XIII Promoción

La XIII Promoción inició su andadura con el nombramiento, por Orden Circular del 17 de junio de 1957 (BOA Nº 72), de 84 nuevos Caballeros Cadetes del Arma de Aviación (S.V.). De ellos, 80 terminaron sus estudios académicos el 13 de julio de 1961, alcanzando las siguientes graduaciones a lo largo de su carrera militar: 3 Generales de División, 3 Generales de Brigada, 23 Coroneles, 2 Comandantes, 38 Capitanes y 11 Tenientes.

Trece fallecieron en Acto de Servicio en la Aviación Militar, a los que hay que añadir uno en Aviación Comercial.

Nos incorporamos a la Academia el día 15 de septiembre de 1957, la mayoría a bordo del tren especial (13 horas de viaje), comenzando con ilusión una nueva vida, en la que la Academia nos formó intelectual, física, militar y aeronáuticamente, a la vez que nos inculcó unos valores (amor a la patria, lealtad, compañerismo, disciplina, etc.) que nos han marcado para siempre.

A nuestra llegada comenzamos a escuchar las primeras “voces militares”: “nuevo corra” ó “número los tres últimos”. Después de “ayudar” a los de segundo a transportar sus enseres, recibimos en Depositaría de Efectos los nuestros personales y los colocamos ordenadamente en la “taquilla”, que junto a la cama y una pequeña mesa de estudio iban a formar nuestro rincón privado durante todos los cursos.

El primer trimestre transcurrió, novatadas aparte (en su mayoría soportables e incluso divertidas), principalmente con la instrucción militar y la preparación para nuestra Jura de Bandera. Esta tuvo lugar, con toda solemnidad, el día 10 de diciembre festividad de nuestra Patrona y en la que, junto a la fórmula del juramento y el emocionado beso a la enseña patria, iba nuestro amor a España y la satisfacción de estar en camino de cumplir nuestras más caras ilusiones y sueños.

Este día culminó con fiesta de gala, comida extraordinaria, el clásico “levantamiento de arrestos” y, por fin, ¡dejamos de ser nuevos! Durante los años académicos cursamos un total de 61 asignaturas (20 en primero, 15 en segundo y en tercero, y 11 en cuarto), además de las prácticas de taller y la gimnasia, incluidos los mañaneros cinco minutos después del toque de diana.

Nuestra formación militar consistió en el aprendizaje de la instrucción en orden cerrado, los desfiles por la pista de vuelo, el conocimiento y manejo del mosquetón Mauser (el “chopo”), el orden abierto, las prácticas de tiro con fusil y mortero, y los supuestos tácticos, que practicamos principalmente en el campamento de Guardamar (primer y segundo curso).

Este campamento, que tenía lugar a finales del mes de junio, nos permitió mejorar nuestro compañerismo, hacer fuegos de campamento y después de acostarnos, tras un durísimo día, soportar las “generalas” (a veces dos en la misma noche, con un intervalo de una hora escasa), saborear las comidas con una guarnición de arena y hormigas, e incluso practicar la caza de algún alacrán que se ponía a nuestro alcance.

Intervinimos en dos desfiles militares terrestres, en Madrid por la Castellana durante nuestro segundo curso, y en Barcelona por la Diagonal, en tercero. En ambas ocasiones fuimos muy aplaudidos, especialmente en Barcelona, y felicitados por el Mando, por lo que conseguimos algunos días de vacaciones suplementarias, que nos vinieron estupendamente.

Al finalizar el segundo curso recibimos los despachos de alféreces alumnos. Se cumplía para nosotros la gran ilusión de obtener nuestra primera estrella. ¡Con qué orgullo nos hicimos la clásica foto de costado, luciéndola en la llamativa pala roja del uniforme de verano! Según la normativa establecida, en cuarto curso fue nombrado abanderado de la Academia el número uno de nuestra promoción.

En lo aeronáutico, en noviembre del primer curso, recibimos el bautismo del aire. En segundo curso, obtuvimos el título de “Observador de Aeroplano”, con ocho vuelos de navegación, seis de fotografía aérea, tres de bombardeo y cuatro de tiro. En total 25 horas efectuadas entre el “Junker”, JU52 (T2B) y el Pedro, HEINKEL 111 (B2I).

En tercero nos incorporamos el 15 de agosto, un mes antes de lo habitual, con la promesa de “mucho vuelo, mucho briefing, mucha siesta, mucho paseo y mucho deporte náutico”. La realidad fue que, si bien empezamos a volar, el resto de la promesa quedó reducido a mucha instrucción en la pista de vuelo, enseñando a los novatos de la XV que también se habían incorporado en esa fecha.

