XXVI Promoción

Estimado lector, muchas gracias por dedicar parte de tu tiempo a la lectura, y espero disfrute, de esta reseña histórica de los acontecimientos memorables que afectaron a nuestra siempre querida y añorada Promoción. Vaya por delante que lo de la XXVI es la denominación a efectos formales y administrativos. Nuestra Promoción siempre ha sido, y será, la EQUIS EQUIS UVE PALOTE, como así lo preconizan por los cuatro puntos cardinales las voces más potentes y graves de nuestra Promoción, siempre acompañadas por un ¡BIEEEN! del resto de la coral compuesto por tenores, contratenores y barítonos.

No puedo comenzar mi relato sin hacer referencia a los cambios acaecidos en el mundo en que nos ha tocado vivir y los experimentados en nosotros mismos.

Sobre los primeros no son diferentes a los que ha sufrido la sociedad en la que vivimos y que evidentemente hay que relativizar. En nuestro caso han transcurrido 45 años desde nuestro ingreso y en ellos la trasformación ha sido brutal. Comenzando por nuestra llegada a Santiago de la Ribera tras un largo viaje nocturno en tren hasta Balsicas y un traslado en autobús hasta nuestro destino final. Llegada a las 6 de la mañana y matando el tiempo con un café y unos boquerones en vinagre que sobraron el día anterior en el mismo bar de siempre y con la búsqueda de una peluquería de guardia para hacer los retoques que nos librarían del primer arresto de la temporada. La familia se enteraba de la llegada dos días más tarde al recibir la carta postal. Hoy se hace el viaje en unas horas y durante el trayecto la familia ha seguido (¿o se dice traqueado?) el itinerario gracias a Google, se han intercambiado tres SMS, 20 wasaps y 5 llamadas por teléfono.

Y desde el punto de vista aeronáutico la evolución ha sido comenzar a volar la E.3B Bücker y terminar con el EF2000, con el DC-3 y acabar con el A400M.

¿Que cómo hemos cambiado nosotros? Eso no es relativo, es absoluto. Atrévete a tomar una foto de hace 43 años (no busques una de color que todavía eran en blanco y negro), ponte delante del espejo, pero relajado y respirando normalmente para permitir que las formas menos nobles ocupen su puesto en la formación, y compara. Sí, eras y eres tú.

La vida académica fue la normal en esos tiempos con cientos de historias, anécdotas y sucesos condicionados siempre por la normativa sobre disciplina interna aplicable en esos años y que conducían a situaciones que hoy resultan inverosímiles. Describamos el escenario: prohibido conducir, no está permitido vestir de paisano y ojo con permanecer en la calle más tarde de las 23:00. A ello se unía el hecho de que el bromuro que nos suministraban en cada una de las comidas debía de estar ya caducado y sus efectos eran nulos cuando no potenciadores del “sabor”. Situación explosiva que sólo se resolvía con valor (a un militar nunca le falta) e imaginación.

Sólo dos ejemplos que sirven de ilustración. Perdonad que no identifique a los protagonistas porque algunos podrían ser respetuosos abuelos y no quisiera generar conflictos con sus respectivos nietos.

Tal vez era la primera y única vez que el Alférez García iba a la plaza de Alicante a pasar el fin de semana y lo hacía porque quería celebrar con su “padre académico” algún evento merecedor de tal conmemoración. Era ya madrugada del domingo cuando, saliendo de un bar de copas y encontrándose ambos a punto de subir al coche, se toparon con el Capitán de Vigilancia acompañado del Alférez nominado para el mismo servicio. El Capitán conoció al que hacía de conductor y se entabló una conversación tras el saludo de rigor. El Alférez García, que portaba una ridícula peluca para pasar desapercibido, se agachó al otro lado del coche simulando que se ataba el cordón del zapato. El Capitán no le prestó atención y el Alférez de Servicio respiraba tranquilamente porque vio que su compañero de promoción iba a salir airoso de la comprometida situación. De pronto el Alférez García, víctima de un repentino arrebato de heroísmo, pánico, valor o tal vez temor, se ponía en pie, rodeó el coche dirigiéndose al grupo y, cuadrándose reglamentariamente se presentó como manda la ordenanza al sorprendido Oficial. Eso sí, sin quitarse la peluca en ningún momento.

Los siguientes protagonistas, ambos también Alféreces, habían sido “nominados” por la Comisión organizadora de las Fiestas de San Javier miembros de la Junta que debía elegir a la Reina y Damas de dichas fiestas. Sobre cómo trascurrieron las horas durante las cuáles se celebraron estos actos tuvimos noticias a lo largo de los días siguientes. El hecho es que los dos Alféreces no se presentaron en la formación antes del toque de silencio y llegaron a eso de las 4 de la mañana tras cumplir con la misión encomendada. Eso sí, mantuvieron durante toda la noche la uniformidad con la dignidad que merecía la ocasión. Al día siguiente, cuando estaba a punto de caer la cuchilla sobre sus respectivos cuellos, una oportuna llamada del Alcalde de San Javier al Director de la Academia con el mensaje de agradecimiento y felicitación salvó a los dos Alféreces. Diez segundos tarda uno en pasar de villano a héroe.

Nada que no se repita en cada una de las promociones con otros nombres y diferentes circunstancias.

¿Pero cuáles fueron los hechos diferenciales en la XXVI Promoción que sin duda marcó nuestra vida no sólo en la Academia sino una vez terminado nuestro período de alumno?

