XXVIII Promoción

El 11 de septiembre (otro 11-S) de 1972 hacía su presentación en la Academia General del Aire un nutrido grupo de jóvenes que había logrado superar las oposiciones convocadas para ingresar en el Centro poco antes del verano y que fueron nombrados Caballeros Cadetes por OM 1898 de 14 de julio de 1972 (BOE 170). Se trataba de los componentes de la XXVIII promoción.

La promoción era numerosa, se habían convocado 84 plazas, 60 para el Arma de Aviación Servicio de Vuelo, 10 para el Arma de Aviación Servicio de Tierra y 14 para el Cuerpo de Intendencia. Además, la XXVIII coincidía con el segundo Curso de Formación Militar para los Cuerpos del Ejército del Aire, los famosos “Aspirinos”. Eran 8 Ingenieros Aeronáuticos, 19 Ingenieros Técnicos Aeronáuticos, 7 Médicos y un Farmacéutico. También entraron los cursos IMEC y los de Piloto de Complemento, aunque con ellos había menos contacto. Algunos decían que además de tratarse de una promoción muy numerosa, también se trataba de una promoción en la que había bastantes nombres “conocidos” entre sus componentes.

Los alojamientos eran naves corridas y la recogida de prendas de vestuario y uniformidad nos acostumbró a unos términos hasta entonces poco conocidos: Truxa de Baño, Fiador de Gala, Baúl Camarote… La Uniformidad de Trabajo, de Instrucción, de Deporte, o incluso el “pijama de uniforme” gris se convertiría en la indumentaria estándar. El color que acompañaría a la promoción durante todo su paso por la Academia en su ropa deportiva, distintivo nombre o pañuelo de vuelo sería el color rojo.

La vida académica comenzaba muy pronto. Diana a la 0615, revista, desayuno, estudio, clases, deporte, comida, estudio, clases, paseo, estudio, cena, estudio y silencio. Las sesiones de instrucción cerrada por la Plaza de Armas se sucedían. Durante los primeros meses, los encuentros con los componentes de los cursos superiores solían acabar mal para los de la XXVIII ya que éramos los “nuevos”, y eso que había comenzado una importante ofensiva para reducir la incidencia de la “novatadas”. Desgraciadamente, también se tuvo un primer contacto con los riesgos inherentes a nuestra vocación. En el último trimestre de 1972, hubo 2 accidentes graves de T-6 en la Academia General del Aire, en uno falleció un instructor y en el otro, un instructor y un alumno de cuarto curso resultaron gravemente heridos.

Por fin llegó el primer 10 de diciembre, la primera Patrona y la Jura de Bandera, el compromiso de nuestra profesión de por vida. Los miembros de la XXVIII dejamos de ser “nuevos” y nos convertimos en Caballeros Cadetes de Primer Curso. Y cómo no, comenzó la relación con Murcia con la declaración de hijos adoptivos y ofrenda floral a Nuestra señora de la Fuensanta pocos días después.

Posteriormente, los del “campo de arriba” comenzaron a ir al “campo de arriba”, los del “campo de abajo” al “campo de abajo”, las asignaturas se sucedían una tras otra en las aulas, los picatostes “acumulaban kilómetros”, la ensaladilla nacional y los soldaditos de Pavía no saciaban el hambre que debía ser acallada con bocadillos de “tortilla”, de “tortilla con” y de “tortilla con-con”, cuando no con unos huevos con patatas en “La Obrera” en la hora de “paseo”. Los cadetes de la XXVIII comenzamos a sentirnos cómodos en la Academia General del Aire, a considerarla como nuestra casa y nos incorporamos al ritmo marcado por los instructores y profesores, colocando todos los Baúles “mirando a poniente” y los tapones de los lavabos comunitarios ordenadamente alineados a la derecha de cada grifo. El Director de la Academia General del Aire, nuestro primer Director, era el Coronel D. José Torres y el Jefe de la Escuadrilla de Primero y nuestro primer Jefe fue el Comandante D. Ramón Raimundo Corredor.

También, por fin, en los fines de semana los cadetes de primero pudimos desplazarnos a un lugar distinto del “Triángulo Local” (los Alcázares, San Javier, San Pedro del Pinatar), fin de semana que comenzaba el sábado tras la comida, y que nunca era seguro, pues cualquier “revista” podía dar al traste con el mismo, si no lo había hecho ya la vida diaria forzando a concertar una cita con “La Marquesa” como plan para el sábado por la tarde y el domingo. Esos desplazamientos estaban limitados a las ciudades de Alicante, Murcia o Cartagena, había que regresar a la Academia para dormir el sábado y el domingo y se hacían en autobuses militares por las carreteras existentes entonces. Por supuesto, todo el tiempo se debía vestir el uniforme de paseo, lo cual también era controlado por la “Vigilancia” dispuesta al efecto en cada una de estas “plazas”. Aquellos que disponían de vehículo propio no podían utilizarlo, pues estaba prohibido conducir.

