XXXIV Promoción

Tras uno o dos años de durísima oposición en el CSAGA llegó el tan ansiado día de convertirnos en Caballeros Cadetes de la Academia General del Aire.

En septiembre de 1978 nos incorporamos a San Javier y en un primer día caótico de entrega del equipo personal aprendimos la primera lección: el “nuevo” va corriendo a todas partes. Conocimos a nuestro Jefe de la primera Escuadrilla, el Capitán Manuel García Cerezo, más conocido por “El Rata”. El jefe del Escuadrón de Alumnos era el Comandante Fortunato Elvira, el “NATO”.

En el Destacamento de los Alcázares se desarrolló nuestro primer campamento, fue novedoso ya que, aunque nos alojamos en las viejas tiendas de campaña circulares, utilizamos los aseos y el comedor del Destacamento. Fueron cerca de cuatro semanas de duro trabajo, soportando la húmeda y calurosa meteorología murciana durante las cuáles conseguimos mejorar nuestra conciencia de Promoción, no muy fortalecida por el sistema del CSAGA en Armilla. Todo ello contando con el buen ejemplo de unos excelentes Galonistas de la XXXI Promoción.

La instrucción de combate, de orden cerrado, la educación física, el continuo paso de la pista de aplicación militar, las prácticas de tiro, las teóricas a las horas menos apropiadas, las marchas, etc., se sucedían sin descanso y nuestro mayor deseo era que llegara la hora diaria de paseo. El ejercicio final del campamento, que consistía en una incursión en los Alcázares de un comando formado por Cadetes y Alféreces de otros cursos, estuvo a punto de acabar en tragedia por el realismo y contundencia de atacantes y defensores, que dejaron impactos de bala en el comedor del Destacamento.

En nuestra vuelta a la Academia, después de la tradicional “marcha” desde los Alcázares asistimos, sin tiempo para asimilar nuestra llegada, a la conferencia de apertura del curso por parte del Director, el Coronel Michavila. Fue nuestro primer contacto con un Coronel, que venía precedido de fama de “duro”. Tuvimos más de una ocasión para constatar esa fama de duro, en especial su aversión a conceder cualquier tipo de “puente”, incluso cuando éstos habían sido concedidos por Autoridades superiores (se recuerda el día de la entrega de Bandera a la AGA o después de los desfiles del Día de las Fuerzas Armadas en los que participamos).

Durante el primer curso escolar, 1978-79, todos los miembros de la Promoción estudiamos las mismas asignaturas y como profesores destacaban, entre otros, los entonces Comandantes Cid Mañuz, Moreno Malagón, el “Raya Ancha” y en gimnasia el Comandante Aguilar, alias el “Rema Rema”.

Foto 1 - Carrera

En el primer trimestre del curso constatamos la dureza de nuestro régimen interior: jornadas maratonianas que se iniciaban a las 06:15 en nuestras “naves corridas” con el “turuta” y el toque de Diana, el aseo personal y el arreglo del alojamiento para dejarlo en perfecto estado de revista, que se completaba con la formación de “lista de diana”.

La mañana finalizaba con Educación Física y la formación de la comida al “toque de fajina”. Paso ligero hasta el comedor y a cubrir los huecos de las mesas ocupadas por alumnos de cursos superiores. La comida era una ocasión idónea para sufrir las tradicionales “novatadas” - hoy totalmente prohibidas -. Las más empleadas eran utilizar la caída del mantel para crear una canalización de tal forma que se arrojaba el agua de la jarra en la misma para que acabara encima del “nuevo”; el simular estar adecuadamente sentado pero sin silla y aguantar en esta posición la comida; apretar el postre de membrillo con la mano para comerlo, etc.

Por la tarde continuaban las clases teóricas y también la instrucción en orden cerrado, verdadero comodín de nuestra formación en la Academia. La hora de paseo, como siempre si no se estaba arrestado, era la única ocasión en la que se podía decidir qué hacer, aunque por supuesto sin salir de Santiago de la Ribera. Finalizado el paseo, de nuevo al estudio obligatorio hasta la hora de la cena que se desarrollaba con igual protocolo que la comida. Llegadas las 22:15 sonaba el “toque de retreta”, se apagaban las luces, y silencio absoluto hasta la mañana siguiente. Las noches, dejando a un lado la posibilidad de una segunda “Imaginaria” y las “Generalas”, nos permitían recuperar fuerzas. Este horario se mantenía de Lunes a Viernes y los Sábados se tenía un horario y actividades distintas y en el que la base fundamental era la instrucción en orden cerrado y de combate, los coloquios con el Capitán de la Escuadrilla, la educación física, las revistas de taquilla, el dar vaselina al “Chopo” y, una vez al mes, las famosas marchas de endurecimiento con ese calzado tan adecuado que eran los “botines”. Sin olvidar los conciertos de la Banda de Música de la Academia dirigida por el Capitán Buján.

