía rima: Aroca, cierra la boca. Vital, más vertical. Quiñones, eh, eh… da el número. La guinda al curso la puso nuestro primer contacto con un avión, ya que realizamos cuatro vuelos en la E.17 Mentor una vez finalizadas las clases.

Sin embargo, si tuviéramos que destacar un día de entre todos lo que pasamos en el CSAGA éste sería, sin duda, el 18 de diciembre, cuando por primera vez juramos la Bandera de España. Uno de esos días cuyo recuerdo te acompaña toda la vida.

Pasó el verano como una exhalación y de pronto, el 13 de septiembre de 1984, nos vimos en el Carmolí, con un sol de justicia, iniciando el campamento. ¡Ya éramos cadetes! Y además, contábamos con dos nuevos miembros en la Promoción: Fouad, de la Real Fuerza Aérea de Marruecos, y Ambrosio, de la Fuerza Aérea de Guinea. Pero a excepción del color de los cordones, ahora ambos de color rojo, poco parecía haber cambiado en nuestra vida militar. En esencia, seguíamos corriendo y haciendo orden cerrado. Sudando como pollos y gritando fuerte “¡sí, mi alférez!” “¡A la orden, mi alférez!” “¡xxxx (nº de filiación) mi alférez!”

El día más especial de Primer Curso fue nuestra Jura de Bandera como Caballeros Cadetes y primera fiesta de Patrona. Ahí estaba la XL Promoción, engominada, pajarita al cuello y dispuesta, siguiendo las precisas indicaciones de nuestro comandante, a bailar con todas las chicas. Las guapas y… las menos guapas.

De ese Primer Curso guardamos un recuerdo muy cariñoso del “Manzanita”, nuestro profesor de Deontología, el hombre que mejor nos entendía. Culto, ameno de escuchar, comprensivo con nuestra “angustiosa” vida de alumno y que, además, nos dejaba fumar en clase. Claro, es fácil de adivinar su cargo en la AGA,… era el Páter.

Aunque las visitas en este curso fueron por lo general bastante, como decirlo, “aburridas”, sí fue especial la tradicional a Murcia, para hacernos hijos adoptivos de la ciudad. Visitamos el Santuario de la Fuensanta, el Ayuntamiento y la esperada fábrica de la Estrella de Levante, donde nuestro nº 1 pasó a la posteridad por su invitación en el brindis a “…. (voz grave) entre todos, ¡¡levantemos una estrella!!...”. La comida en el Hotel 7 Coronas, inolvidable.

Aunque las anécdotas de este año, lógicamente, se cuentan a decenas, es habitual cuando nos juntamos la Promoción recordar la de nuestro capitán “la Monja”. Allí estábamos, bajo su supervisión, haciendo orden cerrado al mando de un alférez en prácticas de mando. Después de un error colectivo al cerrar filas, el capitán interviene para insistir en que no se debe obedecer una orden mal dada en el orden cerrado. Todo dispuesto, coge el capitán el mando y comienza a mandar:

“¡Arrr-MÉN, armas!” Nadie se mueve (ja, nos quiere pillar, pues íbamos armados).

“¡Armen, AR-mas!” (insiste el capitán). Nadie se mueve (a nosotros ahora con trucos).

“¡Armen arMÁS… Armás!” Nadie se mueve (sólo la esperanza del fin de semana permite mantener la risa).

“….. Oye, ¿cómo se dice?” Le pregunta al alférez. “Envainen, mi capitán”.

Pobre capitán. Consciente del “papelón” que había hecho le dijo al alférez: “Vale, sigue tú”. Y cabizbajo se marchó. Al doblar la esquina el alférez mandó descanso, a discreción, y la carcajada se tuvo que oír en el Cabezo Gordo.