Tras la pausa veraniega, la reincorporación a la Academia se hacía sobre terreno conocido y siendo ya “de segundo curso”, lo que siempre daba cierto “Pedigree” sobre los de primero. En segundo, también correspondía organizar “Estratosféricos” en la Patrona y así se hizo, constituyendo un importante éxito para todos.

Pero había algo fundamental para los del Servicio de Vuelo: Se comenzaban a tratar las asignaturas referidas al vuelo. Eso era una gran inyección de moral, pero sobre todo cuando comenzó a correr el rumor de que durante el segundo trimestre se comenzaría la Escuela Elemental en “la Bücker”. Efectivamente, en ese segundo trimestre y desde El Carmolí, la XXVIII comenzó a volar. Las magnetos, Los cambios de T, las banderas en cabecera de pista, los resbales, los tráficos, el viento en la cara y la forma de comunicarse con el “Proto” a través de un ingenioso sistema de tubos, nos dio entrada al vuelo y constituyó un elemento que marcó a la promoción por haber comenzado “tan pronto” para la época. Tanto, que se diseñó el emblema de la promoción simulando una “Bücker” cuyo cableado entre las alas del biplano marca el número XXVIII.

Al final del segundo curso llegó por fin la tan ansiada “Entrega de Despachos” y los componentes de la XXVIII promoción nos convertimos en Alféreces Alumnos, un paso importante en nuestra carrera militar pues se trataba del primer empleo de oficial. En ese mismo acto el Coronel D. Manuel Campuzano Rodriguez sustituyó al Coronel José Torres como Director de la Academia.

Tercer curso supuso un importante cambio de vida. De las naves corridas se pasó a las “camaretas” de tres Alféreces por cada una de ellas. Por fin se podía pernoctar fuera de la Academia los fines de semana y, lógicamente, el estatus de Alférez Alumno daba ciertas ventajas, aunque sin excederse.

En cuanto a los de Servicio de Vuelo, se prosiguió el aprendizaje en la Escuela Elemental, ahora en la T-34 Mentor, cada “Proto” tenía aproximadamente 3 alumnos y el avión tenía algo más de tecnología que la “romántica” Bücker. Tomas y despegues en pista, tráficos, acrobacia, formaciones, roturas, reuniones, “80 y pista”, se convirtieron en la actividad diaria. Incluso se hacía algún vuelo de navegación a los “distantes” aeródromos de Albacete y Almería. Al mismo tiempo, el vuelo en la Escuela Elemental se conjugaba con los vuelos en la “Escuela de Aplicación” en la que se obtenía el título de “Observador de Aeroplano”. Rutas de Navegación con levantamiento de croquis en la I-115 “Garrapata”, fotografía oblicua en la Dornier-27 y puestos de cabina preparados con instrumentos de los recién llegados CASA-212 Aviocar, aunque estos últimos vuelos fueron muy escasos y casi “experimentales”.

Los de Servicio de Tierra e Intendencia continuaron con sus estudios específicos. Un cambio en la legislación hizo que desapareciese lo que hasta entonces se denominaba Servicio de Vuelo y Servicio de Tierra, apareciendo la “Escala del Aire” y las Escalas de “Tierra” y de “Tropas y Servicios”.

En el verano de 1975, se preparaba una nueva “Entrega de Despachos”. En los ensayos del día anterior a la misma, una formación de 4 Saetas se estrelló en el Mar Menor, pereciendo todos sus ocupantes, un total de 5 profesores de la Academia que entregaron su vida en el desarrollo de su Servicio a España y de nuevo se mostraba a los alumnos que una profesión tan vocacional y bella como la elegida, no estaba exenta de riesgos y sacrificios. El sepelio de las víctimas fue presidido por Su Alteza Real D. Juan Carlos, Príncipe de España, que también presidió los actos de la Entrega de Despachos de ese año.

Tras el verano, el regreso deparaba importantes novedades. Era el último curso, Alféreces de cuarto, los más antiguos de los alumnos. Si alguien en la Academia tenía ciertas prerrogativas esos eran “los de cuarto”.

