XXIX Promoción

Este año en que nuestra querida Academia General del Aire cumple sus 75 años, la XXIX Promoción celebró las llamadas Bodas de Oro, brillante acto para rememorar que hace 40 años, después de un largo periodo de formación salimos de este centro con nuestros despachos de Tenientes, para afrontar las responsabilidades y el buen hacer que de nosotros esperaba nuestro Ejército del Aire.

Allí nos encontrábamos los componentes de la promoción, formados en la plaza de armas bajo el manto de una ligera brisa marinera y mirando de reojo a los alumnos y preguntándonos que podrían estar pensando de nosotros. Espero que la imagen fuera la de unos de profesionales con la huella del tiempo grabada en el cuerpo, intentando no perder el paso para besar la Bandera les sirva a esos jóvenes cadetes para que siempre tengan presente aquello que también un día juraron o prometieron ante la misma Bandera.

Volver a pisar la “Cueva”, nombre de la Academia en la particular jerga del cadete, que fue nuestra casa durante cuatro años es traer a nuestra memoria un pasado que aún perdura en nosotros.

Ingresamos un mes de septiembre de 1973, y tras pasar 4 años juntos, en 1977 recibimos nuestro anhelado despacho de Teniente. En aquel mes de julio de 1977, de los 103 componentes que ingresamos, recibimos el despacho de Teniente 96 incluyendo algunos heredados de la anterior promoción. 81 del Cuerpo General (Vuelo y Servicio en Tierra) y 15 del Cuerpo de Intendencia.

La Promoción hizo su incorporación unos días antes que el resto de los alumnos de la AGA, muchos utilizamos el tren para ello y creo que la llegada a la estación de Balsícas ya marcó que entrabamos en un mundo diferente.

En primero tuvimos de coronel a D. José Torres García, persona no muy visible y de Jefe de Escuadrilla inicialmente al Cte. José María del Rio Echevarría y posteriormente a José Gandía Uceda.

La llegada a la AGA la hicimos en un día de sol, calor y humedad. Después de realizar algo parecido a una formación de la que tanto disfrutaríamos en los años venideros y una vez dentro de lo que iba a constituir nuestro alojamiento naves corridas con cama, taquilla, mesa y silla metálicas. Sufrimos sin saber todavía lo que era el primer “caimán”, expresión que lo podemos definir como un pase de modelos del cadete para lucir en el mínimo tiempo posible los más variados e imaginativos modelos de uniformidad y que rara vez era de la satisfacción del proto. Montones de cajas para desembalar e introducir en un perfecto orden determinado en la taquilla. Ese día aprendimos: otra manera de vestirte (“manguitos”, “tabardo”, “palas”, “tirilla”, “ceñidor”, incluso la trusa de baño ?, etc.); de hablar (“luta”, “proto”, “marquesa”, “tubo”, “pichón”, etc.); de designar a los compañeros (“rácano”, “puntero”, “paralitico”, “escalillero”, “caraja”, caballo, etc.); que se empezaba a comer a la voz de siéntense y se terminaba cuando el Cap. mandaba tocar al cornetín de órdenes (“turuta”) independientemente del plato que se estaba sirviendo; y que hay otra forma de desplazamiento pues se iba a casi todas partes en formación o sino corriendo. Y tantas otras cosas que teníamos la sensación de que todo estaba por aprender.

Aquellos primeros días de “relativa tranquilidad” se truncaron con la llegada a la Academia del resto de las promociones. ¡Pronto conocimos una nueva y escalofriante expresión “venga usted aquí nuevo!” y con ella las “novatadas”. Puesta en marcha de ideas que deberían de hacer reír a unos y sonreír a todos. Asignatura de “suspenso” por la falta de gracia de la mayoría de ellas. Significativa fue la introducción, desafiando todas las leyes de la física, de los 103 componentes de la promoción dentro del foso de la “línea Pérez”, de donde físicamente tuvimos que ser extraídos. También comenzó nuestro incesante peregrinar por el comedor para cubrir mesa, el azar marcaba la posibilidad de poder disfrutar de la comida.

Fueron constantes nuestras visitas a la “boutique de la AGA”, llamada depositaría de efectos para la prueba del traje de paseo y “chupa”. La confección corría a cargo de la sastrería “La Japonesa” de Cartagena. Te quedase como te quedase el uniforme “todo lo solucionaba el tiempo”, si la guerrera te quedaba inmensa no era problema por la musculatura que íbamos a desarrollar y si el pantalón igualmente te quedaba inmenso tampoco era problema pues con lo bien que se comía en la Academia rápidamente también lo rellenaríamos. Gracias a la intervención del Cap. de Intendencia Alfonso García Valdés la “desastrería” se llevó todos los uniformes a Cartagena para rehacerlos, llegando estos justos para la Jura de Bandera. Al año siguiente los uniformes los suministró el Corte Ingles.

