IV Promoción

El día 10 de diciembre, festividad de la Virgen de Loreto, Patrona del Ejército del Aire, se celebró la Misa en la Plaza de Armas y a continuación juraron bandera los Caballeros Cadetes de la 4ª promoción (50 de aviación, 29 de tropas y 10 de intendencia), así como veinticuatro del Cuerpo de Ingenieros Aeronáuticos y cinco Médicos del Cuerpo de Sanidad. Al acto se había invitado a los familiares de Jefes, Oficiales, Caballeros Cadetes, Suboficiales y público en general. Como las dificultades del transporte subsistían, pero el acto militar adquiría un relieve social de gran importancia, la Academia dispuso un autobús que al mando del Teniente don Mariano Figuero Calvo se trasladó a la estación ferroviaria de Balsicas a las 08.30 de la mañana para recoger a los invitados que llegaran por ferrocarril.

La Plaza de Armas presentaba el aspecto de las grandes solemnidades. La uniformidad para aquel día era el traje de gala con cinturón, hombreras y daga; las autoridades civiles que llegaban de Murcia, Cartagena y Alicante usaban predominantemente el chaqué. Las señoras lucían sus más elegantes atuendos. El jefe y los oficiales del Batallón de Cadetes sustituían la daga por el sable.

Los actos se celebraron con la brillantez y solemnidad que ya eran proverbiales. El público, cada vez más numeroso, llenaba los espacios acotados que denominaban “tribunas”, y desde los andenes de la calle principal aplaudía calurosamente el paso de las unidades que desfilaban. Los primeros gallardetes y reposteros adornaban mástiles y fachadas.

Habían pasado poco más de dos meses desde que pisamos por primera vez el suelo de esa Plaza de Armas, en aquella madrugada de un día de septiembre de 1948, pero ya entonces, desde el mismo ingreso, éramos conscientes de nuestra identidad colectiva como la Cuarta promoción, simplemente por el hecho de haber sido “Víctimas” a lo largo de una noche interminable de las primera novatadas que nos propiciaron los alumnos veteranos, viajeros como nosotros del tren especial que nos conducía a la Academia.

Ya antes de llegar a la Academia muchos Cadetes nos conocíamos por haber coincidido en los Cursos de Vuelo Sin Motor, o en los Centros de Preparación, pero sería en San Javier, en septiembre de 1948, donde nos reuniríamos por vez primera como componentes de la Cuarta Promoción, que ya entonces había sufrido su primera pérdida: el Cabalero Cadete D. Emilio Juste Gutiérrez, que murió en accidente de Vuelo Sin Motor en la Escuela de Somosierra poco antes de su incorporación a la Academia.

La tranquilidad con que se fueron desarrollando los primeros meses de nuestra vida académica era bien distinta de la tensión que se estaba viviendo en Europa en aquellos momentos del año 1948.

Precisamente en la fecha en que éramos nombrados cadetes, daba comienzo una de las crisis más graves de la posguerra: el “Bloqueo de Berlín”, que daría la ocasión de demostrar la capacidad de la aviación de transporte, que pudo mantener a la población sitiada gracias a trescientos mil vuelos que llevaron no sólo alimentos y combustibles, sino que también sirvieron para mostrar la solidaridad del mundo occidental.

También en 1948, en el otro confín del Mediterráneo, la crisis entre Israel y los Países Árabes marcaría el principio de una larga sucesión de luchas y paces precarias, que nos han venido acompañando y desde entonces hasta hoy. No eran aquellos tiempos pacíficos ciertamente. Pocos días después de recibir los Despachos de Alféreces Alumnos, en 1950, daría comienzo otra guerra, ésta muy lejana, pero que también pondrá de manifiesto la capacidad de la Aviación para controlar un conflicto ya que los norcoreanos empujaron a las fuerzas del Sur, junto al VII Ejército norteamericano, hasta el borde del mar. Y fue gracias a la aviación USA que se logró contener el ataque y dar tiempo a la llegada de refuerzos.