Los sábados por la tarde la meticulosa “Revista” de uniformidad a pleno sol, condición previa para salir de paseo, que en el caso de los Cadetes finalizaba en la “lista de retreta” y para los alféreces podía prolongarse hasta la lista de retreta del domingo. Sin embargo, las normas eran muy estrictas ya que no se podía ir más allá del denominado “triángulo grande” formado por las localidades de Cartagena, Murcia y Alicante. Para controlar su cumplimiento existía el servicio de vigilancia formado por profesores y alféreces. Pero era evidente que el Cadete trataba de esquivar este control, aunque a más de uno su lealtad en un famoso coloquio le costó muy caro, al confesar ante el Capitán el haber vestido de paisano. El control se completaba con la famosa “lista de propios” que más que una forma de evitar el tener que tirar comida, se convertía en una eficaz herramienta para generar arrestos en caso de olvido.

Ha de introducirse en el relato correspondiente al primer curso de nuestra vida en la AGA la afición al cante que en todos los de la XXXIV surgió a nuestro ingreso en la Academia. Éramos unos melómanos románticos empedernidos. En cierta ocasión hasta cantamos “tengo una muñeca vestida de azul, con su camisita y su canesú...” ¡a paso ligero! Como nos pillaron y pidieron números no la volvimos a cantar. Y fue una pena por que nos reímos mucho.

Luego por las noches, en el radio casete se podía oír “Stay just a little bit loooonger” abrazados a la almohada, el reposo del guerrero. También los chistes de Eugenio, “y ¿saben aquel que diu?” El mejor momento del día.

Desde el primer curso nuestra Promoción participó en un plan de visitas puesto en marcha por el Coronel Michavila para completar la formación académica. Las dos primeras se realizaron a la Explotación Minera Peñarroya y a la BAZAN en Cartagena, famosa hasta ese momento por los buenos aperitivos que se decía servían a la finalización de las visitas.

El 10 de diciembre de 1978 juramos Bandera por segunda vez y en la fiesta de la Patrona en el comedor de alumnos, estrenamos “la Chupa”. La situación de la mayor parte de los Cadetes al final de una fiesta de “barra libre” era indescriptible. La mejor demostración de ese estado eran los saltos mortales de uno de nuestros compañeros sorteando las camas en la nave corrida de la Escuadrilla.

Fuimos nombrados “Hijos Adoptivos” de Murcia con una celebración en el Ayuntamiento, ofrenda a la Virgen de la Fuensanta y comida en el Hotel Meliá Siete Coronas, a cuyo final se hizo una ingenua petición de levantamiento de arrestos.

El 12 de marzo de 1979 se produjo el hecho más grave en nuestra permanencia en la Academia. Nuestro compañero Jorge Ramón Baena González, cuando se encontraba solo en la Escuadrilla, decidió dirigir su arma contra sí mismo, perdiendo la vida y generando una fuerte conmoción entre todos nosotros.

El 21 de abril nuestra Promoción fue distinguida por primera vez con el reconocimiento de Escuadrilla distinguida, reconocimiento que se repitió varias veces más durante nuestra estancia en la Academia.

Las “Patrullas Militares” fueron también el fuerte de nuestra Promoción en las competiciones que tenían lugar con ocasión de la Patrona y de Fin de Curso. Los deportes colectivos no fueron nuestro fuerte aunque contribuimos significativamente a los equipos de la Academia que participaban en los intercambios con otras Academias.

El 24 de mayo nos trasladamos a Sevilla para participar por primera vez en un desfile conmemorativo del día de las Fuerzas Armadas. Hasta ese año los desfiles se habían realizado en el Paseo de la Castellana de Madrid, pero el Gobierno tomó la decisión de celebrarlo en las ciudades cabecera de Región Militar a partir de 1978. Al año siguiente, el 31 de mayo, el desfile se celebró en Valencia y nuestro tercer y último desfile se celebró en Barcelona.

Con el inicio del segundo curso se hizo cargo de la Escuadrilla el Capitán don Rafael Fernández-Shaw Guitian, un excelente oficial, muy querido por todos los componentes de la Promoción y que también fue nuestro Capitán en tercer curso.

