II Promoción

La llegada aquel 12 de septiembre de 1946 a la Academia, “cuna” de la actual Aviación Española, que mejor podríamos llamar “fragua” o “forja” de todas las promociones que por aquí han pasado (algunas de las cuales tuvieron el honor de compartir la enseñanza con Príncipes de Sangre Real), tuvo que ser para la mayoría (si exceptuamos unos pocos procedentes de Pilotos de Complemento que ya conocían estos “lares”) una gran emoción y sorpresa: emoción por saberse ya integrados en una Joven Aviación Española que, aunque con pocos años de existencia, estaba llena de actos extraordinarios, heroicos muchas veces, y sin duda, sorpresa por el radical cambio de vida (un viraje de 180º en símil aeronáutico).

Pasar de un ambiente familiar agradable, acogedor, sin rigidez en los horarios, con las tardes libres para pasear con “Purita” y asistir algún que otro sábado a un guateque, tan frecuentes en aquella época; pasar, repito, a una vida de comunidad, con un dormitorio-nave para 30 o 40 camas, con unos compañeros no siempre agradables (recordemos novatadas) con un despertar tempranísimo, violento, ruidoso, al toque de corneta con su timbre metálico, penetrante, imperativo (“Quinto levanta”) para iniciar un día azacaneado, sin tiempo ni para escribir a “Purita” (al menos eso se les decía a ellas) con unos horarios ajustadísimos que nos hacían correr en más de una ocasión, constantemente vigilados por unos Profesores, agradables muchas veces, exigentes siempre, para inculcar en nosotros disciplina, obediencia, puntualidad, método, satisfacción por las cosas bien hechas, lealtad, amor a la Patria y compañerismo, virtud excelsa y característica de la Milicia (como muy bien indicaba la Orden de creación de la Academia) hasta la llegada de la noche con su relajante y tan agradable toque de silencio, y así un día y otro hasta completar aquellos lejanos y entonces larguísimos cuatro años, si bien algunos quisieron ampliar conocimientos y se quedaron algún año más.

Recordemos brevemente algunas de las “especiales” características de esta segunda promoción:

- Es la más numerosa de todas: 264 aprueban el ingreso e ingresan, excepto tres que también ingresaron en Zaragoza y prefirieron las dulces aguas del Ebro a las saladas del Mar Menor, y hoy son Coroneles retirados en diferentes Armas.

- De los 264 ingresados 135 lo eran para Aire, 110 para la entonces Arma de Tropas y 19 para Intendencia, más los 31 de los Cuerpos Especiales (21 ingenieros, 6 jurídicos y 4 médicos, quienes acompañaron a la promoción sólo el primer trimestre). - Es la única que disfrutó de una convocatoria en septiembre y una “repesca” en la que consiguieron entrar 18 de Aire y 29 de Tropas, completando así los 264 antes mencionados. Casualmente también el Cuerpo de Ingenieros tuvo su “repesca”, ingresando incluso más que en junio: 11.

- Es la única que no jura Bandera al final del primer trimestre, haciéndolo en mayo de 1947, ocasión para reunirse con los compañeros de los Cuerpos que se desplazaron desde Madrid para prestar también ellos el Sagrado Juramento a la Bandera.

- Es la primera promoción que pasa los cuatro años en San Javier (cinco para unos pocos) excepto los componentes de Tropas, que disfrutaron el último curso en su “cortijo” de Los Alcázares.

- Es la única que tiene un fallecido de muerte natural a bordo del avión, justo antes de despegar ¡Qué mejor lecho de muerte para un aviador que su propio avión de combate!

- Es la única que entre sus mutilados tiene un ciego, que perdió la vista en desgraciado accidente en la Bandera de Paracaidistas durante una clase de instrucción.