Lo mejor de Segundo, o eso creíamos, fue que teníamos por debajo a otros en peores condiciones que las nuestras. Además, ya no cubríamos huecos en el comedor. Pero el espejismo duró poco. Ese año fue testigo de nuestros peores caimanes. Empezamos con los de ropa y terminamos reptando media tarde por el famoso Campo de las Calaveras, detrás del comedor, donde ahora hay un magnífico jardín para las fiestas de verano. Tampoco fue mejor nuestro desfile en Tenerife por el día de las FAS. Nos las prometíamos muy felices, pero no disfrutamos apenas de tiempo libre. Para “rematarlo”, a la vuelta, entre los que se comieron los bocadillos de los protos, dejándoles sin comida en el avión, y los que compraron artículos de voluminoso tamaño, un buen número de la XL promoción volvió arrestada. “Sois, sois…. me callo lo que sois”, dijo nuestro comandante visiblemente enfadado, poniendo punto y final a la aventura tinerfeña. Eso sí, el tubo al “Moro” Sendín mereció la pena porque gracias al televisor que compró pudimos ver en el Palomar todo el mundial de México.

Sin embargo, también vivimos con orgullo significativos momentos. El 11 de octubre de 1985, tuvimos el honor de participar, en la Academia General Militar, en la Jura de Bandera de SAR el Príncipe de Asturias. También, como ya éramos de Segundo, nos permitían formar parte de los equipos deportivos que representaban a la AGA. Eso sí, algo tímidamente cuando las competiciones se celebraban en otro país. Incluso llegamos a participar, aunque hemos de confesar que sin mucho éxito, en nuestro primer Inter Academias, en la Escuela Naval Militar. Como deportivamente no nos “lucimos”, nos vimos obligados a apagar nuestras penas con marisco y algo de ribeiro.

Pero todo termina. Llegó el verano y recogimos nuestro ansiado despacho de Alférez. Nos cosimos en la bocamanga una estrella de seis puntas y un cordón dorado en el gorro. Abrimos cuenta en la Caja Postal para el ingreso de la nómina y, lo mejor de todo, comenzamos nuestras prácticas de vuelo en la Escuela Elemental.

El paso a Tercero fue de gigante. Fuimos los primeros alféreces que no se alojaron en camaretas, pero estrenamos edificio y mobiliario. Ya no eran taquillas de hierro sino armarios de madera; teníamos cómodas sillas para el estudio y camas con colchones nuevos, todos ellos actualmente en servicio. Los fines de semana, desde el sábado al mediodía, nos podíamos ausentar de la Academia. Podíamos conducir y vestir de paisano. El cambio en el trato fue radical, se “podía hablar” con los protos y hasta las reuniones de escuadrón y escuadrilla eran divertidas. ¡Qué más se puede pedir!

Comenzamos los vuelos. Las sueltas en la E-17 Mentor trajeron consigo las famosas “T” grabadas en los cogotes que testificaban la “hazaña” de haber volado solos por primera vez… sin destrozar el avión. También empezaron los estudios específicos de los programas del personal de Tropas y Servicios y de Intendencia. Hicimos el curso de observador de aeroplanos en el T-12 Aviocar, también conocido como “caja de tubos”, cuyo mayor reto era bajarte del avión sin ser arrestado.

No faltan anécdotas de los días de vuelo que ayudan a definir el espíritu de la XL. El proto que se lleva mapas de Francia e Italia a la zona de briefing (la cafetería) y que cuando otro le pregunta “¿para qué quieres esos mapas?” levanta la mirada y le responde: “¡Estoy hasta los… de que mi alumno se salga del sector!” O el famoso tonel de ese alumno aventajado que a la directriz de su proto de: “Tienes que ladear la palanca más decididamente. Más decididamente” obvió levantar el morro 30 grados una vez alcanzados los 130 kts y, efectivamente, ladeó la palanca… decididamente. Resultado: el avión cayendo por el agujero y el proto, descompuesto, apresurándose a solucionar la situación. Por eso el Troglo es el Troglo y los protos son esos profesores cargados de valor y paciencia sin los cuales no hubiéramos podido vivir nuestra vocación aeronáutica.