Durante los primeros días de nuestra estancia en la Academia se nos comunicó que se iba a aplicar un cambio en el plan de estudios que suponía, entre otros aspectos, que no íbamos a volar durante los dos primeros cursos. Y no sólo eso, no había seguridad de cuándo empezaríamos a utilizar el mono de vuelo para lo que realmente se había entregado. En ese ambiente de incertidumbre comenzaron a correr los bulos acerca de cuál sería nuestro futuro creando un ambiente de inquietud y preocupación durante una larga temporada.

A ello se unió el comentario de un General que, en una visita a la Academia, comentó delante de algunos de nuestros compañeros que la XXVI Promoción sobraba en los planes que el Ejército del Aire tenía en esos momentos. Nuestra preocupación se convirtió en temor ya que nadie nos supo dar una explicación a dichas palabras y no tuvimos más salida que esperar acontecimientos. Hoy, tras revisar los distintos episodios que de una manera u otra han afectado a nuestra Promoción puedo concluir que las previsiones a largo plazo deberían considerar muchas variables que el mencionado General no tuvo en cuenta en esa ocasión. Expongo a continuación, de manera breve, la evolución de la XXVI Promoción.

Un día de septiembre de 1970 sesenta jóvenes procedentes de todas las regiones de España nos presentamos a la puerta de la AGA. Uno de ellos tuvo que dejar nuestra Promoción incorporándose a la siguiente.

De los 59 restantes, 10 fallecieron en sendos accidentes de aviación, otros 7 por diferentes enfermedades. 33 optaron por seguir su carrera profesional en diferentes compañías aéreas u otras actividades. Algún otro ilocalizable. Apenas 10 consiguieron el grado de Coronel, uno de General de Brigada falleciendo al poco tiempo. En la celebración de las Bodas de Oro, hace tan sólo tres años, ningún General representó a la XXVI Promoción. No por ello el acto dejó de tener el brillo que merecía gracias a la asistencia de los miembros de la Promoción, al recuerdo de los que no asistieron y al apoyo de la Academia que siempre hemos considerado como nuestra casa.

Y no es para menos. Ello me trae a la memoria otro de los acontecimientos que vivió nuestra Promoción de manera particular. Estábamos ya preparando las maletas para nuestras merecidas vacaciones de verano al finalizar nuestro curso cuando se nos comunicó una inesperada noticia. Con motivo de la celebración del encuentro internacional del Penthalon Aeronáutico durante el verano se nos solicitó (o tal vez se nos ordenó, no recuerdo) la presencia de toda la XXVI Promoción durante dos semanas para colaborar en las actividades logísticas necesarias (árbitros en diferentes pruebas, monitorización de los resultados, etc.) para que dicho encuentro pudiera ser celebrado con normalidad. Y allí estábamos puntuales en respuesta a la llamada. Eso sí, hubo cierta relajación en las normas aplicables a los alumnos: libertad en la entrada y salida, se podía vestir de paisano y conducir, incluso se podía aparcar en los alrededores de la plaza de armas. Es decir, se admitió una situación que, aunque no aprobada, ya existía. Sin entrar en detalles podemos decir que todos los miembros de la XXVI Promoción han participado en al menos 1 Penthalon Aeronáutico de carácter Internacional.

Otras situaciones especiales no han sido tan alegres como la anterior. Los acontecimientos se remontan a la noche anterior a nuestra Jura de Bandera. Es decir, a lo que hoy se conoce como Noche del Nuevo. En aquellos tiempos la vida del cadete de primero durante el primer trimestre estaba “amenizada” con sucesivas novatadas realizadas, con más o menos gracia, por los alumnos de segundo curso. Y en esa noche estas novatadas adquirían una dimensión especial. Podríamos decir que todo dentro de lo normal ya que se consideraba normal todo lo que se hacía bajo el paraguas de la novatada.

Pero en esta ocasión lo que aconteció dejó de ser normal para convertirse en una muestra de lo que el ser humano es capaz de hacer cuando pierde su condición de humano. La visión de la escuadrilla tras el paso de algunos de los miembros de la Promoción anterior actuando como cadetes veteranos fue realmente indescriptible. Todos los miembros de la XXVI quedaron paralizados ante tanta desolación, ante tanto destrozo de sus enseres que quedaron esparcidos por todas partes. Las lágrimas que corrían en el rostro del Jefe de Escuadrón fueron la señal de que algo iba a cambiar al respecto. Sin duda esa noche supuso un antes y un después de la historia de las novatadas en la AGA. Y para los componentes de la XXVI fue un acicate que les unió aún más en su sentimiento como Promoción, en su sentido de Compañerismo.

Sentido de Compañerismo que creció durante no sólo los cuatro años que permanecimos en la AGA sino en los meses siguientes que pasamos en Matacán con el objetivo de completar nuestra formación aeronáutica aquéllos que continuamos con las actividades de vuelo. Fueron seis meses de una intensidad total y con unas vivencias personales y de grupo difícilmente repetibles. Fue para nosotros como un premio que compensaba los duros momentos pasados en la AGA. Pero eso es otra historia merecedora de un capítulo aparte.

Hoy día seguimos reuniéndonos, dentro de nuestras posibilidades, cada día 26 alrededor de un buen menú que nos dé fuerzas para rememorar nuestras vivencias. Hemos cambiado el mosquetón por los palos de golf, los procedimientos antes del despegue por las instrucciones para frenar el cochecito del nieto, pero seguimos cantando el AFRIKANKAN, el A cantar a una niña y el Piloto yo quiero ser siempre que el ambiente lo permita. Y siempre recordando a los que formaron parte de la Equis Equis Uve Palote y que ya no están en este mundo. Vaya por ellos este relato.

XXVI Promoción