XXXV Promoción

La XXXV en la AGA, ……………..la historia escrita

La XXXV promoción inició su andadura con su incorporación a la Academia General del Aire en septiembre de 1979. A los 82 alumnos procedentes del CSAGA, se unieron los pertenecientes a los Cuerpos Especiales (cariñosamente conocidos como “aspirinos”), además de alumnos procedentes de Honduras y otros que habían ingresado con la promoción anterior, pero a los que les había gustado tanto el primer curso de la AGA que decidieron repetirlo.

El Capitán Jefe de la 1ª Escuadrilla, Ángel Moreno Josa y algunos Alféreces Alumnos de 4º Curso recibieron “amablemente” a los ¨nuevos¨ alumnos, para trasladarlos inmediatamente a Los Alcázares, donde se realizaría el campamento inicial, del que todos guardan un inolvidable recuerdo: la copiosa lluvia, en forma de inundación, que tuvo como consecuencia cambiar las acogedoras tiendas cónicas y las colchonetas enrollables por lúgubres naves e incómodas camas.

Si bien todo resultaba novedoso, el camino hasta la Jura de Bandera se hizo interminable. Compartir taquillas, tener mosquetón y además cetme, averiguar qué era la ¨truxa de baño¨ entre todo aquel baúl-camarote, hacer el clavo en la piscina, marcar el ajuar completo, correr a todas partes y, por supuesto, el famoso ¿con tabardo o sin tabardo?; constituyen algunos de los imborrables recuerdos de esa peculiar época, que tuvo su epílogo el 10 de Diciembre, día de la Patrona; eso sí, tras muchos ensayos diurnos,……y los correspondientes nocturnos.

Pese a haber logrado dejar de correr, el resto del curso no perdió intensidad. La actividad propiamente docente se veía complementada con la deportiva y la relacionada con “formación militar continua”. Al “Arte Militar Aéreo”, había que sumar el “Terrestre” y el “Naval”, además de las ¨Ecuaciones Diferenciales¨ o volver a estudiar las Ordenanzas, el Régimen Interior o el Código de Justicia Militar.

Todo ello en un entorno en el que resultaba difícil pasar desapercibidos, ya que los alumnos de la XXXV fueron los primeros en estrenar el uniforme ¨verde¨ de instrucción, con botas de paracaidista incluidas (lo cual reducía considerablemente su capacidad para competir ¨clavando tacón¨ con los botines ¨herrados¨ que calzaban el resto de promociones). También tuvieron la fortuna de estrenar portafolios de ejecutivo, ¨a juego¨.

Los primeros compases de 1980 resultaron realmente entretenidos. En enero se rindieron honores a los restos mortales de S.M. el Rey Alfonso XIII, procedentes de Cartagena, en su camino hacia el Panteón Real de El Escorial. En marzo, comenzaron a llegar a la AGA los primeros C-101 (E-25, “culopollo”) para sustituir a los viejos T-6. En abril, presidido por S.M. el Rey, y con una Madrina de excepción, S.M. la Reina, se celebró el acto de Bendición y Entrega de la Bandera Nacional a la Academia, de particular recuerdo, ya que la XXXV pagó el peaje de una treintena de ¨terceros grados¨ por cometer la osadía de pedir a la Madrina del acto pernocta y levantamiento de arrestos (todo ello tuvo como consecuencia que la promoción vinculara para siempre al Alférez abanderado con una diabólica figura bíblica, Barrabas). Además, se inició el periplo de visitas a distintas Bases Aéreas con objeto de profundizar en el conocimiento de “las grandes Unidades”……y sobrevivir a los viajes de regreso (¡Ay nuestra siempre añorada Base de Jerez!). Mención aparte merece la jornada vivida con motivo del nombramiento como hijos adoptivos de la ciudad de Murcia, con visita al Santuario de la Virgen de la Fuensanta, al museo Salcillo…….y también a la fábrica de una conocida marca de cerveza.

En cuanto a formación militar se refiere, a las actividades vespertinas diarias y matutinas de los sábados, se sumaban las marchas para reconocer, en columna (dos por la izquierda y uno por la derecha), distintos puntos estratégicos de la geografía murciana, o los ejercicios ¨Viriato¨ (emboscadas nocturnas para apresar el Land Rover del Capitán). Y por si fuera poco, en junio, la promoción se estrenó en el periplo de desfiles con motivo de la Semana de las Fuerzas Armadas. Ese año el destino fue Valencia. Por supuesto, antes de iniciar el viaje, se desfilaron kilómetros y kilómetros de pista. El braceo, las diagonales, incluidas las de caballo (figura culmen en cuanto a perfección del movimiento en masa), y las fotos, las famosísimas fotos que aparecían en el tablón, a modo de mosaico, pero adornadas con unos círculos rojos, que anunciaban los correspondientes premios para los agraciados. Todo sacrificio y esfuerzo mereció la pena para disfrutar de la experiencia en tierras levantinas, y por primera vez.