Cuarto Curso estuvo marcado por la presencia de SAR el Príncipe de Asturias en la AGA ya que, aunque perteneciente a la XLI, estudiamos juntos algunas asignaturas y realizó con nosotros el Curso Básico de Vuelo en el C-101. También compartió camareta con dos miembros de la Promoción. Desde entonces, los componentes de la XL disfrutamos del honor de contar con la amistad y cercanía de nuestro actual Rey Felipe VI.

Otoño fue lluvioso. Bastante lluvioso. El viernes 6 de noviembre de 1987 la Academia apareció inundada, con un metro de agua. Las cacerolas de la cocina atravesaban flotando la plaza de armas rumbo al mar. Nos pasamos el día sacando coches particulares del Campo de la Calaveras. Lo mejor tras el desastre fue la oferta para la adquisición de vehículos que lanzó Wolkswagen para profesores y alumnos que hizo del Passat un verdadero protocar, fácil de identificar.

Llegó el invierno, pero no con ello la tradicional función de Estratosféricos que se realizaba antes de Navidad. El hecho es que, a diferencia de todos los años anteriores, en esta ocasión no se autorizó el empleo de las “horas de escuadrón” para preparar y ensayar la función. Se nos propuso emplear las horas de paseo y fines de semana, pero… a esas alturas… no pudo ser y nos convertimos en la primera Promoción que no organizaba la tradicional función. Es verdad que cuando la Navidad se acercaba y la Promoción tenía claro que sin horas para prepararlos no habría Estratosféricos (era ya una cuestión de “honor”) los protos intentaron resolverlo, pero ya era tarde. Fue celebre la reunión de escuadrilla durante la cual, hablando de este tema, nuestro capitán Galindo le preguntó al Taca si quería o no hacer Estratosféricos. Ante tal pregunta, Taca se tomó unos segundos en responder, ya que si respondía afirmativamente iría en contra de la promoción y si respondía negativamente le caería “la mundial”. Ante tal disyuntiva optó por levantar los brazos y responder un espontáneo y natural: “¡Mi capitán! ¡A mí así, no me haga esa pregunta!” Y repitió: “¡A mí así no me haga esa pregunta!”. Carcajada general y situación zanjada.

En cuanto al vuelo, lógicamente, este año fue clave pues determinó la especialidad de reactores, helicópteros o transporte que cada uno seguiría en los años venideros. El personal de Tropas y Servicios se especializó en materia de seguridad y se hicieron paracaidistas. El personal de Intendencia siguió su programa de estudios con asignaturas de derecho, de gestión económica y presupuestaria, y la temida contabilidad.

Finalizó nuestra estancia en la AGA como la habíamos iniciado. Acudimos de nuevo a Murcia a despedirnos oficialmente de la ciudad que nos había hecho hijos adoptivos y visitamos también el Monasterio de la Fuensanta. Allí cantamos, magistralmente, el Salve Regina que con tanta paciencia nos había enseñado para la ocasión D. Calixto. Fuimos de viaje a París, donde nos acompañó Su Alteza Real, y cerramos ciclo con una magistral fiesta en Pachá, de Torrevieja.

El 14 de julio de 1988, a la orden de S.M. el Rey, nuestras gorras se entrecruzaron en el aire tras romper filas por última vez en la Academia General del Aire. Y así iniciamos el primer día del resto de nuestra vida militar.

Definitivamente, no pasamos por la Academia. La Academia pasó por nosotros. Y nos hizo valientes, orgullosos, hombres de honor. Comprendimos el significado del sentido del deber, de la responsabilidad, del amor a España y al Ejército del Aire. Descubrimos el valor de ser y sentirnos compañeros de armas, unidos por unos indestructibles vínculos de amistad y camaradería que aún perduran.

Que perdurarán siempre, como vivos perduran en nuestro recuerdo Carlos Martínez Pérez, Ángel Martínez Lanao, Pablo García Juliá, Ángel Fermín Contreras Fernández y Eduardo Fernández Becerra, miembros de la XL Promoción, que tan pronto nos abandonaron dejando un irremplazable hueco en nuestras filas.

Así es la XL Promoción de la Academia General del Aire.

XL Promoción