En seguida, empezamos nuestra preparación para la “suelta”. Las jornadas comenzaban con el “briefing”, que no era otra cosa que las instrucciones que nos daba nuestro “proto” antes del vuelo, y continuaban con las prácticas de vuelo recto y nivelado, virajes, ascensos y descensos, tráficos, y tomas y despegues, hasta que el “proto” consideraba que estábamos preparados y nos daba ¡la suelta!

Primer vuelo “solo”, sin otras manos que las nuestras en los mandos y con la sensación de que ya éramos, de verdad, pilotos. Al bajar, la felicitación del “proto”, el abrazo de los compañeros, la “T” en nuestro cogote y nuestra más íntima satisfacción por la consecución de nuestro sueño.

Este sueño no pudo ser compartido por seis compañeros que no superaron esta fase pasando a Servicio de Tierra (S.T.). Siguieron un plan de estudios encaminado a su preparación profesional específica, muy similar al de S.V., con la salvedad de las asignaturas propiamente aeronáuticas. Su vocación aeronáutica en un primer momento se vio truncada; sin embargo, a lo largo de su etapa académica y de su vida profesional, se afirmaron en dos ideas básicas. Por una parte, tendrían el honor y la responsabilidad de ejercer el mando directo sobre muchos oficiales, suboficiales y clases de tropa, en definitiva, hombres, elemento fundamental en toda organización. Así mismo, si bien “el avión” es la razón de la existencia del Ejército del Aire, para cumplir su misión son imprescindibles unos órganos de apoyo en tierra (mando y control, comunicaciones, inteligencia, seguridad, defensa, etc.), en las que desarrollaron con orgullo y satisfacción su actividad profesional. Sólo una titulación les fue vedada pues, aunque solicitaron reiteradamente realizar el curso de paracaidismo, las circunstancias del momento no lo hicieron posible.

El programa del “curso de piloto elemental” continuaba con “espirales”, “resbales”, “ochos”, “formaciones” y “acrobacia” y al terminar ya éramos “pilotos”, con unas 100 horas de vuelo.

Parte de estos vuelos los hicimos en el aeródromo de “Lo Monte”, para descongestionar al, muy cargado de tráfico, de San Javier. A finales de junio, realizamos en el aeródromo del Carmolí un campamento aeronáutico, en el que nos soltaron en la E-9, e hicimos unas 16 horas de vuelo.

Al acabar el curso, se celebró un concurso de acrobacia en el que el compañero vencedor realizó un magnifico tonel en ocho tiempos, entre otras figuras acrobáticas.

En cuarto curso comenzamos a volar la “Mentor”. ¡Qué maravilla de máquina!: doble de potencia y de peso que la “Bucker”, con tren triciclo, cabina cerrada, radio e interfono ¡era una delicia!

El programa de instrucción incluía carruseles, tomas y despegues, formaciones, acrobacia, las primeras misiones de vuelo instrumental y un vuelo nocturno, así como, los viajes reglamentarios para obtener el título de “Piloto Privado”. También seguimos volando misiones de “patrullas” con las E-9 y “persecuciones” con la Bucker. Durante nuestra formación aeronáutica realizamos en total unas 240 horas como piloto, y 45 como observador, obteniendo el título de “Piloto de Avión de Guerra y Observador de Aeroplano”.

Merece mención especial el “Charivari”, una macro formación de 44 avionetas, en la que los despegues y tomas se hacían casi en condiciones de “visibilidad cero”, por el polvo que levantaban las avionetas precedentes.

Referente a la vida académica, cabe destacar que, durante nuestro segundo curso se incorporó a la Academia S.A.R el Príncipe D. Juan Carlos de Borbón, quien ese año cursaba la parte aeronáutica de sus estudios militares, encuadrado en la XI promoción, aunque casi todas sus actividades las realizó con la XII y algunas con la XIII y la XIV.

