XVI Promoción

El mes de mayo de 1960, tuvieron lugar en la Academia General del Aire los exámenes para el ingreso de Caballeros Cadetes de la XVI promoción, presentándose a la convocatoria un total de 938 aspirantes.

El día 15 de julio, por orden del Ministerio del Aire, se nombraron como Caballeros Cadetes de nuevo ingreso 103 para el Arma de Aviación (Servicio de Vuelo) y 16 para el Cuerpo de Intendencia del Aire.

Ni que decir tiene la alegría y satisfacción que nos llenó el nombramiento de Caballeros Cadetes que tanto anhelábamos.

Se nos comunicó que nos teníamos que incorporar en la Academia el día 16 de agosto, para lo que se nos facilitaron los correspondientes pasaportes y los efectos y equipos previos, especialmente el uniforme de diario que en aquella época era de color blanco y cuello cerrado.

La incorporación a la Academia el mes de agosto fue para los cadetes de nuevo ingreso y para los Alféreces de tercer curso, de la 14 promoción, algo que era inédito y que no se volvió a repetir en el futuro; esta decisión tenía por objeto que los cadetes iniciaran su instrucción militar antes de comenzar el curso académico y que se pudiera avanzar el curso de vuelo elemental de los Alféreces de tercer curso.

El viaje lo hicimos vestidos con el uniforme blanco, como nos habían ordenado, en uno de los trenes de la época accionados con combustible de carbón que enviaban el humo a las ventanas de los vagones, lo que significó que nuestros blancos uniformes recién estrenados llegaron bien sucios.

A pesar de haber dormido muy poco en un tren bastante incómodo, nos incorporamos con gran ilusión a la Academia General del Aire, forja donde se templa el espíritu militar-aeronáutico, y con no menos de expectación por lo que nos pudiera deparar ese período inicial de formación, determinante para satisfacer nuestra clara vocación militar.

Nos acogía a nuestra llegada el luminoso y sugerente cielo azul del Mar Menor, cuyo sol alumbraba y enervaba nuestro espíritu joven, emprendedor y aventurero y nos estimulaba a iniciar cuanto antes nuestra nueva andadura, acorde con nuestro espíritu inquieto, de experimentar nuevas sensaciones, elevándonos por encima de la tierra, para adentrarnos en una nueva dimensión, acariciando las nubes, surcando la bóveda celeste y disfrutando así de una visión más limpia, más amplia, con una perspectiva más profunda, capaces de satisfacer nuestros más nobles sueños y aspiraciones que nos habría de llevar a la consecución de nuestra ansiada meta.

Inmediatamente nos presentamos, y nos asignaron provisionalmente el alojamiento en que íbamos a estar cada uno. También nos tomaron medidas para hacernos los uniformes de paseo y de actos oficiales.

El iniciar el curso antes de que se incorporaran los alumnos de segundo curso fue una suerte, al menos temporal, porque estábamos alojados en naves asignadas a nosotros, con excepción de un Alférez en cada nave, salvándonos de soportar las novatadas que tenían lugar todavía en aquellos tiempos. De todas formas cuando se incorporaron los alumnos de segundo, en septiembre, nos mezclaron con ellos colocándolos alternativamente un alumno de primer año y uno de segundo. Infortunadamente esta distribución predisponía a hacer novatadas a los nuevos alumnos; esto se terminó cuando juráramos bandera el mes de diciembre.

Pronto se puso a prueba nuestra fortaleza, al vernos sometidos a la disciplina militar y demás exigencias de nuestra formación, requeridas para elevar y depurar nuestra entrega y espíritu de servicio y sacrificio, fomentando nuestro anhelo de perfeccionamiento y superación, a la vez que se cultivaba el sentimiento de compañerismo y el resto de virtudes militares y humanas, todo ello necesario para capacitarnos como líderes al servicio del Ejército del Aire y de la sociedad a la que íbamos a servir.

El horario estaba muy apretado y teníamos solamente una hora libre por las tardes. Empezábamos temprano por la mañana al toque de diana. Había que levantarse inmediatamente cuando sonaba la corneta para evitar ser arrestado. Nos aseábamos enseguida, con agua fría, porque no había agua caliente ni calefacción.

Al terminar el tiempo libre por la tarde teníamos estudio en la nave. Como no teníamos calefacción, en las épocas frías nos autorizaban a ponernos una manta sobre las piernas y nos traían café caliente para entrar en calor.