Pero noviembre de 1975 quedo marcado por el fallecimiento del entonces Jefe de Estado y las grandes interrogantes que se abrían para el futuro de España. Afortunadamente, la transición fue modélica y todos fuimos testigos de los importantes cambios que se iban a producir en España y del nombramiento como nuevo Jefe del Estado de Su Majestad Don Juan Carlos I. Era evidente que justamente el curso en que la XXVIII promoción terminaría sus estudios, se iba a poner en marcha una nueva etapa de nuestro país que en ese momento era de grandes incógnitas. Así, el curso prosiguió concentrándose en los estudios y los vuelos. También, la XXVIII recibió entre sus filas a dos alumnos ecuatorianos para llevar a cabo los vuelos de la Escuela Básica, Wilson Salgado y Oswaldo Rodriguez, que fueron recibidos y acogidos como compañeros.

La Escuela de Vuelo Básico se realizó en el querido y ya muy usado T-6 Texan. Ese era ya un avión muy serio, de los que había que controlar de cerca y que enseñaban a volar de una forma muy profesional. Los “Protos” se dedicaron a “sacar adelante” a la Promoción y si al principio el avión impresionaba, según se iba conociendo y controlando mejor se le cogía cariño. Puestas en marcha humeantes, blocaje y desblocaje de la rueda de cola, rodajes casi a ciegas haciendo eses, poderoso par motor, tráficos, roturas, reuniones, formaciones, acrobacia e instrumentos con capucha se convirtieron en el día a día para los componentes de la recién creada Escala del Aire. Pero el viejo T-6 mostró sus achaques y algunas fases de la instrucción de vuelo no se podían completar. Hubo que complementar la formación con vuelos en dos tipos de aviones adicionales. El C-10 “Saeta”, ahora E-14, primer reactor fabricado en España. Cada alumno realizó tan solo unas 10 horas de vuelo en el avión, pero supuso toda una experiencia. Otra fase difícil de completar en el T-6 fue la Fase Instrumental. Los vuelos se hacían en la cabina trasera, con capucha, pero los instrumentos precesionaban y los equipos eran anticuados. Por ello, gran parte de la Fase Instrumental se realizó en las muy recientemente adquiridas Beechcraft “Bonanza” denominadas E-24. Las “Bonanza” estaban muy bien instrumentadas para la época, y permitían realizar figuras instrumentales, interceptaciones de radiales, esperas, penetraciones de baja cota y aproximaciones con gran garantía y fiabilidad. En cada vuelo subían dos o tres alumnos que iban turnándose en el puesto de “copiloto”, para lo que tenían que hacer alguna contorsión para pasar de los asientos traseros al delantero superando los respaldos de los mismos.

La Escala de Tropas y Servicios siguió con su formación específica, lo mismo que el Cuerpo de Intendencia, de forma que para el mes de junio casi todos habíamos terminado los estudios. Solo quedaba el viaje de fin de curso y la “Entrega de Despachos”. Todos aspirábamos a un viaje por tierras lejanas, pues no en vano pensábamos que la abundancia de “nombres conocidos” en la promoción ayudaría a ello, pero no fue así y un circuito nacional nos dio a conocer las diversas Unidades del Ejército del Aire y algunos de sus nuevos sistemas de armas. De San Javier a Getafe, Madrid, Cuatro Vientos, Torrejón, Albacete, Zaragoza y regreso a San Javier. Las estrellas sin duda fueron los muy recientemente adquiridos Mirage F1 en Albacete y los C-130 Hércules en Zaragoza.

Por fin llegó julio y con ello nuestra esperada “Entrega de Despachos”. El 14 de julio de 1976 Su Majestad el Rey Don Juan Carlos Primero, presidió por primera vez como Jefe del Estado la Entrega de Despachos de la Academia General del Aire y a los miembros de la XXVIII promoción les cupo el honor de ser los primeros en recibir, de uno en uno, el despacho de Teniente de Su Majestad directamente en mano, lo que de algún modo era un presagio de los nuevos tiempos en los que se adentraba nuestra Patria.

El Teniente D. Francisco Rincón Abad terminó como número 1 de la Escala del Aire, el Teniente D. Rafael Hermoso de la Vega fue el número 1 de la Escala de Tropas y Servicios y el Teniente D. Eugenio Rodriguez Monné acabó como número 1 del Cuerpo de Intendencia. Además, se mencionaron como destacados por Conceptuación en Vuelo al Teniente D. Norberto Macías Arias y en Conducta y Espíritu militar al Teniente D. Miguel Moreno Álvarez.

El lanzamiento de las gorras al aire tras recibir la orden de “¡Rompan Filas!” por última vez como alumnos en la Academia General del Aire fue una explosión de júbilo indescriptible, en un momento pasaron por la mente de todos cuatro años de esfuerzo y sacrificio, que habían merecido la pena pues se comenzaba una nueva andadura profesional marcada por la vocación de servicio a España y los españoles, precisamente en un momento en que nuestro país comenzaba a experimentar importantes cambios en su modo de vida.

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