Nuestra vida cotidiana era rutinaria. Al despertar, y a través del sistema de megafonía, podíamos escuchar el inolvidable “Bésame Mucho” en la cálida voz de Eddie Gorme, que nos recordaba momentos más placenteros que el de la diana que acababa de sonar. Después nos esperaba la ducha de agua fría (no había agua caliente), los picatostes del desayuno, la instrucción o el vuelo, el estudio, el paseo con el aliciente de los huevos fritos de “La Obrera”, los flanes del “hotel Sor Aurora” (la enfermería, a la que ibas si tenías la suerte de coger un “catarrillo”, natural o provocado), algún fin de semana en Cartagena, Murcia o Alicante, ya de alféreces, y nuestro momento íntimo en ese mágico rincón privado que componían taquilla, cama y mesa de estudio, antes citado. Pero también hubo actividades que rompían esta rutina: las visitas a algunos centros militares de los alrededores, la puesta en escena de una versión adaptada de “La venganza de don Mendo”, con dos compañeros que bordaron su papel de odaliscas vestidos al uso, y la de “Tren de Carga”, tragicomedia original de un miembro de la promoción, en la que se representaba algunas andanzas y vicisitudes de la vida académica, el festival taurino, con el “maestro matador” y los “Tancredos” de nuestra promoción y, sobre todo, las competiciones (deportivas y patrullas militares) que se disputaban entre los equipos de las distintas promociones durante el mes de junio.

En primer curso, en la competición de “Patrullas Militares” pagamos la novatada y quedamos terceros. En segundo, nos “ganó” el equipo de la XII, en el que participaba el Príncipe D. Juan Carlos de Borbón. Sin embargo, se nombró mejor jefe de patrulla al de la nuestra, con felicitación expresa en la orden del día. En tercero, ganamos, con un equipo mixto de la XII y la XIII, siendo el jefe de la patrulla y la mayoría de sus componentes, de nuestra promoción. Y en cuarto, a pesar de que ya estábamos en la fase de “nirvana académico”, volvimos a ganar.

Las competiciones deportivas, que incluían torneos de futbol y baloncesto, pruebas de atletismo, natación y vela, las ganamos los cuatro años de estancia en la Academia. Durante nuestro tercer curso, la Academia participó en un torneo regional de baloncesto. Decir, que de diez jugadores que formaban el equipo, siete eran de nuestra promoción.

Al finalizar el primer curso dos componentes de la promoción viajaron a Bélgica y Luxemburgo, otros dos a Portugal, y cuatro a USA (donde fueron recibidos por el entonces presidente Eisenhower), bajo el patrocinio de la organización “Civil Air Patrol”.

En cuarto curso, realizamos un viaje de fin de carrera a Italia. Fuimos en dos DC-4. Visitamos la factoría de la FIAT en Turín, la “Scuola di Guerra Aérea” en Florencia, y la “Academia della Aeronáutica Italiana” en Nápoles. También vimos la Sábana Santa en Turín, la torre de Pisa, el Palazzo de la Signoría y el Palazzo Pitti en Florencia, el Foro Romano, el Coliseo y las grandes Basílicas en Roma, y las ruinas de Pompeya. Además, fuimos recibidos en audiencia en el Vaticano por S.S. el Papa Juan XXIII, quien nos saludó con unas inolvidables, emotivas y entrañables palabras: “¿chi sono queste colombe bianche?”

De nuevo en la Academia, comenzamos a preparar los actos de nuestra entrega de despachos de Teniente del Arma de Aviación, objetivo final de nuestros años académicos, que se celebró el día ¡13! de julio. En este acto se concedió la Medalla al Mérito Aeronáutico (que le impuso su propio padre) y el sable curvo argentino del General Sanmartín, al número 1 de la Promoción. También algunos de los despachos fueron entregados con emoción, a los nuevos tenientes por sus padres allí presentes.

Luego la ansiada orden final: “por última vez bajo mi mando ¡rompan filas!” y 80 gorras al aire. Sin solución de continuidad a las avionetas, para efectuar el último “charivari” en la Academia. Después, fiesta nocturna de gala, que puso el colofón a este maravilloso día. De los 84 que ingresamos cuatro se quedaron un año mas en la Academia, pero pese a ello, siempre hemos tenido el sentimiento de que también forman parte de nuestra promoción.

Un par de días más tarde, el 15 de julio, vuelo vía Albacete a Madrid (Cuatro Vientos), donde participamos, también con ese tipo de formación de 44 E3B, más un rombo de rombos de 16 E-9, en el desfile aéreo que se celebró el 17 de julio y, al finalizar éste, regreso a San Javier.

Así, con este último servicio, finalizaron nuestros cuatro años en la Academia y la XIII Promoción comenzó su andadura al servicio de España.

A grandes rasgos, esta es la historia del paso por la Academia General del Aire de una de las mejores promociones que han tenido el orgullo y el honor de formar parte de esta Institución, cuyo 75º aniversario estamos conmemorando.

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