XXXVII Promoción

XXXVII PROMOCIÓN AGA

La 37 Promoción de Ejército del Aire no es ni fue nunca una promoción al uso, quizás por ser la primera de un novedoso sistema de ingreso a la Academia General del Aire que abrió la horquilla de edades, y quizás también por las distintas vicisitudes que vivimos durante nuestro período de formación. Esa “Rara Avis” que luce como lema en nuestro emblema comenzó su vuelo de forma confiada pero firme desde el primer momento. Los 122 jóvenes soldados aspirantes que en el mes de septiembre cruzaron las puertas del Destacamento de Los Alcázares iniciaban una etapa ilusionante y llena de retos, formando parte de la VIII promoción del Centro de Selección de la AGA.

Era la primera promoción que dejaba atrás el año selectivo en Granada y comenzaba ese nuevo sistema en que, tras ingresar con el Bachillerato Unificado Polivalente (BUP), llevaría a cabo el antiguo Curso de Orientación Universitaria (COU) para poder ingresar en la que sería la 37 Promoción de la Academia General del Aire.

Fue un año difícil como había ocurrido hasta entonces con el resto de promociones en Granada, donde la inevitable selección de los mejores dejaría en la cuneta a alguno de nuestros compañeros. Allí nos conocimos y desde el primer momento creamos unos lazos que permanecen hasta el día de hoy. Al acabar el curso, el Ejército del Aire nos “regaló” a los de vuelo una magnífica estancia en Granada para efectuar 15 horas de vuelo en la venerable Bücker, avión que algunos volaron (y afirmaban que podían volar solos) incluso con 16 años.

Con paso firme ingresamos en la Academia en el curso siguiente. Allí nos esperaba nuestro primer Capitán de Escuadrilla, el Capitán Don Ángel Moreno Josa, cariñosamente conocido por su “dulce” voz, de ahí su mote, el “Cazalla”. Nuestros nuevos uniformes, mejor ajustados que los de soldado aspirante por nuestro sastre (el Puma), aquellos nuevos cordones rojos y el paso por el periodo de campamento en El Carmolí terminaron de consolidar un carácter peculiar, donde el humor y el sentido práctico nos diferenciaban de las demás promociones que nos acogían en la Academia. Los de la 37, con su camiseta, pañuelo y distintivo de nombre de color azul, miraban a sus mayores con ojos muy abiertos y a veces atónitos con respecto a lo que veían.

Encajamos de muy buen grado todo aquel periodo donde el “nuevo” tenía que aprender mucho y rápido (o sea, corriendo). Pero con facilidad y mucho optimismo llegamos al 10 de diciembre, día en el llevamos a cabo nuestra segunda Jura de Bandera, esta vez como caballeros alumnos.

Pronto unos valientes comenzaron a participar, escribir y dibujar en la Revista “Águilas”. Allí pusimos ya de relieve el peculiar sentido del humor que tenía la promoción, y nos dejamos llevar de buen grado por los sabios consejos de nuestros Alféreces de tercer curso. Otros también se “escaqueaban” apuntándose al coro de misa, auspiciado por nuestro inolvidable Páter, don Francisco Candel, el “Manzanitas”.

Aunque ya se nos había introducido el año anterior en lo que significaba el término “caimán”, la verdad es que la gran cantidad de uniformes que se nos asignaron, hizo que su significado adquiriera unos límites insospechados. Y esa dureza nos ayudó también a forjarnos como compañeros, como promoción.

Los fines de semana eran cuanto menos excitantes. Si tenías la suerte de poder coger uno de los autobuses que te llevaban dentro del triángulo, a Alicante, Murcia o Cartagena, allí comenzaban nuevas aventuras tratando de escapar del profesor de servicio y haciendo (o intentándolo) nuevas amistades entre el personal femenino, harto difícil con el poco tiempo que se disponía.

Por el contrario, si debías quedarte en la Academia, ya sea por estar rebajado o arrestado (por cierto, sin cordones), o por cualquier otro motivo, la vida académica continuaba, tratando de sobrevivir al sistema.

El primer año pasó como un suspiro y pronto nuestros uniformes lucieron las dos palomas. Aquello pintaba bien, y además llegaban los nuevos a los que enseñar la “alegría, alegría” (palabras heredadas de nuestro querido capitán, que continuó con nosotros un curso más de nuestra Academia.

Sin embargo un accidente fatal marcó sin duda a toda la promoción, y uno de nuestros compañeros, Eduardo Fernández Mateos, perdió la vida en un desgraciado accidente de tráfico fuera del “triángulo de las Bermudas”. Ya nada volvería a ser igual, y todos, especialmente los muchos que acompañaban a Eduardo, pudimos comprobarlo desgraciadamente.

Ese año se puso de moda también el cantar el himno de la AGA. Aún me acuerdo de la revista en la Plaza de Armas para escuchar a todos entonando ese himno, Nunca fuimos una promoción de grandes deportistas, sin embargo algunos de los nuestros destacaban especialmente. Nuestro compañero “Romual” era capaz de jugar un partido de futbol y en el descanso correr y ganar la carrera de 3000 metros obstáculos. Y también se nos daba bien la instrucción de orden cerrado, como lo muestra el haber ganado el campeonato de patrulla de exhibición de la Patrona de ese curso.