Ese era el violento presente que vivíamos cuando ingresamos. Nuestro corto pasado, jóvenes como éramos, nos había llevado a nacer en unos momentos en que se oscurecía la luz histórica que iluminaba España: fuimos parte de una generación puente, de tránsito, a caballo entre el final de los años veinte y principios de los treinta, en los que se iba a producir un cambio importante en nuestra historia.

Los tres años de guerra civil marcaron profundamente nuestras jóvenes conciencias y la forma de ver el mundo. Fue una tragedia entre hermanos que queremos eliminar para siempre del futuro de España.

Pero, apenas si unos meses de respiro tras la paz, una nueva guerra más sangrienta y que llegará a tener dimensión universal, siembra de dolor el solar europeo. A nosotros, aún adolescentes, nos llegan imágenes y relatos de los combates, y seguimos con interés el desarrollo de los acontecimientos, especialmente de la guerra aérea y de sus hechos heroicos, a través del NODO, la radio, la prensa y las revistas.

Pese a esa violenta situación internacional, queríamos ser también ser militares, pero, ¿Qué clase de militares? ¿Infantes, marinos o aviadores? ¿En qué espacio estar entrenados, dispuestos para defender España, luchar, tal vez morir? ¿En las trincheras del territorio patrio, o en otros horizontes? ¿en el océano de las grandes singladuras históricas? O ¿en la aventura de los espacios sin límite, en la joven y apasionante Aviación?

Al decidir ingresar en el ejército del Aire nos convertimos de hecho en herederos de una corta pero heroica tradición de distinguidos aviadores militares. Toda esa brillante “Hoja de Servicios” de guerra en el aire y de grandes navegaciones aéreas, la iríamos conociendo y haciendo nuestra durante las clases teóricas de la Academia, a la vez que modestamente intentáramos aplicarla en los vuelos de la Bücker, la HS42, o el Junker.

Pero la intensidad de la vida académica no dejaba mucho tiempo para mirar fuera de nuestras fronteras y seguir lo que estaba ocurriendo en las zonas de conflicto. No era posible distraer la atención del vuelo, de las asignaturas, o de los ejercicios y marchas. Aunque un día aciago tuvimos que detener toda actividad, olvidar deseos y preocupaciones para velar a un querido compañero muerto en accidente aéreo: el 16 de febrero del año 1952, cuando estábamos casi ya preparándonos para salir tenientes, el Alférez Alumno Elías Ferreiro Vences, amigo ejemplar y excelente piloto, perdió la vida al estrellarse con su avión HS42, cerca de la Academia, en el regreso tras un vuelo de formación.

En la ofrenda de los caídos, el día de la Renovación del Juramento, Elías Ferreiro estuvo presente entre nosotros, junto a los otros compañeros y entrañables amigos que nos han ido abandonando durante todos estos años.

Por fin llegó el tan esperado día de la entrega de Despachos. “LA CRÓNICA DE LOS CINCUENTA AÑOS DE LA ACADEMIA GENERAL DEL AIRE” relata así los actos: “la entrega de Despachos a los Tenientes de la 4ª Promoción tuvo lugar a las once de la mañana del día 14 de julio de 1952 en un acto presidido por el Ministro del Aire a quien acompañaba el Almirante Capitán General del departamento Marítimo de Cartagena. A continuación fueron impuestas las Cruces del Mérito Aeronáutico de primera clase con distintivo blanco a los Tenientes D. Ramón Fernández Sequeiros del Arma de Aviación y a D. Pablo Martínez Rituerto, del Arma de Tropas, por haber terminado los estudios de la carrera con el número uno de sus respectivas escalas, puesto que asimismo conservaron durante todos los cursos.

Tras aquel día en San Javier, último en que estábamos todos juntos, vendría la dispersión, el destino a las Unidades Aéreas, Regimientos, Aeródromos, escuelas, Maestranzas y otros organismos, en los que íbamos a tomar contacto con la realidad de nuestro Ejército, para aplicar lo que habíamos –o deberíamos- haber aprendido.

