X Promoción

1954. Ingresa en la AGA la Décima Promoción. Era la más pequeña, pues solo ingresamos 41 Cadetes, aunque salimos 45 Tenientes. Como novedades, por primera vez se incluyó examen de Física y, como solo se convocó Escala del Aire, y no Tropas ni Intendencia, un examen más: un curso de vuelo elemental de 30 horas que hicimos durante el verano. Los que no lo superaron, quedaron excluidos. Pero al incorporarnos en septiembre, el criterio había cambiado y los 5 suspendidos, junto con uno más, suspendido en la prueba de vuelo en la Novena promoción, se incorporaron a la nuestra para cursar la especialidad de Tropas y Servicios. Nuestra prueba de vuelo para el ingreso, fue la segunda y última vez que se aplicó.

Al incorporarnos a la Academia, el Ejército del Aire mantenía con limitaciones las capacidades propias de los años 30, heredadas de ambos contendientes de la Guerra Civil. Las Unidades (Entonces llamadas Regimientos), dotadas de material anticuado, no alcanzaban un estado operativo normal, ni podían llevar a cabo el entrenamiento necesario, ya que el aislamiento internacional al que fuimos sometidos tras la II Guerra Mundial, cortó las fuentes de abastecimiento, tanto de combustible como de material y equipo. Ello nos llevó a la época de la autarquía , un gran esfuerzo de la industria aeronáutica con resultado insuficiente, pues solo se pudieron fabricar aviones ya en inventario (Junkers 52, Heinkel 111, Bücker131) y aviones de entrenamiento de capacidades limitadas (HM, HS-42). Y ese era el material de dotación en la Academia a nuestro ingreso.

La infraestructura, estaba constituida en buena parte por muchos campos de tierra, sin comunicaciones radio, sin capacidad nocturna ni todo tiempo, aunque se había comenzado ya un notable esfuerzo de modernización de las Bases. Como muestra, la de S. Javier, cuya pista fue completada en 1956. Así, hasta nuestro 4º curso, volamos en campos de tierra (S. Javier, El Carmolí y Lo Monte) con el venerable sistema de control de la “T”, con las banderas roja, verde y blanca; ya en 4º ¡nos dieron la “suelta en pista”! en dos clases de Bücker.

El nivel operativo del personal de vuelo, no era homogéneo. Los pilotos que volaron en la Guerra, tenían buen nivel, pero los muchos que se incorporaron al EA después de la guerra, procedentes de otros Ejércitos, no pudieron adquirirlo por las dificultades de la posguerra. Estos últimos, junto con algunos de las promociones 1ª a 3ª de la AGA, constituían la mayoría de los capitanes profesores a nuestro ingreso. Se podían contar con los dedos los que llegaban a las mil horas de vuelo, y la gran mayoría no tenía cursos de formación en vuelo de combate, ni capacidad todo tiempo, limitaciones que compensaban con gran interés y entrega.

La organización del EA, fue sin embargo muy sólida desde su creación en 1939, articulando capacidades por encima de las limitaciones de la época, que le permitían adaptarse a cualesquiera condiciones operativas y logísticas. Así, tras los acuerdos de cooperación militar con los Estados Unidos de 1953, todos los esfuerzos señalados, catalizaron. Se produjo una auténtica y rápida revolución, tanto en capacidades operativas, como de infraestructura o logísticas. Durante nuestra formación militar y aeronáutica, nuestra promoción, fue sujeto y testigo de la gran transformación que vivió la AGA; empezamos con un sistema anticuado y terminamos inmersos en el nuevo sistema. Fuimos la primera promoción que voló el primer avión moderno que llegó a la AGA, la Mentor, y a partir de tercer curso, cambiamos totalmente de sistema de enseñanza, adoptando los textos, métodos y sistemas modernos provenientes de nuestra cooperación con la USAF.

En noviembre de 1955, es designado Director de la AGA el Coronel Salvador, de gran prestigio como piloto de Caza, junto a García Morato, durante la guerra civil. El “Oh!” que salió de nuestras gargantas al verle llegar en un flamante reactor T-33 que la mayoría de nosotros, incluidos profesores, veía por primera vez, fue seguido por otros “Ohes” cada vez más admirativos, pues nuestro Coronel, recién llegado de Washington, traía un sinfín de innovaciones que cambiaron profundamente nuestra manera de concebir la AGA y la profesión. Más libertad y más exigencia. Nuevos procedimientos de vuelo, métodos audiovisuales, estudio voluntario, nuevo uniforme de faena, formaciones aéreas masivas, viajes como único piloto a cota ¡máxima! 100 metros, actualización del Reglamento de la AGA, parada militar semanal, prioridad al inglés, y muchas otras. Una de ellas el “Código del Honor”, que contaba entre sus exigencias no copiar en los exámenes, causó un gran revuelo; hubo desde el rechazo absoluto hasta la adhesión entusiasta, cuarenta opiniones que desaparecieron cuando el Coronel, que quiso contar con nosotros, lo implantó, dando paso a una actitud única de acatamiento; cada uno siguió con su idea, pero sin traslucir al exterior otra cosa que el cumplimiento del código, fundado en una disciplina colectiva.