De regreso a San Javier, el pensamiento estaba puesto en el inminente final del curso académico, previsto para el 14 de Julio, tradicional fecha de “Entrega de Despachos”. Y así fue. Tras unos días de asueto en el campamento de El Carmolí… los de primero recibieron las palas de 2º de su padre académico, más palomas de su bisabuelo (¡hay que ver lo que era la familia!) pero, sobre todo, iniciaron las anheladas vacaciones. Aunque no todos, ya que algunos afortunados que ¨chapurreban¨ inglés fueron agraciados con un viaje a Estados Unidos, Inglaterra o Canadá, para perfeccionar el idioma (pasando por Ramstein para hacer algunas compras), en el marco del programa IACE (International Air Cadets Exchange).

Tras el periodo estival, hubo que volver a LELC (¨Living En La Cueva¨). El estatus como Caballeros Cadetes no había cambiado, pero ahora había otros nuevos que trasladaban los baúles y se conocía a los de 3º y 4º, excepto a los galonistas que, como siempre, no conocían a nadie. En cuanto a los Mandos, el Capitán Jefe de la Escuadrilla era el mismo, pero el Coronel García González remplazó al Coronel Michavila en la Dirección de la Academia. Todo resultaba ya conocido, pero, con el aliciente de poder dejarse crecer el bigote, como signo de distinción y enfrascarse en el estudio de asignaturas relacionadas con el vuelo, llegando a dominar aquella dichosa rueda mundialmente conocida como ¨computer¨.

Se celebraron en la Academia los Campeonatos Interacademias, además, 5 afortunados alumnos participaron en un breve intercambio en la USAFA y otros siete fueron seleccionados para asistir a los actos conmemorativos del ciento cincuenta aniversario de la muerte de Simón Bolívar en Colombia, concretamente en Santa Marta.

El resto del curso, más de lo mismo. Visitas, entre las que cabe resaltar la realizada a Caravaca de la Cruz con motivo del jubileo; actos y más actos militares, como la Imposición del Corbatín a la Bandera de la AGA por parte del Ayuntamiento de San Javier. En cuanto a la instrucción militar, los únicos cambios giraron en torno al hecho de que los ejercicios a realizar pasaron a ser los afamados ¨Devas¨ (de evasión …nocturna) y, eso sí, en esta ocasión el desfile tuvo lugar en Barcelona, bella ciudad a la que se viajó por carretera con correaje puesto y ¨chopo¨ entre las piernas. Al regreso todos tenían ya sus mentes puestas en el verano, no solo debido a las ansiadas y muy merecidas vacaciones, sino porque el 14 de Julio se obtendría la ansiada primera estrella.

El siguiente septiembre fue menos “traumático”, y presentó grandes novedades, entre ellas los tres alumnos guineanos que se unieron a la promoción y el disfrute de ciertos privilegios. Se pasaba de las naves a las camaretas de tres. Ya no había taquillas sino armarios, el lavabo estaba en la camareta, había quien tenía hasta televisión para ver los resúmenes de los partidos de la jornada e, incluso, hubo quien estrenó coche, resultado de cierto premio de lotería que repartió la señora de la limpieza (la entrañable señora Fina) la Navidad anterior.

Aunque lo mejor estaba por venir: se comenzaba a volar. Así, mientras el grupo de Intendencia consolidaba el proceso iniciado parcialmente en segundo y se independizaba del resto cursando un plan de estudios propio, los Alféreces de la Escala de Vuelo y de Tropas y Servicios realizaban el “Curso de Observador de Aeroplano de Guerra” (nunca olvidarán aquello de Deseada-Cabeza+30) para, posteriormente, los de Vuelo hacer sus primeros “pinitos” con la Mentor. Otra novedad fue la incorporación del mono verde por primera vez en la AGA, en sustitución del mono “de repartidor de butano” tradicionalmente usado. Pronto comenzaron a verse las “T” en la parte posterior de la cabeza, resultado del primer vuelo SOLO de cada alumno y de la complicidad de los compañeros. También, por qué no recordarlo, las primeras grandes decepciones, ya que no todo el mundo era apto para el vuelo, y se produjeron bajas, que pasaron a engrosar la Escala de Tropas.

Pero no todo era estudiar o volar. Como Alféreces Alumnos, estaban autorizados a pernoctar fuera el sábado y no regresar a la Academia hasta el domingo a Retreta, periodo de ocio que suponía una verdadera válvula de escape, para cuyo pleno disfrute hubo algunos que alquilaron un apartamento todo el año. Y es que lo de ser Alférez daba mucho de sí, sobre todo, la independencia que proporcionaba aquel pequeño sueldo, que permitía afrontar los gastos (a casi todos).