¿Qué encontramos? Un ejército del aire compuesto por muchas Unidades, todas historia, algunas con historia heroica, que conservaban con afecto recuerdos, estandartes, libros de operaciones, mapas, cartas, emblemas de su pasado y tradición. Unas unidades, las menos, tenían buen material, como el Ju 88. Otras disponían de aviones fabricados en España, como el Heinkel 111, el Messerschmidt 109 y el Junker 52. Y otras Unidades, en fin, sólo contaban con aviones de enseñanza, enlace o avionetas. Pero todas con diversidad de equipo y armamento, carencia de repuestos y con una grave escasez de combustible.

Ello hacía que las posibilidades de realizar cursos de transformación a los aviones de las Unidades fueran muy escasas, especialmente para los pilotos recién llegados de la Academia.

Afortunadamente, en septiembre de 1953, apenas un año después de salir de la Academia, iba a tener lugar un hecho de la mayor trascendencia para el Ejército del Aire y para la mayoría de los componentes de la Promoción: la firma del Acuerdo entre los Estados Unidos y España, por el que nuestra nación se incorporaba de forma indirecta pero eficaz al esquema defensivo de Occidente, frente a la amenaza del Bloqueo Soviético.

Los años finales de los cincuenta y la década de los sesenta serán, así, los de la gran transformación de nuestra Aviación en todos los órdenes: decenas de aviadores, ingenieros, técnicos, mecánicos y oficiales de todos los Servicios iban a seguir cursos en multitud de Centros aeronáuticos y de la USAF. Se intensificaría el estudio de idiomas, especialmente del inglés aeronáutico y se incorporarán los textos originales en inglés de los aviones y equipos que se utilizan. Y más tarde del francés, cuando llega el material Mirage, F-1, Mystére, Puma, etc.(….) El ejército se pone al día en todos los órdenes. También la Aviación Civil y Comercial recibe un fuerte impulso, al que cooperan los aviadores de la Promoción que, por razones familiares, de carácter económico o dificultades de otro tipo, deciden poner sus conocimientos y experiencia al servicio de las Líneas Aéreas nacionales.

El primer conflicto armado que vive la promoción llegó, como en tantas ocasiones para nuestro país, del sur, de África. En el relato de las operaciones militares que tuvieron lugar en el sector de Sidi Ifni entre el 23 de noviembre de 1957 y el 24 de febrero de 1958, figura la pérdida de ocho tripulantes y diecisiete paracaidistas, así como dos aviones B-21. Pues bien, esas operaciones aéreas reales van a ser las primeras que tendrán lugar durante la vida militar de nuestra Promoción y en las que más tarde, en la zona del Sahara, intervendrán algunos de sus miembros.

Mucho tiempo después, con motivo del conflicto surgido en la ex Yugoslavia, volverá el Ejército del Aire a tener una intervención militar real, conjuntamente con otras fuerzas aéreas de la OTAN, sobre objetivos situados en Bosnia. Es de destacar que en esos momentos, en los primeros años noventa, los más altos cargos y responsabilidades del ejército del Aire son desempeñados por miembros de la Cuarta Promoción. La eficaz actuación entonces de nuestras Unidades merecerá la felicitación de S.M. el rey y las del Comandante Supremo Aliado en Europa (SACEUR) y del Presidente delos EE.UU. Bill Clinton.

Ha transcurrido toda una vida desde aquella mañana del 48. Y en tan dilatado espacio de tiempo, como es natural, muchos han sido los acontecimientos que marcaron nuestras vidas: nacimos como grupo singular en un mundo de posguerra caliente, pasamos a encontramos metidos de lleno en el mundo de la posguerra fría para ver superada también esta fase. Vivíamos en una sociedad simple y unitaria y lo hacemos ahora en una sociedad compleja y pluralista; nos movíamos profesionalmente dentro de un marco estrictamente nacional y de él hemos pasado al ámbito europeo e internacional en que se desarrolló nuestra actividad profesional en los últimos años. La cuarta promoción fue menguando sus miembros, o si se prefiere ocupando vacantes allá arriba, donde ya casi estamos todos, y donde sin duda mantendremos la impronta diferenciadora y característica que nos identifica como miembros, hermanos, de la Cuarta.

IV Promoción