Durante el curso 79-80 se produjeron dos hitos históricos en la Academia, el primero fue el 27 de febrero de 1980 con el paso de los restos mortales de Su Majestad el Rey Alfonso XIII en su traslado entre Roma y el Monasterio de el Escorial. Veinticuatro Cadetes de la XXXIV tuvieron el honor de transportar el féretro desde el helicóptero “Sikorsky” de la Armada hasta el C-130 Hércules que lo trasladaría a la Base Aérea de Getafe. La anécdota se produjo cuando los veinticuatro Cadetes tuvieron grandes dificultades para extraer el féretro de Su Majestad del helicóptero y depositarlo en el armón preparado para su traslado hasta el Hércules, debido al sorprendente peso del mismo. El segundo hito histórico fue la entrega de la Bandera que había sido concedida a la Academia y que fue donada por el Ejército del Aire. El acto, presidido por Sus Majestades los Reyes y en el que actuó como madrina Su majestad la Reina, se celebró en la explanada de vuelos el 27 de abril. La organización era perfecta y había sido preparada con especial atención, como todos los actos que organizaba el Coronel Michavila; sin embargo, hubo un detalle que no figura en ninguna crónica, durante la celebración de la Santa Misa el Arzobispo Castrense Monseñor Benavent se excedió con creces en la Homilía alterando el normal desarrollo de los actos. Esto se tradujo en que el retraso provocó que la práctica totalidad de los reactores declararan “bingo” de combustible y no participaran en el desfile, desluciendo en parte la ceremonia.

El 14 de julio de 1980 recibíamos la primera estrella de alférez en un acto presidido por Su majestad el Rey y en el que recibieron los despachos los miembros de la XXXII Promoción, nuestros abuelos académicos.

A principios del curso 80-81 dispusimos por primera vez de camaretas y el cuadro de profesores se reforzó significativamente con comandantes de entre la XXVI y XXVIII Promoción. Con uno de ellos, el Cte. Ballesta, llegamos a tener una sintonía especial, prueba de ello fue el, en cierto modo, apadrinamiento de su hijo Salva Ballesta, quien ganaría merecida fama como jugador de fútbol.

Foto 2 – La 34

A partir de este curso los planes de estudios de los diferentes Cuerpos y Escalas empezaron a diverger significativamente a excepción del primer trimestre en el que los miembros de la Escala del Aire y la de Tropas y Servicios realizamos el curso de observador de aeroplano de guerra. A los siete miembros del Cuerpo de Intendencia se les preparó una formación específica, los de vuelo realizaban su primera fase de vuelo en la T-34 “Mentor” y los de Tropas iniciaban una errática etapa, únicamente mitigada por el interés personal de algunos profesores. Las patrullas de reconocimiento y las prácticas de mando fueron algunas de las iniciativas para mitigar las lagunas en el Plan de Estudios.

En esas fechas se produjo el Golpe de Estado del Teniente Coronel Tejero. La tarde transcurrió con cierta normalidad pero se apreciaban las caras de preocupación en los profesores cuando se concentró a todos los alumnos en el comedor.

Por fin llegó el cuarto curso, con el nombramiento de Galonistas y se nos asignó de jefe de Escuadrilla al Capitán Jesús María Fernández de Gorostiza. En ese momento el Jefe del Escuadrón de Alumnos ya era el Comandante Jesús Cordero Hermans. Todo seguía igual que el curso anterior, los de vuelos apuraban las últimas horas en la Academia del TEXAN T-6 que para el curso siguiente iba a ser sustituido por el C-101 y cuyas primeras unidades habían ido llegando a la Academia desde 1981.

Foto 4 – Listos para el vuelo

Con motivo de una visita a España del Inspector General de las Reales Fuerzas Aéreas de Marruecos, se concertó la visita de la XXXIV Promoción a Marruecos para llevar a cabo el primer intercambio deportivo. Se visitó Rabat, Casablanca y Marrakech.

Pero el verdadero viaje fin de curso lo realizamos a Méjico en un avión DC-8 del 401 Escuadrón con escala técnica en la República Dominicana. La majestuosidad de la Academia Militar del Ejército Mejicano y el terremoto que vivimos fueron de las mayores sorpresas. El paso por la Academia de la Fuerza Aérea en Guadalajara o las visitas a las pirámides aztecas y el impresionante y multitudinario baile organizado por la Casa de España, con una entrada en la que a cada miembro de la Promoción se le asignó una pareja, fue una experiencia inolvidable para todos nosotros.

Foto 5 - Etiqueta

Y llegó el día 14 de julio de 1982, día en el que Su Majestad el Rey nos dio la última orden de “rompan filas” en la Academia que originó el lanzamiento al aire de nuestras gorras. La cena-fiesta en los jardines del Pabellón de Oficiales puso fin a nuestra estancia-formación en la Academia General del Aire.

Foto 6 – El ansiado día

Fueron cuatro años duros y a la vez divertidos. Hubo algunas ocasiones amargas, pero incluso en ellas, o quizá gracias a ellas, se acrecentó el compañerismo que se ha mantenido hasta ahora. Compañeros, gracias por estar ahí compartiendo los momentos buenos y apoyando en los malos. Da igual si te destinan a un lugar u otro del planeta, siempre habrá algún miembro de la XXXIV, trabajando pero, “QUE NO SE NOTE”.

XXXIV Promoción