XXX Promoción

XXX PROMOCIÓN

La XXX Promoción de la Academia General del Aire (AGA) de San Javier, cuyos cuarenta años de su salida coinciden con el 75 aniversario de la AGA, tiene el sello de especial y un tanto atípica, como demostró a lo largo de los años.

Ya desde sus inicios marcó diferencias, cuando en octubre de 1973 ingresamos 160 aspirantes en la I Promoción del Centro de Selección de la Academia General del Aire (CSAGA), en la Base Aérea de Armilla, inaugurando un nuevo sistema de ingreso que modificó la tradicional convocatoria de oposición por una de exámenes tipo “test”, que por primera vez incluía exclusivamente el idioma inglés. Hay que mencionar, como una más de las peculiaridades del grupo, que procedíamos de distintos planes de estudio: los había del Preuniversitario y del COU. Además, con este nuevo sistema fuimos los pioneros en la duración de cinco años de carrera para recibir los despachos de teniente.

Todos los “Caballeros Alumnos” que ingresamos en el CSAGA sabíamos que, al ser dos aspirantes por plaza en relación con el número normal de componentes de una promoción de la AGA, había que estar entre los 80 primeros para ingresar. ¡Qué ingenuos! A comienzos del último trimestre supimos que sólo ingresarían los que aprobasen todo en junio. Y aquí viene otra característica que hace a la XXX “única e irrepetible”: somos la única promoción compuesta por alumnos procedentes del CSAGA y otros de convocatoria por oposición directa, es decir, una mezcla de soldados con la mili hecha y un año de convivencia, y paisanos que venían de la calle.

Pero, por ser especiales, también lo fuimos en la rápida integración y buena armonía que conseguimos en poco tiempo, facilitadas en buena parte por haberse reinstaurado con nosotros el periodo de campamento en el Carmolí, para “aclimatación” de los nuevos cadetes previa a su entrada en la Academia, donde la instrucción, las clases de Régimen Interior, las “generalas”, la convivencia en las tiendas de campaña en grupos de 10 al mando de un “aspirino” por tienda, la “luta”, el “Keo”, los fuegos de campamento, las accidentadas visitas a las letrinas campestres y aquél minuto glorioso de ducha con agua dulce al día, crearon un ambiente de camaradería y compañerismo que forjó los cimientos de la XXX.

Otra singularidad propia de la que podemos presumir, y mucho, fue la de ser la única promoción en la que una parte de sus componentes llegaban a primero con la suelta en la Bücker, para envidia de los cadetes de segundo, los inolvidables “asules”, que incrédulos de nuestra hazaña nos hacían representar sentados en una silla los movimientos de palanca y pedales de maniobras acrobáticas. Todo un avance de entrenamiento para los que aún no habían pisado una cabina por entonces. Fue la única novatada que tuvimos a bien consentir a los de segundo. Para su mayor escarnio, los procedentes de ingreso directo también hicieron un curso de Bücker en primero.

En el terreno extra académico se produjo un cambio profundo en nuestra Patria durante nuestros cuatro años en la AGA. Mientras, nuestro día a día en “la Cueva” pasaba entre instrucción, vuelos, marchas, carreras por la Plaza de Armas, arrestos y sus días de “marquesa”, “caimanes” frenéticos, e incluso los “Estratosféricos”, siendo la primera vez que los “nuevos” aparecíamos en escena en este evento.

En efecto, fuimos los cadetes del inicio de la Transición. Ingresamos en la AGA de la España de Franco, hicimos el último desfile de la Victoria ante el Caudillo, meses después los más antiguos velaron su féretro y el resto participaron en la revista de la plaza de la Armería y el posterior desfile de la coronación de S.M. D. Juan Carlos I, completados con cadetes de la XXXI Promoción como Escuadrilla de Honores de la AGA y finalizamos la formación en la Academia con los despachos de teniente entregados por el Rey de España.

Siendo alféreces de cuarto participamos en el Referendum de la Ley de Reforma Política y primeras elecciones a Cortes Constituyentes, votando la vigente constitución meses después de alcanzar el empleo de teniente. Así que ingresamos en la AGA en una situación política, social y económica de España muy diferente a la que existía cuando salimos, y eso también se veía en las publicaciones y revistas que empezaban a proliferar como hongos para asombro de algunos y deleite de muchos: “Playboy”, “Lui”, “Interviu”, “Lib”, “El Jueves”, etc y las primeras películas del “destape”, todo ello prohibido cuando ingresamos. Y como culmen de este profundo cambio llegó, para sorpresa de muchos, la noticia de la legalización del Partido Comunista español. Se puede afirmar que somos la promoción de la Transición.