Como anécdota, el primer día que fuimos a la piscina el Capitán profesor de deporte preguntó si había alguno que no sabía nadar, yo levanté la mano indicando que no sabía, entonces el profesor dijo que me subiera al trampolín y me tirara a la piscina; yo no me inmuté, me subí al trampolín y me tiré al agua saliendo como pude. El profesor, que era muy sarcástico, mientras yo salía del agua dijo: “no sabe nadar pero es usted un hombre”; a raíz de esto el profesor me asignó a un compañero de mi promoción para que me enseñara a nadar.

Infortunadamente, el día 23 de noviembre, en el transcurso de un vuelo de enseñanza se estrelló una avioneta “Bücker” –avioneta en la que se realizaban los vuelos de enseñanza elemental- en las inmediaciones del pueblo del Pilar de la Horadada (Alicante), falleciendo en el acto su piloto y único tripulante, el Alférez Alumno de tercer curso don Antonio Verdera. El avión había entrado en barrena y, por alguna razón que se desconoce, el alumno no pudo controlar el avión para estabilizar el vuelo antes de impactar en el suelo.

Como es de suponer, este accidente nos impresionó sensiblemente, sobre todo a los alumnos recién ingresados; no obstante ninguno de nosotros renunció a seguir aspirando a alcanzar nuestro anhelo de llegar a ser un piloto militar.

El día 10 de diciembre, día de la patrona de la aviación, la Virgen de Loreto, juramos bandera los Caballeros Cadetes de primer curso.

Por lo demás, los cursos fueron discurriendo sin novedades destacables hasta que regresamos después de las vacaciones de Semana Santa de 1962, en que los de nuestra promoción empezamos el curso de vuelo elemental, a diferencia de la 14 promoción que, como hemos visto anteriormente, empezaron en su tercer año de academia.

Este curso era transcendental para nuestro futuro profesional, pues el no superarlo satisfactoriamente suponía el no poder alcanzar nuestra anhelada meta de llegar a ser un piloto de aviación. Los vuelos se realizaban con las avionetas “Bücker” que hemos visto anteriormente. En el curso 1962-1963, los vuelos de nuestra promoción fueron de instrucción elemental avanzada, en los aviones “Mentor”, avión mucho más moderno y avanzado que la “Bücker”, a los que se añadía la avioneta de fabricación española “Aisa” para complementar la instrucción en la fase de viajes entre Bases Aéreas.

Infortunadamente, el 8 de enero de 1963, tuvo lugar un accidente mortal. Un avión Aisa I-115, de la Academia, se estrelló en las inmediaciones del pueblo de Hurchillo, término de Orihuela (Alicante), falleciendo los dos tripulantes: el Capitán profesor don Juan José García Montoro, y el Alférez Alumno don Rafael Almazán Riveros, compañero de nuestra promoción.

Desgraciadamente no fue éste el único accidente que hubo que lamentar durante este curso. El 25 de abril se registró otro accidente, el de un bombardero bimotor Heinkel He-111. Al despegar para un vuelo de enseñanza de navegación y bombardeo, cuando llevaba unos 300 metros en la carrera de despegue, el avión se salió de la pista y cayó en la misma costa del Mar Menor. En el accidente falleció el Alférez Alumno don Julio Salvador Martínez, también compañero de nuestra promoción. Además, resultaron heridos gravemente los otros nueve tripulantes, de los cuales cuatro de ellos eran compañeros de nuestra promoción; afortunadamente, todos ellos pudieron recuperarse satisfactoriamente, y solamente uno de ellos pidió la baja en Vuelo.

El día 15 de julio finalizó el curso, como era habitual, iniciando las vacaciones al día siguiente.

Al iniciarse el curso 1963-1964, empezamos el Curso Básico en aviones T-6. Lamentablemente, el 7 de octubre, se produjo otro accidente, también de consecuencias funestas, al estrellarse en las proximidades de Librilla (Murcia), a causa de una barrena plana en un avión T-6 tripulado por el Capitán don Manuel Sánchez Martínez y el Alférez don Eduardo Fernández Corral, falleciendo los dos tripulantes a consecuencia del impacto. El Alférez era compañero de nuestra promoción, siendo el tercero de los compañeros de la promoción que fallecía en accidente aéreo.

Terminadas las clases, nuestra promoción fuimos de viaje de fin de carrera a Francia, en el transcurso del cual visitamos las Bases de Salón de Provence (donde se encuentra la Academia del Aire francesa), Marsella, Orange, Villacoublay (París), Taverny y París.

Finalmente, cuatro años después, el 15 de julio de 1964, llegó el ansiado día de nuestro nombramiento como Tenientes Profesionales del Ejército del Aire. Se veía así cumplido nuestro sueño de tener el gran privilegio de poder desarrollar nuestra actividad profesional siguiendo nuestra vocación, pues no hay nada más gratificante que el ejercicio de una profesión vocacional.

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