Esta “maestría” pudimos demostrarla participando en tres Desfiles de las Fuerzas Armadas, en Zaragoza, Valladolid y Burgos, dejando el pabellón bien alto tanto, en los desfiles como en las ciudades que visitamos.

En el recuerdo de todos nosotros también quedarán las clases magistrales de navegación del “Máster”, las temidas salidas a la pizarra en las clases de matemáticas y la amenas clases del “Manzanitas”. También ese año presenciamos un hecho inédito en la AGA, la “actualización” de la Bandera de la Unidad, pasando a utilizar una con los símbolos constitucionales.

Con estas llegaríamos al mes de julio en el que nos concedieron el despacho de Alférez. Esto era importante, dejábamos de hacer los servicios de cuartelero y las impopulares imaginarias. Además podríamos pernoctar fuera de la Academia la noche del sábado al domingo y dejar de vestir el uniforme a partir de las nueve de la noche. Los grupos de caza estaban por aquel entonces muy bien definidos y la mirada del tigre nos acompañaba un fin de semana tras otro.

Comenzamos al mando del Capitán Rogelio Fernández Pérez (el Búfalo), y nuestros compañeros de vuelo iniciaron sus esperadas sesiones de vuelo en la Mentor, y empezaron a aparecer las primeras “T” en las nucas de nuestros compañeros. Aquello sí que era ser afortunado, hacer lo que a uno más le gustaba y encima que te pagaran. Y también realizamos todos (vuelo y Tropas) el curso de observadores, con el que aprendimos a reconocer las tierras murcianas desde el aire.

Cambiamos de Capitán de Escuadrilla y tuvimos al Capitán Riera, que estuvo poco entre nosotros. También aquel año se dieron las primeras bajas en vuelo que nuestros compañeros supieron encajar estoicamente y la gloriosa Intendencia se adentraba en el mundo de la economía de la mano de grandes profesores.

Pasamos a vivir en camaretas de a tres, lo cual nos indujo a pensar que habíamos sobrevivido al sistema, sin embargo pronto descubrimos que las revistas seguían llevándose a cabo de la misma manera, y nuestras queridos galonistas hacían su trabajo con un celo profesional digno de elogio. Pero aun así, y retando al sistema, algunos de nosotros teníamos de todo…hasta perro (Idéfix, la mascota de la promo, bien tratada por Potenkin).

Y llegamos al último año con extraordinaria facilidad, ya se veía la luz al final del camino, y la famosa “cueva” comenzaba a presentarse ante nosotros como un lugar del que se podría salir.

En ese año, cambió el sistema y cada Escuadrilla contaría con un Comandante Jefe (D. Francisco Capel) y tres Capitanes. Asimismo, algunos de nosotros ocupamos los temidos puestos de galonistas, repartiéndonos entre los diferentes cursos.

Volar el “culopollo”, llevar a cabo prácticas en las Escuadrillas de Tropa o participar de forma activa en la ejecución de los campamentos, consiguieron hacernos salir de la rutina que habían supuesto las clases hasta entonces. Y qué decir de los Estratosféricos…con club de fans y todo….

También estrenamos el sistema de eyección del “culopollo”, el 4 de febrero de 1985, cuando nuestro compañero Gamboa y su profesor (Llanes) tuvieron que abandonarlo por fallo en la configuración del tren. Ellos llegaron bien al suelo y el avión…casi mejor.

También fuimos testigos de las primeras piruetas de la recién creada Patrulla Águila, equipo en el que hemos participado posteriormente algunos de nosotros.

El empleo de Teniente se nos presentaba a la puerta de la esquina. El 15 de julio de 1985, y después de un viaje de fin de curso a Francia, la vida cambiaría completamente para nosotros. Tomamos rumbos diferentes y nos enfrentamos a esa vida de libertad y profesión que tanto habíamos anhelado.

Sin embargo ya no íbamos a poder disfrutar de aquellas risas y momentos de unión donde, sin duda alguna éramos una gran familia, marcados todos por un mismo patrón. Nos reíamos del mundo y evitábamos que el mundo se riera de nosotros, aquellos “los del gorro bajo” o los que quitaban las alcachofas de las duchas, los de las puertas de las taquillas a 90º nos recordarán siempre el controvertido sentido de algunas normas, que seguro que buscaban forjarnos en ciertos valores militares.

Y en este devenir de la vida profesional, otro compañero nuestro nos dejó, nuestro querido Rafa Sánchez, “Ficus”, al que todos añoramos por la maestría de sus descripciones. Vaya para él nuestro más sentido recuerdo. Desde lo más alto del cielo volando con su F1 nos estará viendo y se alegrará de ver como esa Rara Avis sigue unida mirando desafiante y retando a todo el que se cruza en su camino.

XXXVII Promoción