De lo que sí nos libramos, y de nuevo esto nos hace peculiares, es de las novatadas de nuestros compañeros de segundo, que fueron duramente tratados mientras nosotros íbamos cantando a clase, pues para su enojo y frustración se encontraron con una nueva normativa estricta del coronel de la AGA de permisividad “cero” para las novatadas. Cuando corríamos por la Plaza de Armas como castigo a no sé qué podríamos haber hecho, se nos oía cantar alto y claro: “no hay pichón, no hay pichón pá la treinta promoción” ante la atónita mirada de aquéllos, que nada podían hacer ante esta provocación, auspiciada por un capitán de la Escuadrilla conocido como el “Maqueta”, que dirigía la orquesta.

Así, y por primera vez también en la AGA, los nuevos no salimos la víspera de la Patrona a la Plaza de Armas para ser vapuleados por los de segundo en crueles y despiadados “pichones”, sino que nos dedicamos a mantear a instructores y compañeros comisionados de las otras Academias.

También pasamos muy pronto por la triste experiencia de vivir la pérdida de compañeros en acto de servicio, debido al trágico accidente de los cuatro “Saetas”. Fue la víspera del día de la entrega de despachos de la XVII Promoción, y fue la primera y única vez en la AGA que no se lanzaron las gorras al aire. En ese accidente fallecieron cinco “protos” a los que velamos por turnos esa noche.

En el área deportiva destacamos contribuyendo a ganar competiciones, representando incluso al distrito Universitario de Murcia en los Juegos Universitarios que se celebraron en la AGA en 1977, y contando entre nosotros con el recordman en los 100 metros, cuyo tiempo de 10,60 segundos aún no ha sido batido. El equipo nacional de pentathlon aeronáutico, con cuatro componentes de la XXX ganó campeonatos nacionales e internacionales, marcando un antes y un después en esta modalidad. Nuestro equipo de baloncesto ganó todas las competiciones internas de la Academia. Y por si esto fuera poco, contamos con un campeón nacional militar de golf.

Estando en primero se reeditó la Revista Águilas, que llevaba varios años sin publicarse, en la que colaboramos con entusiasmo durante los cuatro años llegando a dirigirla durante el último curso, cambiando su estilo por secciones de humor, caricaturas de los protos, tiras de cómics, anécdotas de la vida cotidiana de los alumnos y también artículos más serios, mostrando así la vida académica desde un prisma diferente y sin censura, cosa increíble en aquellos tiempos. Estando en segundo fuimos pioneros en la celebración de la primera fiesta del “paso del ecuador”, nombrando Madrina de la XXX a la hija del Coronel Director de la AGA.

En “Estratosféricos” de cuarto representamos una comedia musical donde se visualizaba un álbum de fotos de la historia de un cadete que iban cobrando vida, con play back, bailes y “pelufas” incluidos. Y pasaron muchas otras cosas que contar, pero lo dejamos aquí por la lógica limitación de espacio en este libro conmemorativo de los 75 años de la AGA.

Echando la vista atrás no podemos creer que ya hayan pasado 40 años desde que lanzamos nuestras 87 gorras al cielo azul aquel julio de 1978, en el que partimos llenos de ilusión y esperanza en nuestro porvenir como aviadores y futuros cabezas de familia, jóvenes ilusionados, con toda una vida por delante, aunque algunos se fueron prematuramente, la mayor parte dando su vida por España, y otros por enfermedad. Nuestro más sentido recuerdo y profundo cariño a estos trece compañeros que continúan en formación con su Promoción.

Coincide esta reseña con la hora de decir adiós a nuestra vida profesional como oficiales del Ejército del Aire y Aviación Civil, algunos desde los puestos de mayor responsabilidad, como nuestro JEMA actual. Otros, en compañías aéreas civiles, han llegado también a ocupar los puestos de la mayor responsabilidad. En ambos casos todos estamos orgullosos de pertenecer a la XXX Promoción. En esta despedida de nuestra vida profesional, unos y otros jamás perderemos el sello identificativo de aviadores que llevamos en nuestro ADN y que nos acompañará mientras vivamos, y nunca se borrarán en nuestros recuerdos las experiencias vividas en una profesión que, más que un trabajo, ha sido un privilegio y una maravillosa aventura.

Por todo ello podemos decir con orgullo y satisfacción “misión cumplida”. ¡Que viva hoy y siempre la XXX Promoción de la Academia General del Aire!

La XXX Promoción

XXX Promoción