- Participó como “extra” en una película de aviación (“Alas de Juventud”) rodada mayormente en la Academia, lo que permitió a algunos galonistas hacerse con unos flamantes cordones nuevos a cambio de los suyos usados y viejos, que con buen criterio querían los artistas que fueran usados, de veteranos, los que exhibían en la película. Asistimos como “extras” en tomas de gimnasia, de instrucción, de formaciones de vuelo, de clases en aulas. Como mínima compensación algunos fueron invitados al estreno de la película en Madrid, película que, lamentablemente pasó por las pantallas sin pena ni gloria.

- Y sobre todo fue, por antonomasia, la Promoción de “El Caimán”, que se inició el segundo trimestre del primer Curso y los acompañó hasta la entrega de despachos. Ignoramos quién fue el genial ocurrente que le dio el afortunado nombre (bien pronto popularizado) a la formación en que los arrestados hacían instrucción y algún que otro paso ligero, con fusil y correaje durante la hora de paseo, extensamente glosado en el volumen de los 50 Años de la Academia y que sirvió para que con el mismo nombre se hiciese por los Alumnos una revista de humor, una especie de “Codorniz” de la Academia donde, con permiso de la Dirección, (se editaba en la imprenta de la Academia y el Director de la Revista era un Profesor) se permitía a los compañeros escritores y dibujante expresar su agudo ingenio en los artículos y dibujos para, con ironía, describir hechos y circunstancias de la vida académica (revista que sobrevivió hasta el año 1953, si bien luego ha aparecido con otros nombres).

Jorge Mora Bañó, en sus memorias recordaba el día a día del alumno en estos comienzos de la Academia, que era, todo hay que decirlo, bastante dura. Esta dureza llegaba a tales extremos que en ocasiones los alumnos se planteaban echarlo todo a rodar y pedir la baja. Naturalmente, cuando se pasaban los disgustos, se recapacitaba y, con la esperanza de la profesión anhelada, se seguía adelante con renovados ánimos.

Para hacerse una idea de lo que podía ser un día cualquiera en la AGA se expone a continuación el horario aproximado a cumplir:

06.00 Diana: levantarse, vestirse y asearse rápidamente.

06.20 Primera formación: pasar lista ante el oficial de semana.

06.30-07.30 Estudio: mesas junto a taquillas y a “empollar”.

07.45-08.15 Desayuno: normalmente café con leche y migas.

08.30-11.30 Vuelos: alternando semanas con clases teóricas.

12.00-14.00 Clases teóricas: alternando semanas con vuelos.

14.30-15.30 Comida: Según fuese el capitán de cocina, más o menos frugal.

16.00-18.00 Clases teóricas o instrucción: en los primeros meses y hasta la Jura de Bandera se tenía casi todas las tardes instrucción, posteriormente solía reducirse ésta a uno o dos “Días Militares”, siempre muy duros.

18.30-19.30 Paseo: al ser nada más una hora, sólo daba tiempo a ir al pueblo, dar una vuelta o hacer alguna gestión.

20.00-21.00 Estudio: lo mismo que por la mañana.

21.15-21.45 Cena: normalmente más frugal que la comida.

22.00 Lista de Retreta: última formación; pasar lista, lectura de la orden y de la relación de arrestados.

22.15 Silencio: acostarse y observarlo (el silencio, claro).

Este horario se extendía de lunes a sábado a mediodía. El sábado por la tarde se tenía libre y había un tren a Cartagena que salía de Santiago de la Ribera a las 16.00 y regresaba a las 21.00. Los domingos se tocaba diana a las 08.00. A las 09.00 había misa de campaña (formados en la Plaza de Armas con uniforme de paseo). De 10.00 a 14.00 tiempo libre. De 14.30 a 15.30 tenía lugar la comida, a partir de la cual había tiempo libre y, con el mismo horario de los sábados, tren a Cartagena.

Los que eran de Alicante o de alguna población cercana tenían dos posibilidades: si estaban en el Cuadro de Honor, sin ningún deficiente y no habiendo sido arrestados en el mes, tenían libre desde el sábado a mediodía hasta la lista de retreta del domingo a las 22.00. Cuando se ascendía a alférez-alumno, se disponía del fin de semana sin necesidad de estar en el Cuadro de Honor.