Transcurre nuestra vida académica con muchos acontecimientos, algunos importantes y otros no. El día de la Patrona de 1955, toman tierra en la AGA 8 aviones F-86 “Sabre” de la recién creada Ala núm. 1 de Manises, causándonos un enorme impacto, pues pensamos que sus pilotos, pocos años antes, eran como nosotros. En 1956, desaparece el denostado uniforme de faena “de tranviario”, se introduce el actual, y se asignan los colores rojo, azul, verde y amarillo para los pañuelos y camisetas deportivas de cada promoción. Somos la única promoción que no va a Madrid al desfile del 1 de Abril, con gran decepción nuestra, pues suponía una ocasión de salir unos días de la “cueva”. Agotado el catálogo de revistas de uniforme, armamento, etc. asistimos a nuevas y originales modalidades, como revista de ligas (“Súbanse el pernil derecho…”), o revista de misal. Recibimos las primeras visitas de Academias extranjeras, la Aeronáutica Italiana, y la recién creada Academia de la USAF de Colorado Spring, contactos que ampliaban nuestra visión profesional.

En 1956, tras la independencia de Marruecos, España se comprometió a formar en las Academias españolas a la nueva oficialidad del Ejército marroquí. A la AGA llegaron 12 cadetes que permanecieron un año. La relación con nosotros fue de confianza mutua, aunque manteniendo su cultura, como traer con ellos un santón y un cocinero para su atención religiosa específica. Terminaron el curso de vuelo elemental, con bastantes roturas de material, pero sin bajas.

La Décima vivió también momentos tristes, cuando el 21 de mayo de 1956, cayó en accidente aéreo nuestro compañero Juan Ignacio López Perea, encabezando una lista que se amplió a lo largo de nuestra vida profesional a 8 miembros de la Promoción Nuestro cuarto curso, fue una delicia. Marzo 1958. Vino la Mentor y estalló nuestro entusiasmo, hicimos 60 horas en un avión con tren retráctil, volando en pista, con radio, radiocompás, vuelo instrumental y nocturno. Solo teníamos Inglés, Vuelo, Procedimientos de vuelo y de Navegación.

Los compañeros de Tropas se hicieron paracaidistas. La formación militar se intensificó; marchas de hasta 45 Km, campamento de Guardamar, concurso de Patrullas militares, ¡que ganó nuestra promoción!, recibiendo el premio en el nuevo Casino Militar; todo ello fortaleció nuestra disciplina y compañerismo.

Viaje de prácticas. Vuelta a España (Granada- Sevilla- Talavera- Salamanca- Valladolid- Cuatro Vientos- Albacete- S. Javier), en 24 avionetas Bücker, con dos alumnos sin profesor en cada una, dirigidos por el inefable Cte. Bartolomé. ¡Qué experiencia! Finalmente, nuestro primer vuelo como Tenientes, el día de la entrega, fue un desfile de 36 avionetas, volando solos o con otro alumno, prueba de nuestra soltura en vuelo en formación.

El EA que conocimos a nuestro ingreso en 1954, era irreconocible a nuestra salida como Tenientes en 1958, pues ya estaban razonablemente operativas con material moderno algunas de las ya llamadas Alas de Caza y Transporte, y otras en formación acelerada; estaba funcionando una Red de Alerta y control operada por la USAF, pero incorporando progresivamente personal español, y las Escuelas Básica, de Reactores y de Transporte tenían material moderno, profesorado formado y procedimientos actualizados. La AGA se incorporó al cambio. Al terminar fuimos directamente al curso Básico en Salamanca y 6 meses después a las Escuelas de Reactores y Transporte. En julio de 1959, estábamos destinados en las Alas.

Servimos todos los destinos Operativos, de Mando, Logísticos, Técnicos, Estado Mayor e Internacionales, y participamos en los conflictos del Desierto y en los que España intervino con nuestros Aliados. Algunos pasaron a la Aviación Civil; los demás alcanzaron el empleo de Coronel, 3 llegaron a General y uno de ellos fue General del Aire y JEMA. Eso fue la Décima, una promoción del cambio que cumplió con su deber.

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