XI Promoción

Yo ingresé en la Academia General del Aire con la 11 Promoción, el 15 de septiembre de 1955. El Coronel Director era D. Ricardo Guerrero López. Se convocaron 55 plazas e ingresamos 53. Habíamos conseguido ingresar donde queríamos pero nos quedaba un largo trecho por recorrer para convertirnos en Pilotos del Ejército del Aire que era lo que deseábamos todos, cada uno en la especialidad que más le atraía.

Yo desde luego tenía muy claro lo que quería ser: Piloto de Caza, pero estaba dispuesto a convertirme en Piloto de Transporte o de Helicópteros que también colmaba mis aspiraciones. Y si no hubiera conseguido ninguna de estas tres cosas me hubiera convertido en Paracaidista que también me atraía mucho.

Nos instalaron en unos edificios que se llamaban Escuadrillas, en ellas había una serie de camas en fila en las que dormíamos. Los servicios, duchas y aseos, eran comunes. Mi cama estaba al lado de la del Cadete de 2º Curso, Juan Antonio Lombo López que fue mi padre académico. Era como llamábamos a los alumnos de cursos superiores que se convertían en nuestros tutores. Tuve que adaptarme a un horario exigente. Madrugábamos, hacíamos un poco de ejercicio por la Plaza de Armas, nos aseábamos y desayunábamos.

Luego empezábamos las actividades del día. Como era temprano disfrutábamos de unos amaneceres preciosos y lo mismo al atardecer, las puestas de Sol eran espectaculares. También recuerdo la ilusión óptica de los espejismos. Otra actividad diaria y solemne eran los izados y arriados de Bandera con todo el Escuadrón de Alumnos formado. Todas las actividades se anunciaban a toque de trompeta.

Durante este primer curso los profesores de la Academia se dedicaron a formarnos militarmente que era lo que necesitábamos. Usaron para ello un Documento del Ejército Español redactado en el siglo XVIII por el Rey Carlos III: “Las Reales Ordenanzas”, el profesor de esta asignatura era el Comandante D. Ernesto Andrés Vázquez. Las Reales Ordenanzas me captaron por completo desde ese momento. Me han acompañado siempre a lo largo de mi vida militar y siempre he encontrado la solución a lo que buscaba cuando acudía a ellas.

También hacíamos instrucción en Orden Cerrado, y, alguna en Orden Abierto, diariamente y después de comer estupendamente gracias al Capitán Marimón Riera que estaba de cocina. La comida la bajábamos gracias al Comandante Campuzano, Jefe del Escuadrón de Alumnos, y a su segundo, el Capitán Chillón, que nos movían en todas direcciones.

En octubre de 1955 nombraron Coronel Director a D. Julio Salvador Díaz Benjumea. En noviembre tomó posesión del cargo que le entregó mi padre que era Ministro del Aire. El Coronel Salvador poseía la Medalla Militar Individual. En la Guerra Civil había sido miembro de la Patrulla Azul que mandaba el Comandante García Morato. El lema era: “Suerte, Vista y al Toro”. Años después algunos de nosotros lucimos este emblema en nuestros uniformes por estar destinados en el Ala de Caza nº 1 en Manises, depositaria de esta tradición. Ahora lo es el Ala de Caza nº 11 de Morón con el EUROFIGHTER.

El Coronel Salvador, como Comandante, mandó la 2ª Escuadrilla de la División Azul que combatió en Rusia. A veces nuestro Coronel nos deleitaba volando el Messerschmidt 109. Algunos compañeros de promoción volaron este histórico avión cuando salieron de Tenientes en El Copero, yo me quedé con las ganas.

El 10 de diciembre, día de Nuestra Patrona, la Virgen de Loreto, juramos Bandera la 11 Promoción, sin duda el acto más importante que celebramos en la AGA durante los cuatro años que permanecimos en ella.

Al finalizar nuestro primer curso nuestro compañero José Sánchez Méndez mereció el nº 1 de la Promoción que conservó hasta su salida de la Academia, algo meritorio que le permitió en cuarto curso ser el Abanderado de la AGA, un honor extraordinario ¡Enhorabuena por ello! Ese verano un grupo de Cadetes de la Promoción visitamos Dakota del Norte invitados por la Asociación Americana: “Civil Air Patrol”.

En 2º curso recibimos a los recién ingresados de la 12 Promoción que eran nuestros novatos y también, cuando se extinguió el Protectorado de Marruecos, a doce Cadetes Marroquíes que tras un año en la Academia se les concedió un título de piloto civil y regresaron a su país. Al finalizar el curso nos ascendieron a Alféreces, nuestra primera estrella de seis puntas. Históricamente el Alférez era el portador de la Bandera o Estandarte, es un importante empleo militar sin duda.

En tercer curso hicimos nuestro esperado y temido curso de vuelo en la Bücker. Yo tuve un profesor excelente, el Capitán Hortal. Me enseñó muchísimo y gracias a él me convertí en Piloto Militar que era mi vocación.