Sin embargo, la recién estrenada condición de Oficial suponía asumir nuevas responsabilidades. Los servicios diarios de ¨cuartelero¨ y las ¨imaginarias¨ nocturnas que se realizaban durante 1º y 2º, daban paso a las semanas como Alférez de Servicio.

Además, superado el susto del Curso Básico de Paracaidismo que realizaron los de Vuelo e Intendencia, la instrucción con el chopo cedía terreno a la de sable, se asumía la ¨subjefatura¨ de las patrullas de reconocimiento, se participaba en los ejercicios de otros cursos o se lideraban las actividades que cada fin de curso los alumnos de 3º organizaban en el campamento del Carmolí. Además, como cada año, se realizaban y recibían visitas, participamos en el desfile de Zaragoza (último de la promoción al completo) y en intercambios deportivos, en esta ocasión con las Academias alemana y francesa. Por si fuera poco, todavía se tenía tiempo para planear y ejecutar algunas antológicas ¨novatadas¨, que aún permanecen en el imaginario académico (sobre todo en el de los componentes de la XXXVII), como aquel presunto túnel que unía el cuarto de la limpieza con la discoteca Don Diego (¨Don Ciego¨ para la cadetada), o el terrorífico episodio del ¨ahorcao¨. No es de extrañar que el año pasase con inusitada rapidez. La entrega de despachos llegó y con ella el verano, el descanso y los planes para un ansiado futuro, cada vez más cercano.

El regreso a la Academia el siguiente curso fue totalmente diferente, aunque también se unieron tres alumnos de ecuador. ¡Era el último año! Aunque se repetía Capitán Jefe de Escuadrilla, Castillo Gila. La XXXV fue la primera promoción en hacer el curso básico de vuelo en el avión C-101, en lugar del T-6. Los de Tropas y Servicios iban a dedicar la mitad del año a la formación teórica y el resto estarían “en prácticas”, amén de participar en la formación de los ¨nuevos¨ en el campamento inicial o de hacer servicios en los Alcázares con los alumnos del CSAGA. Y los intendentes, como siempre, a lo suyo.

Las actividades de la Academia no cesaban, en cuanto a clases, actos y visitas; pero, al propio tiempo, la XXXV protagonizaba otras vicisitudes: el Alférez Martínez Vallas fue el primer Alumno de la Academia “suelto” en C-101, el Alférez Viñas formó parte de la comisión que visitó Arabia, y toda la promoción se volcaba en los universalmente conocidos “Estratosféricos”, con un innovador y cinematográfico programa:

Entre tanto, el tiempo pasaba mientras se intentaba despejar la gran incógnita: ¿Dónde sería el viaje fin de curso? Unas promociones habían viajado lejos (Argentina, Méjico) y otra bastante más cerca (Canarias). Pero hubo suerte, Egipto era un buen destino, aunque las temperaturas de final de junio y primeros de julio no eran las más adecuadas para hacer turismo. Pero allí estuvo la XXXV y cumplió con el apretado programa previsto:

Y tras el viaje..., los ensayos para el gran colofón: ¨su¨ entrega de despachos. Ahora no importaba el calor ni la hora de los ensayos. El final de los cuatro años se acercaba y la promoción vivía un sueño. Los acontecimientos se sucedían con rapidez: pruebas del uniforme de Teniente, la elección de destinos o cursos, los despachos podían ser entregados por padres o familiares... Y llegó el 14 de julio de 1983. En la Plaza de Armas, bajo la sempiterna mirada de la vieja palmera, los componentes de la XXXV Promoción vistieron por primera vez el uniforme blanco con dos flamantes estrellas, su cordón de gala y recibieron sus despachos, y algunas condecoraciones y distinciones. Pero todos cumplieron con la tradición: las gorras volaron al cielo de San Javier.

Con la maleta repleta de ilusión los flamantes Tenientes de la XXXV dejaban atrás unos muy intensos años, sujetos a un régimen de vida tan peculiar y exigente. Hacer balance de todo ello en aquel momento a buen seguro hubiera carecido de objetividad.

Sin embargo, desde la perspectiva que proporciona el tiempo transcurrido, del recuerdo de los buenos momentos, de los realmente malos -como el fallecimiento de Rafa Bagües y de Fernando Gómez Herranz- y de aquellos que, aun no siéndolo tanto, el devenir de los años ha sido capaz de dulcificar; hay que reconocer que, común a todas las promociones, el paso por la Academia logró en los miembros de la XXXV el efecto deseado: formar los Oficiales que el Ejército del Aire precisa para el cumplimiento eficiente de su misión, profesionales comprometidos con su patria y, por ende, con la sociedad a la que sirven, que hacen de la integridad y del culto a la excelencia su norma de vida. Es por ello, por todo ello, por lo que la Academia General del Aire siempre estará, como reza el emblema de la promoción, “…EN LA MENTE DE TODOS”.

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