En la Academia se comía francamente bien a diario y sobresalían los Calderos del Mar Menor que con fuego de leña se hacían en la trasera del comedor cada vez que teníamos alguna visita a la AGA. Hasta con la orden del día aprendíamos leyendo el menú que tendríamos al día siguiente: perdiz igual a cogollo; codillo de cerdo igual a salsa de osario. También el menú demostró nuestra incapacidad para calcular el número de Kms. de “picatostes” que tomamos en el desayuno a lo largo de los cuatro años.

El comienzo del segundo curso contó con un nuevo coronel D. Manuel Campuzano Rodríguez, este más visible, de Cte. de Escuadrilla inicialmente Carlos Irles Coquillat y posteriormente el Cap. Joaquín Barrios Quintero.

En este curso a la XXIX se le quiso dar un cierto toque legionario, fue un año muy difícil: la posición de firmes incluía la cabeza con 45º hacia arriba; y existía otra forma de desplazamiento además de la formación o paso ligero llamada repta simultánea.

Pero esta situación diferente nos dio la energía para afrontar determinadas actividades a la vez que nos dio una experiencia que ha sido forjada dentro de unas circunstancias distintas al presente y un gran sentido del compañerismo.

La XXIX vivió una Academia distinta, como distinta era la situación de España una España en transición. Entramos con un Régimen y vivimos la vuelta a la monarquía y el nombramiento como Rey de España de SM. Juan Carlos I.

Hemos sido testigos y actores de cambios profundos en nuestro país y en el mundo que nos rodea. Han sido años intensos y gratificantes en nuestras vidas ¡Qué distinto es actualmente nuestro entorno, que distinto es nuestro Ejército del Aire, que distinta la Academia! En tercero tuvimos inicialmente de Jefe de Escuadrilla al Cap. Pedro Sánchez Alajarin y posteriormente al Cap. Cándido Mena Altamirano con él nuestra vida volvió a la normal disciplina en la Academia.

En España se vivía una situación de expectación e indefinición ante el previsible fallecimiento del Jefe del Estado Gen. Francisco Franco. Dos meses antes de este suceso la tercera escuadrilla sufrió una revista del cuarto de baúles siendo arrestados todos los que en él guardaban ropa de paisano pues estaba prohibido vestir con ella. Cuando falleció Franco el 20 de noviembre se nos mandó a todos los cursos menos a los de segundo a casa con la obligatoriedad de salir vestidos de paisano, teniendo que prestar ropa los que fuimos arrestados a los que no la tenían para poder salir de la AGA. Mientras los demás estábamos en casa, correspondió a los de segundo la participación en los actos con motivo del fallecimiento de Franco y de la proclamación del Rey, actos que finalizaron el 28 de noviembre incorporándonos nuevamente todos a la Academia.

En cuarto tuvimos de Jefe de Escuadrilla al Cap. Jesús Cordero Hermans, este año era diferente. Habíamos avanzado tanto que casi ya no quedaban asignaturas que dar en el Syllabus de la AGA. Éste era muy extenso y aunque algunas asignaturas se daban con demasiada profundidad, como Historia Militar, y otras no le veíamos gran utilidad, Física Nuclear o Programación Fortran, es cierto que todas ellas fueron de valía para nuestra preparación.

En el aspecto aeronáutico fuimos la primera promoción que no voló la Bucker en la AGA, se nos quedó la miel en los labios con el llamado vuelo de familiarización. Tras el curso de Piloto Observador, más conocido como de “altos ojeos”, volamos el T-34 Mentor, el T6 y él HA-200 Saeta.

Fueron cursos muy completos y de gran número de horas. Fruto de ello sobresale un rombo de rombos en formación cerrada de 16 Mentor en la que los jefes de rombo eran “potros” con alumnos y el resto alumnos solos o los viajes a Alicante, Almería y Albacete solos en Mentor. Ese año en la promoción se hizo común un sentimiento general. Al romper filas más o menos en alto dependiendo del momento coreábamos “una menos para el abuelo” y así era hasta que llegó el esperado 15 de julio que recibimos nuestro despacho de Teniente.

Para los componentes de la XXIX promoción el paso por la AGA además de darnos anécdotas y vivencias, nos ha dejado amistad, y un profundo compañerismo, forjado en situaciones difíciles.

La AGA nos proporcionó valores que siempre estuvieron presentes en todas las actividades académicas como: el amor a España, la disciplina, la lealtad, el compañerismo, el espíritu de equipo, la responsabilidad, el sentido del deber, la capacidad de compromiso, la solidaridad y el valor.

¡Cuántas cosas han cambiado! Nosotros y nuestras vidas. Pero lo que no ha cambiado es el aprecio por los valores que recibimos en la Academia. Valores que nos han ayudado a saber estar y entender nuestras responsabilidades profesionales, familiares y con la sociedad a la que pertenecemos.

Como afirmaba Robert Worcester “Las opiniones son como las olas, superficiales, fáciles de cambiar de dirección; las actitudes como las mares; y los valores como las corrientes, fenómenos que se encuentran muy profundos y que cambian muy poco”.

XXIX Promoción