Y sin más asuntos que reseñar pasamos al 4º curso no sin antes comentar el ambiente general de la Academia que hay que decir que era muy bueno. Todos éramos amigos con independencia de la promoción a la que pertenecieras. Mi promoción la 11, ligó mucho con la 8ª. Contribuía a ello el hecho de convivir en Escuadrillas en las que había alumnos de los cuatro cursos. Practicábamos deporte entre nosotros, a nivel Promociones y entre Escuadrillas. Una vida sana que compartíamos y fomentó muchas y buenas amistades.

En cuarto curso se nos incorporó Su Alteza Real, el Príncipe D. Juan Carlos de Borbón. Don Juan Carlos llegó a la Academia el 16 de septiembre de 1958. El Príncipe se integró perfectamente entre nosotros gracias a su carácter abierto y simpático.

En cuarto curso volamos la Mentor que habían llegado a la Academia el año anterior, la estrenaron los de la 10ª Promoción. Nos distribuyeron a la promoción por parejas y nos asignaron un instructor, a mí me tocó con Javier Saavedra Hevia y nuestro profesor era el Capitán Anadón. Magnífico profesor que nos enseñó muchísimo.

En octubre de 1958 nuestros compañeros Alféreces, Alejandro Soriano Ocaña y José Sánchez Méndez chocaron en el aire con sus avionetas. Los dos salvaron la vida. Sánchez Méndez pudo aterrizar con su avioneta pero la de Alejandro Soriano se precipitó en el Mar Menor. Fue auxiliado por un pescador, Diego Sánchez Rosique que ya había auxiliado anteriormente a otro alumno que sufrió un accidente similar. Diego era conocido con el apodo de: “El Perdío”. El Ejército del Aire le condecoró con la Cruz del Mérito Aeronáutico por las dos acciones tan meritorias que había realizado.

El 20 de enero de 1959 colisionaron en el aire nuestros compañeros Alféreces Alumnos Enrique Teijel Cea y Paulino Sanz de la Fuente, que murieron en el acto. Descansen en paz.

El 28 de abril de 1959 despegamos la promoción en Bücker desde la Academia para tomar parte en el Desfile de la Victoria en Madrid. El viento fue nuestro enemigo y la meteorología nos impidió desfilar. El Comandante Prieto Arozamena era nuestro jefe de la formación. El Comandante era un magnífico piloto que fue el Instructor de Vuelo del Príncipe D. Juan Carlos.

Poco tiempo después acabábamos nuestro cuarto y último curso en la AGA. Dimos la vuelta a España en Bücker y como viaje de fin de carrera fuimos a Italia. El Príncipe D. Juan Carlos nos acompañó en el viaje. Estuvimos en Roma y nos recibió el Papa Juan XXIII. El Santo Padre era un hombre muy afable y fue una audiencia muy agradable y simpática. Con alguno de nosotros intercambió alguna palabra y el afortunado quedó encantado por la simpatía y humanidad que derrochaba el Santo Padre. Años más tarde fue beatificado por San Juan Pablo II y canonizado por el Papa Francisco.

El Agregado Aéreo en Italia era el Coronel D. José Ramón Gavilán Ponce de León. Prestigioso oficial del Ejército del Aire que, siendo Capitán, combatió en Rusia en la 2ª Guerra Mundial en la 3ª Escuadrilla que mandaba el Comandante Fernández Arjonilla. El Coronel tenía reconocidos nueve derribos.

El 15 de julio nos entregaron los despachos de Teniente. A nuestro nº 1, el Teniente Sánchez Méndez le impusieron la Cruz del Mérito Aeronáutico por ese motivo. A mí, el despacho me lo entregó mi padre y al dármelo me dijo: “Que el más alto sentido del Deber y del Honor inspiren siempre tus actos”. De mi padre había recibido las dos cosas más importantes de mi vida: Mi Fe en Dios y mi vocación militar.

Estoy muy agradecido a los profesores que tuve que me enseñaron y formaron muy bien como Oficial del Ejército del aire. Recuerdo sus nombres perfectamente y podría citarlos a casi todos. También recuerdo a otras personas de la Academia que con su actitud y buena disposición nos facilitaban la vida a los alumnos. Las Hermanas de la Caridad de la Enfermería, el Peluquero al que acudíamos a la carrera después de comer para que nos pelara, a un señor que se llamaba Tudela y se ocupaba de diversa cosas muy útiles para la cadetada. También recuerdo el “Piojo Verde”, un autobús que por poco dinero te trasladaba de Balsicas, donde te dejaba el tren que nos traía de Madrid, a la Academia ¡Cuántos recuerdos!

Por último quiero resaltar que la Academia supuso el inicio de una amistad fraternal con muchos de mis compañeros, un regalo más del que he disfrutado toda mi vida y que es de justicia agradecer y citar como colofón de este trabajo.

XI Promoción