El único desplazamiento programado que había en los fines de semana era el tren de Cartagena; los que quisiesen ir a Alicante, Murcia o cualquier otra localidad próxima, tenían que arreglárselas por su cuenta; normalmente alquilando un taxi entre varios (ya que el servicio de autobuses que existe en la actualidad no era ni tan frecuente ni tan exacto).

Como se puede deducir por lo expuesto, la vida era bastante apretada, sobre todo para soportarla cuatro años seguidos, llegando algunos repetidores y unos pocos birrepetidores (más veces no se podía repetir) a permanecer cinco y seis años respectivamente. Ahora bien, cuando al cabo de ese tiempo se recibía el Despacho de Teniente, todos los sacrificios se daban por bien empleados.

Respecto a los sacrificios de la vida militar, ya entonces los cadetes eran conscientes de hasta donde podían llegar. Cuando 10 años más tarde se reuniera la promoción, a esta faltarían ya 30 compañeros, 24 de ellos fallecidos en acto de servicio. Otros lo fueron de muerte natural (número que inexorablemente seguiría aumentando, por ambos motivos, en sucesivas reuniones).

Aquella primera reunión resultó en extremo curiosa para la Academia, pues muchos de los ya capitanes acudieron en los aviones de sus respectivas unidades, resultando la plataforma una suerte de exposición o muestrario de la práctica totalidad de modelos que, en vuelo, disponía nuestro ejército.

Lejos quedaban ya entonces las primeras experiencias en vuelo, relatadas por el Tte. General D. Jorge Mora Baños, en sus memorias, del siguiente modo: “mi profesor de vuelo fue el Capitán Tomás Fernández Rivas, que en este vuelo inicial me enseñó desde el aire los alrededores de la AGA. Me llamó mucho la atención en el primer vuelo que unas alitas tan pequeñas pudiesen sustentar el avión con dos personas a bordo. Los primeros virajes también me asombraron, pues, al volar relativamente altos, parecía que la punta del ala de la avioneta se apoyase en un punto del terreno, alrededor del cual se giraba. Toda esa primera experiencia en un pequeño avión me entusiasmó, ya que es muy distinto volar en un polimotor relativamente grande en la cabina de pasajeros, a volar en las avionetas de aquellos tiempos, con el cuerpo a la intemperie de hombros para arriba y notando el viento de la marcha, a pesar del casco, las gafas y el parabrisas. En determinado momento y, para que me fuese familiarizando con los mandos, el profesor me dijo que cogiese la palanca y, lleno de emoción, así lo hice; cogiéndola con la mano izquierda, mantuve la línea de vuelo sin mayores problemas y quedé prendado de su sensibilidad de mandos.

Esa noche, repasando antes de dormirme las “aventuras” del día, me vino a la mente que, si seguía manejando la palanca de mando con la mano izquierda, tendría que mover los gases con la mano derecha, cruzando los brazos, porque éstos se encuentran al lado izquierdo. En consecuencia, cuando en el siguiente vuelo me dijo el profesor que cogiese los controles, ya cogí la palanca de mando con la mano derecha (y por cierto, que a algún profesor le costó unos cuantos vuelos descubrir en su alumno esta misma circunstancia).

Como es tradición en la Academia, la 2ª contaba con un abundante elenco de apodos entre sus miembros: Monstruo, Cura, 207, Borrego, Saltamontes, Viudes, Recluta, Chocolate, Chilaba, Pato, Negro, Concuspicio o Concus, Caralápiz, Guaje, Beauty, Rudo, Soso. Se podría afirmar que lo raro es salir de la AGA sin apodo. E igual ocurría con los profesores: Semáforo, Murciélago, Gordo Infame, Trini, Marqués de Caravaca, Masca, Sepia, Caparranas, Culopato, Mangas, peón, Don Verenando…. Tantas horas de convivencia generaban estas curiosidades.

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